Continuando con mis
reseñas netflixeanas hoy quiero comentar sobre esta serie erótica romántica. El
tipo cuarentón, docente de escuela pública y escritor ocasional, padre de
cuatro hijos y felizmente casado interpretado por el acertadamente insulso Dominic
West. Tiene un suegro escritor de los exitosos y millonario que le refriega la
ayuda económica y el éxito de sus publicaciones. Con una mansión en Montauk, un
lugar de veraneo en Long Island a pocas horas de New York, la casa del suegro
es el lugar obligado para pasar los meses de vacaciones de toda la familia. La
esposa, la interesante Maura Tierney (ER, Colores Primarios), disfruta de pasar
el verano en su casa de la infancia pero comprende el conflicto que genera en
el resto de los miembros de la familia, en particular en el marido y los dos hijos
adolescentes problemáticos. La contraparte, una mujer del pueblo de 31 años (Ruth
Wilson) que a diferencia de las típicas rompehogares de tantas otras tramas
similares, arrastra una tragedia reciente que le condiciona todo su accionar y
la convierte en un personaje oscuro e imprevisible. Sobre esta base se arma un
argumento que combina ingredientes de un thriller psicológico con un muy
particular manejo de los tiempos, mechando el relato con una investigación
policial que ocurre a posteriori de los hechos relatados y sobre una muerte que
permanece en el misterio durante largos capítulos. Pero lo más singular e
interesante de la serie es que cada capítulo está separado en dos mitades que
indefectiblemente se llaman “Noah” y “Alison”, los nombres de los amantes de la
trama. Y en esas mitades se muestran los hechos como lo ve, lo vive y los
recuerda cada uno de manera separada. Pero a diferencia de películas como “Elephant”
de Gus Van Sant donde se recrea una y otra vez las mismas escenas desde una
cámara diferente para mostrar las perspectivas de protagonistas pero reflejando
siempre la misma escena objetiva, aquí se muestran las situaciones de manera
completamente diferentes, alterando los diálogos, las improntas y hasta el
vestuario para reflejar la subjetividad de cada punto de vista. Y la
consecuencia más que interesante de esta manera de mostrar dos subjetividades
tan distintas de un mismo hecho es que será el espectador el que debe construir
a partir de esas dos vivencias su propia idea de lo que probablemente haya
ocurrido. Y sobre esa conclusión que dejan los guionistas en mano del
espectador se entenderán los hechos subsiguientes de la novela. Si bien la base
puede ser similar a tantas películas sobre la infidelidad como la extrema “Atracción
Fatal” con Douglas y Close o más sutiles como “Enamorándose” con De Niro y
Streep, The Affair nos relata un cuento inserto dentro de un contexto bastante
más elaborado con personajes secundarios bien desarrollados y gravitantes
dentro de la trama, algo que una miniserie en capítulos permite más que un
único largometraje. Hasta ahora solo disponible una temporada, pero la
recomiendo fuertemente.
miércoles, 28 de septiembre de 2016
Netflix 1: LA PARANOIA HECHA ARGUMENTO
Una
serie interesante pero solo para estómagos desapasionados que puedan separar la
realidad de la ficción. Homeland
propone una mirada desde las entrañas mismas de la CIA. Con toda la
esquizofrenia post 11 de septiembre, el argumento de esta producción de Fox que
debutó en 2011 y ganó rápido premios diversos, como un Globo de Oro a la mejor
serie en 2012 gira en torno a una agente muy competente pero que oculta una
bipolaridad que la obliga a vivir medicada, interpretada por la interesante
Claire Danes.
La actriz logra llevar al personaje desde una correcta agente de campo diestra en el manejo de contactos en el terreno de un siempre conflictivo medio oriente hasta convertirse en una burócrata despiadada a la hora de la toma de decisiones en las temporadas finales. La serie muestra una ficción que me aparenta bastante más cercana a la realidad que tantas otras series y películas que giran en torno a la entidad de Langley cargada de una mística necesariamente negativa. Aquí se aprecia una interna permanente y feroz (como la que vimos en Peligro Inminente, por ejemplo) y se comprende por qué los EE.UU. jamás dejarán su rol de gendarme del mundo. Este brazo particular de su aparato de guerra se mueve con una autonomía total del poder político. Si bien del Despacho Oval bajan línea y dan las pautas, son los directivos de la agencia los que deciden de última que cosas comunicar y que cosas mantener ocultas de sus superiores políticos. El enemigo se centra casi exclusivamente en medio oriente pero tanto los aliados de la región como hasta los terroristas más buscados por la propia agencia tienen los vasos comunicantes que los vinculan con algún estamento de la propia CIA, aun con la ignorancia de otros. Enemigos acérrimos y aliados en una misma persona. Una vuelta de tuerca interesante es justamente esta estructura corrupta que pone a los buenos y malos divididos por una extraña diagonal que deja de un lado y del otro a propios y extraños en proporciones parecidas. Leales servidores públicos tan yankees como el pastel de manzana o la guerra preventiva terminan siendo grandes traidores mientras que un funcionario pakistaní que reúne el estereotipo de todo lo malo desde la óptica norteamericana resulta un fiel colaborador del imperio. Todo esto matizado permanentemente con complejísimas relaciones humanas que vinculan a los protagonistas con sus parejas, sus familias, pasados tormentosos y extrañas relaciones florecidas del propio seno de ese trabajo border que deben llevar adelante. Insertada la fantasía como una pieza oculta de un rompecabezas que encaja perfectamente dentro del contexto de realidad de la última década, el argumento puede tranquilamente verse como “the making of” de una parte de la realidad que los interesados en política internacional conocemos al dedillo. Todos los ingredientes de fotografía, edición, efectos, en lo formal mientras tecnología de punta e incorrecciones de todo tipo se vuelcan en el relato para hacer de esta serie un entretenimiento creíble a la hora de poner sobre la mesa un proceder que por defecto se mantiene convenientemente oculto de la sociedad. La CIA, el imperio y su reacción frente a un presente que les resulta incomprensible y que desde hace 15 años los hace ver al mundo más bipolar que la propia protagonista. Un argumento que se entiende perfectamente sabiendo la paranoia que arrastra el golpeado imperio en cuestión. El gran inconveniente es que estos procederes nos arrastran a todos. Recomendable.
https://www.youtube.com/watch?v=z2vvkPJ0-7g
La actriz logra llevar al personaje desde una correcta agente de campo diestra en el manejo de contactos en el terreno de un siempre conflictivo medio oriente hasta convertirse en una burócrata despiadada a la hora de la toma de decisiones en las temporadas finales. La serie muestra una ficción que me aparenta bastante más cercana a la realidad que tantas otras series y películas que giran en torno a la entidad de Langley cargada de una mística necesariamente negativa. Aquí se aprecia una interna permanente y feroz (como la que vimos en Peligro Inminente, por ejemplo) y se comprende por qué los EE.UU. jamás dejarán su rol de gendarme del mundo. Este brazo particular de su aparato de guerra se mueve con una autonomía total del poder político. Si bien del Despacho Oval bajan línea y dan las pautas, son los directivos de la agencia los que deciden de última que cosas comunicar y que cosas mantener ocultas de sus superiores políticos. El enemigo se centra casi exclusivamente en medio oriente pero tanto los aliados de la región como hasta los terroristas más buscados por la propia agencia tienen los vasos comunicantes que los vinculan con algún estamento de la propia CIA, aun con la ignorancia de otros. Enemigos acérrimos y aliados en una misma persona. Una vuelta de tuerca interesante es justamente esta estructura corrupta que pone a los buenos y malos divididos por una extraña diagonal que deja de un lado y del otro a propios y extraños en proporciones parecidas. Leales servidores públicos tan yankees como el pastel de manzana o la guerra preventiva terminan siendo grandes traidores mientras que un funcionario pakistaní que reúne el estereotipo de todo lo malo desde la óptica norteamericana resulta un fiel colaborador del imperio. Todo esto matizado permanentemente con complejísimas relaciones humanas que vinculan a los protagonistas con sus parejas, sus familias, pasados tormentosos y extrañas relaciones florecidas del propio seno de ese trabajo border que deben llevar adelante. Insertada la fantasía como una pieza oculta de un rompecabezas que encaja perfectamente dentro del contexto de realidad de la última década, el argumento puede tranquilamente verse como “the making of” de una parte de la realidad que los interesados en política internacional conocemos al dedillo. Todos los ingredientes de fotografía, edición, efectos, en lo formal mientras tecnología de punta e incorrecciones de todo tipo se vuelcan en el relato para hacer de esta serie un entretenimiento creíble a la hora de poner sobre la mesa un proceder que por defecto se mantiene convenientemente oculto de la sociedad. La CIA, el imperio y su reacción frente a un presente que les resulta incomprensible y que desde hace 15 años los hace ver al mundo más bipolar que la propia protagonista. Un argumento que se entiende perfectamente sabiendo la paranoia que arrastra el golpeado imperio en cuestión. El gran inconveniente es que estos procederes nos arrastran a todos. Recomendable.
https://www.youtube.com/watch?v=z2vvkPJ0-7g
domingo, 4 de septiembre de 2016
LO BITLE
Ayer se cumplieron 52 años de uno de los grandes hitos de mi
infancia. El 3 de septiembre de 1964 The Beatles actuaron en el entonces
llamado Indiana State Fair Coluseum, un estadio de usos múltiplos construido en
la década del 30 como parte del programa de inversiones públicas llamado New
Deal de FD Roosevelt que sacaría a los EEUU de la profunda recesión posterior
al colapso de octubre de 1929. Mis hermanas de 13 y 14 años hicieron merecido
escándalo que les permitió conseguir las escasísimas entradas a la friolera de
u$s5 cada una. Fueron 2 actuaciones, las únicas que dieron en ese estado y que
albergaron en total a unas 15000 personas por show.
Esa noche, un jueves, toda la familia se trasladó los 80 kms
que separaban nuestro pueblo de Bloomington, sede la universidad estatal, hasta
la capital del estado de Indiana. Yo con apenas 7 años por cumplir los 8, no
tenía derecho para pretender ver el show, así que con mis padres nos quedamos en
las inmediaciones del estadio esperando que el breve set de 12 canciones
culminara.
Se sabía, sin embargo, por la intensidad del griterío del público
mayoritariamente femenino y muy joven, el momento en que los fabulosos 4
subieron al escenario y casi de inmediato comenzó a sonar el ya archiconocido
riff de “Twist and Shout” con una claridad y profesionalismo que daba la
impresión de ser el disco el que sonaba. Los pibes promediaban entre 21 y 24
años y ya eran el fenómeno mundial más destacado del
momento. Mi viejo, papitador de estar viviendo un momento histórico, descubrió un portón lateral hecho de chapa que a los 2 mts y monedas se convertía en reja y se acercó entre la multitud hasta quedar pegado. No daba para que veamos nada pero no dudó en subirme a sus hombros para que yo vea. Me prendí a las barras y desde ahí pude ver el escenario. Un rectángulo blanco desprovisto de toda decoración que se elevaba un metro del piso y muy iluminado donde había solo 2 micrófonos montados sobre sus respectivos pies que ni jirafa tenían y por donde cantaban los 3 de la delantera. En esa época y a pesar de el antecedente de Elvis que interactuaba mucho con el pie y el micrófono, los pulcros ingleses de rigurosos trajes no tocaban el adminículo para nada, acercándose y alejándose según corresponda. Y en una tarima más arriba el entrañable y querido Ringo en un mundo aparte. Él sí con un micrófono con jirafa para sus coros y que de paso era lo único que amplificaba su batería, una Ludwig con lo mínimo: un redo, un ton, el clásico bombo con el logo The Beatles, una chancha y 2 platillos. Entre él y los otros las grandes cajas de los hoy clásicos VOX AC100 y que fueron los primeros construidos apenas unas semanas antes para George y John pensando en esa gira. Y nada más. Así me pasé gran parte del breve show que apenas superó la media hora con todo material recontra difundido hasta el cansancio por cuanta emisora de radio uno pillaba, al menos en mi casa. A la salida mis hermanas, que habían pasado todo el evento a grito pelado, eran un mar de lágrimas ambas, un efecto que mis viejos no comprendían pero que yo veía como lo más natural del mundo, ante semejante vivencia. Cualquier otra reacción me hubiera sorprendido, sabiendo lo que provocaba esta banda en el pináculo de su carrera que separaría la música del siglo XX en un antes y después. Unos hot dogs en la feria que rodeaba el estadio y el camino a casa ya bien entrada la noche donde mis hermanas no paraban de hablar de lo que acaban de vivir mientras yo en absoluto silencio y a mi manera no podía cerrar la boca ante el asombro de la experiencia. La música, que me acompañaba desde que tenía memoria, pasaría gradualmente a convertirse en algo central en mi vida y por ese característica ya me considero un privilegiado a pesar de las peripecias de todo tipo que la vida me tenía preparado. Un muy feliz domingo para todos.
momento. Mi viejo, papitador de estar viviendo un momento histórico, descubrió un portón lateral hecho de chapa que a los 2 mts y monedas se convertía en reja y se acercó entre la multitud hasta quedar pegado. No daba para que veamos nada pero no dudó en subirme a sus hombros para que yo vea. Me prendí a las barras y desde ahí pude ver el escenario. Un rectángulo blanco desprovisto de toda decoración que se elevaba un metro del piso y muy iluminado donde había solo 2 micrófonos montados sobre sus respectivos pies que ni jirafa tenían y por donde cantaban los 3 de la delantera. En esa época y a pesar de el antecedente de Elvis que interactuaba mucho con el pie y el micrófono, los pulcros ingleses de rigurosos trajes no tocaban el adminículo para nada, acercándose y alejándose según corresponda. Y en una tarima más arriba el entrañable y querido Ringo en un mundo aparte. Él sí con un micrófono con jirafa para sus coros y que de paso era lo único que amplificaba su batería, una Ludwig con lo mínimo: un redo, un ton, el clásico bombo con el logo The Beatles, una chancha y 2 platillos. Entre él y los otros las grandes cajas de los hoy clásicos VOX AC100 y que fueron los primeros construidos apenas unas semanas antes para George y John pensando en esa gira. Y nada más. Así me pasé gran parte del breve show que apenas superó la media hora con todo material recontra difundido hasta el cansancio por cuanta emisora de radio uno pillaba, al menos en mi casa. A la salida mis hermanas, que habían pasado todo el evento a grito pelado, eran un mar de lágrimas ambas, un efecto que mis viejos no comprendían pero que yo veía como lo más natural del mundo, ante semejante vivencia. Cualquier otra reacción me hubiera sorprendido, sabiendo lo que provocaba esta banda en el pináculo de su carrera que separaría la música del siglo XX en un antes y después. Unos hot dogs en la feria que rodeaba el estadio y el camino a casa ya bien entrada la noche donde mis hermanas no paraban de hablar de lo que acaban de vivir mientras yo en absoluto silencio y a mi manera no podía cerrar la boca ante el asombro de la experiencia. La música, que me acompañaba desde que tenía memoria, pasaría gradualmente a convertirse en algo central en mi vida y por ese característica ya me considero un privilegiado a pesar de las peripecias de todo tipo que la vida me tenía preparado. Un muy feliz domingo para todos.
domingo, 7 de agosto de 2016
CONFESIONES DE INVIERNO
Mi primer aplazo en la Facultad, el único y más traumático,
fue en Teoría de las Máquinas Eléctricas. Si fuera en el marco de un juicio,
podría negar el hecho por completo, ya que el profesor, sabiendo que era mi
materia favorita y lo mucho que significaba, tuvo la gentileza de no asentar el
antecedente en mi libreta universitaria e hizo de cuenta que yo no me había
presentado a rendir. Este hecho cambió mi vida. En una intimidad inexpugnable
lloré sin consuelo, no por la derrota sino por las circunstancias. Con menos de
un año por recibirme estalló el inestable equilibrio que me permitía vivir como
hijo que estudiaba y trabajaba en proporciones acomodables y tuve que pasar a
mantenerme como ser independiente con un trabajo que ocupaba 11 horas de mi día.
Me dormía sobre los apuntes y veía como una época valiosa de mi vida se convertía
en angustia y esfuerzo excesivo. Enfrentar la realidad tuvo, sin embargo, sus
beneficios.
Bajé la persiana a mis estudios formales y me zambullí de lleno a leer sobre historia. Devoré libro tras libro arrancando desde los persas, pasando por griegos y romanos, el medioevo, la “conquista americana”, la ilustración y finalmente explayarme en historia de EEUU y Argentina. Comprendido a grandes rasgos el contexto en que me tocó largarme a la vida, proceso que me llevó 4 años, me reconcilié con mi carrera. Tomé, sin embargo, una decisión que hasta el día de hoy mis colegas me critican, con cierta razón. Volví a la facultad con la intención de aprender todo lo que me pudieran dar los excelentes profesores que tuve en suerte para la especialidad que para entonces tenía muy bien definida: las máquinas eléctricas. El resto no me interesaba, razón por la cual sabía que no iba a recibir el título jamás. Entre mis prioridades estaba más el aprender que demostrar con un papel el haber aprendido. Estimulé a mi hijo a que haga exactamente lo contrario y me devolvió con creces más de lo que esa insuficiencia propia me pudo haber frustrado. Pero lo mío se convirtió en una muy placentera historia sin fin. Sin esa frontera alcanzada que permite bajar los brazos y reclinarse en la silla mirando ese papel con escudos y firmas en la pared, mi karma fue no parar nunca de estudiar. Y así continúo hasta hoy. Se le atribuye a Sócrates la frase “Solo sé que no sé nada” que yo con igual irresponsabilidad interpreto: cuanto más aprende uno es más conciente de lo que falta aprender. La ignorancia nos coloca en la comodidad de desconocer lo que carecemos y hacernos sentir saciado de nada.
Bajé la persiana a mis estudios formales y me zambullí de lleno a leer sobre historia. Devoré libro tras libro arrancando desde los persas, pasando por griegos y romanos, el medioevo, la “conquista americana”, la ilustración y finalmente explayarme en historia de EEUU y Argentina. Comprendido a grandes rasgos el contexto en que me tocó largarme a la vida, proceso que me llevó 4 años, me reconcilié con mi carrera. Tomé, sin embargo, una decisión que hasta el día de hoy mis colegas me critican, con cierta razón. Volví a la facultad con la intención de aprender todo lo que me pudieran dar los excelentes profesores que tuve en suerte para la especialidad que para entonces tenía muy bien definida: las máquinas eléctricas. El resto no me interesaba, razón por la cual sabía que no iba a recibir el título jamás. Entre mis prioridades estaba más el aprender que demostrar con un papel el haber aprendido. Estimulé a mi hijo a que haga exactamente lo contrario y me devolvió con creces más de lo que esa insuficiencia propia me pudo haber frustrado. Pero lo mío se convirtió en una muy placentera historia sin fin. Sin esa frontera alcanzada que permite bajar los brazos y reclinarse en la silla mirando ese papel con escudos y firmas en la pared, mi karma fue no parar nunca de estudiar. Y así continúo hasta hoy. Se le atribuye a Sócrates la frase “Solo sé que no sé nada” que yo con igual irresponsabilidad interpreto: cuanto más aprende uno es más conciente de lo que falta aprender. La ignorancia nos coloca en la comodidad de desconocer lo que carecemos y hacernos sentir saciado de nada.
Expresado este largo e intimo preámbulo paso a ocuparme de
mi costado incorrecto políticamente. Cuando discuto con un colega o cuando me
consultan sobre mi especialidad, me hago respetar y no admito cuestionamientos
si sé objetivamente que el interlocutor no tiene la preparación necesaria en el
tema en cuestión. Estos casos son lo menos. La mayoría de mis colegas me
consultan porque saben cuales temas manejo con soltura. Y a mi vez hago
exactamente eso: conozco bien cuales son mis amigos y colegas que son duchos en
los temas que desconozco y los consulto con el respeto y reconocimiento que se
merecen. Es un aspecto muy saludable de mi profesión (y seguramente de otras)
que disfruto. Y no hay motivo para no disfrutar de un curso de capacitación
donde yo, con mis casi 60 años, me siento cuaderno en mano a aprender de un
especialista de 35 o 40 años que te llena la cabeza de novedades.
Pero cuando de política se trata, en cualquier mesa de bar
hay que bajar el copete y escuchar sermones de cualquier desinformado que te alecciona
como especialista porque la noche anterior entre fideos recalentados del mediodía
escuchó a Marcelo Bonelli o Jorge Lanata editorializar sobre la diaria. Y en
general me resisto a abrir la boca para no quedar como el taradito que se tragó
el relato.
Conclusión: el país se está yendo a la mierda mientras nos
indignamos por 9 millones de dólares que ingresaron a un convento de la mano de
un delincuente. En el interín nuestra deuda aumentó 40000 millones de dólares
(9 frente a 40000, así como se lee) sin que eso dignifique ningún titular de
diario. El debate que debemos dar excede cualquier tema cotidiano y no lo
levanta ni la dirigencia ni las autoridades ni los medios. Yo me resguardé en
un lugar donde el descontento social no me llevará puesto y como dije, mi hijo
tiene un pie en el mundo gracias a su esfuerzo y capacidad y no tiene por qué
estar condenado a este país que va camino a convertirse en un páramo neo
liberal inmanejable peor que el que conocimos hace apenas 3 lustros. El
aprender, repito, emite luz sobre lo que desconocemos. En cambio la ignorancia
nos da la sensación que lo sabemos todo. A su manera, nos lo dijo Sócrates hace
2400 años. Y esto vale para todos, dirigentes y tropa. FB fue una excelente
vidriera para compartir experiencias e ideas, pero es también causa de peleas y
desencuentros. Y como dije hace poco, estoy dudando de si vale la pena. Comencé
hace unas semanas un muro que se llama “Pensando un país” con la intención de
invitar a proponer ideas, proyectos, sueños, modelos, leyes, etc. que no
incluya la polémica diaria. Con la intención de encender alguna lámpara entre
la alicaída y camaleónica dirigencia. Pero ni eso me levantó el entusiasmo.
Lamento el estado de ánimo en este rubro, amigos. Para mi
consuelo digo que gracias a esto he vuelto con bríos a avanzar en mis estudios
profesionales, pero cayendo en la peor de mis pesadillas: que cada uno se salve
como pueda. Al menos lo intenté por bastante tiempo. Que pasen un feliz
domingo.
domingo, 17 de julio de 2016
ESTEREOTIPOS ROBADOS DE LOS JARDINES DE LA REPÚBLICA
Mi presente es en un pueblo tranquilo del interior. Pero hace décadas era bastante asiduo a la noche tucumana. Y si bien sabía que a la larga el folclore decantaría y pasaría a formar parte importante de mi quehacer, en ese momento las largas caminatas nocturnas y solitarias que me eran familiar me timbreaban más imágenes de Los Sonidos del Silencio de Paul Simon que alguna insinuación telúrica local. Y de esa falta de familiaridad con cierto léxico se me viene a la memoria una construcción visual que paso a contar.
En aquella época conocí una chica que se preciaba de ser dark, under o postmoderna, según sus propias definiciones. Algunos de esos códigos eran nuevos para mí y el postmodernismo que conocía se refería a uno de los libros más célebres de mi viejo que aun se consulta sobre literatura hispanoamericana que sospecho no era la disciplina que importaba a la susodicha.
Y como esta persona trabajaba esporádicamente como gastronómica en algunos bares de moda, si yo escuchaba el término “mozas bizarras” inmediatamente su imagen se me venía a la mente. Y si bien su carácter daba “pa que la farra pueda seguir”, tampoco creo que era el estereotipo que tenía en mente Don Virgilio Carmona cuando compuso la célebre cueca-zamba que inmortalizó la negra Sosa. Y para colmo personaje raro y único con que me topé en años pero don Virgilio hace referencia a “unas cuantas” presentes en un mismo tiempo y espacio. Evidentemente hablamos de cosas distintas.
Mi trabajo en una fábrica tradicional del interior como fue el aleccionador paso por un ingenio azucarero me acercó a cierta cultura folclórica que me resultaba esquiva en la capital, donde vivía. Así conocí la chanfaina, por ejemplo. En Simoca los sábados de feria, pero no en la feria sino cruzando la calle, en una casa de familia donde degusté la mejor comida regional, por lejos. Salíamos de trabajar 11:30am los sábados así que a las 12 ya estábamos sentados en el palier o en la sala de esta casa, donde estaban las mesas coquetas e impecables. Y eran las 3 de la tarde y seguíamos dándole al diente. Se cerraba la ceremonia con los postres regionales y para bajar todo, luego de varias botellas de ¾, el infaltable fernet con coca. Nunca una pesadez, nunca un desarreglo. Empanadas, tripa rellena, pato, cabrito, la mencionada chanfaina, chorizos de cerdo, tira de asado y muchos detalles más. Era todo rico así que pedíamos un poco de todo en lugar de un plato determinado. No terminábamos nunca. Regado bien y con pan casero. Una de las razones por las cuales entre al ingenio pesando 58kgs y para cuando renuncié pasaba los 80. Pero valió la pena. Y volviendo a la zamba, cuando menciona guitarra, bombo y violín no se refiere a Boris Belkin sino a los simoqueños. Esa escuela que lejos de apoyar el instrumento en el mentón y variar el ángulo del arco para atacar las distintas cuerdas como enseña la academia lo apoyan en la panza, el arco lo sacuden perfectamente horizontal y es el violín el que gira de un lado al otro, apoyando varias cuerdas a la vez y sacando ese sonido tan particular. Los años y las vivencias me permitieron ir entendiendo las letras y valorando cada vez más las raíces y las sensaciones de la región. Y hasta tolerar cierta discriminación intrínseca cuando la joda es “pa las del norte” y no para las otras. Tucumán se ve distinto cuando se lo mira desde el interior. Más hoy que la ciudad me impacienta y siento que me expulsa, me agrede. El presente en este pueblo se parece tanto al pasado que viví en la ciudad. El biorritmo pausado, contemplativo, el saludo hasta con los desconocidos, el tiempo ralentizado. Aquí se comprende fácil los versos referidos. Y es una manera de aferrar algo que no queremos que desaparezca.
En aquella época conocí una chica que se preciaba de ser dark, under o postmoderna, según sus propias definiciones. Algunos de esos códigos eran nuevos para mí y el postmodernismo que conocía se refería a uno de los libros más célebres de mi viejo que aun se consulta sobre literatura hispanoamericana que sospecho no era la disciplina que importaba a la susodicha.
Y como esta persona trabajaba esporádicamente como gastronómica en algunos bares de moda, si yo escuchaba el término “mozas bizarras” inmediatamente su imagen se me venía a la mente. Y si bien su carácter daba “pa que la farra pueda seguir”, tampoco creo que era el estereotipo que tenía en mente Don Virgilio Carmona cuando compuso la célebre cueca-zamba que inmortalizó la negra Sosa. Y para colmo personaje raro y único con que me topé en años pero don Virgilio hace referencia a “unas cuantas” presentes en un mismo tiempo y espacio. Evidentemente hablamos de cosas distintas.
Mi trabajo en una fábrica tradicional del interior como fue el aleccionador paso por un ingenio azucarero me acercó a cierta cultura folclórica que me resultaba esquiva en la capital, donde vivía. Así conocí la chanfaina, por ejemplo. En Simoca los sábados de feria, pero no en la feria sino cruzando la calle, en una casa de familia donde degusté la mejor comida regional, por lejos. Salíamos de trabajar 11:30am los sábados así que a las 12 ya estábamos sentados en el palier o en la sala de esta casa, donde estaban las mesas coquetas e impecables. Y eran las 3 de la tarde y seguíamos dándole al diente. Se cerraba la ceremonia con los postres regionales y para bajar todo, luego de varias botellas de ¾, el infaltable fernet con coca. Nunca una pesadez, nunca un desarreglo. Empanadas, tripa rellena, pato, cabrito, la mencionada chanfaina, chorizos de cerdo, tira de asado y muchos detalles más. Era todo rico así que pedíamos un poco de todo en lugar de un plato determinado. No terminábamos nunca. Regado bien y con pan casero. Una de las razones por las cuales entre al ingenio pesando 58kgs y para cuando renuncié pasaba los 80. Pero valió la pena. Y volviendo a la zamba, cuando menciona guitarra, bombo y violín no se refiere a Boris Belkin sino a los simoqueños. Esa escuela que lejos de apoyar el instrumento en el mentón y variar el ángulo del arco para atacar las distintas cuerdas como enseña la academia lo apoyan en la panza, el arco lo sacuden perfectamente horizontal y es el violín el que gira de un lado al otro, apoyando varias cuerdas a la vez y sacando ese sonido tan particular. Los años y las vivencias me permitieron ir entendiendo las letras y valorando cada vez más las raíces y las sensaciones de la región. Y hasta tolerar cierta discriminación intrínseca cuando la joda es “pa las del norte” y no para las otras. Tucumán se ve distinto cuando se lo mira desde el interior. Más hoy que la ciudad me impacienta y siento que me expulsa, me agrede. El presente en este pueblo se parece tanto al pasado que viví en la ciudad. El biorritmo pausado, contemplativo, el saludo hasta con los desconocidos, el tiempo ralentizado. Aquí se comprende fácil los versos referidos. Y es una manera de aferrar algo que no queremos que desaparezca.
sábado, 2 de julio de 2016
LA VÍSPERA
Era nuestro año. Egresábamos del Instituto Técnico ese 1974 y teníamos el derecho de organizar los bailes y la semana del colegio. El primer gran baile era esa noche. Y habíamos contratado a un dúo que era muy conocido entre los que oíamos música de la buena. Pero por la radio no se pasaba eso así que populares, lo que se decía populares, no eran. Un tal Charly García y su compañero Nito Mestre nos animarían la noche. Los trajimos en la primera de la Estrella del Norte, ni siquiera para pullman nos alcanzaba. Entre señoras con gallinas y paquetes improlijos de papel madera bajaron ambos, con las pestañas blancas de la tierra del viaje de 20 horas. Y caminando ladeado por una desviación de columna, el representante, Gabriel Melgarejo, enojadísimo por las
circunstancias del viaje. Yo era el vocero del curso y trataba de calmarlo. Los llevamos a almorzar a “Mi Abuela”, lo más barato que había por entonces con menú único. Luego los llevamos a San Javier donde los chicos (tenían 22 años) la pasaron bomba. Ahí me convidó Charly lo que se convirtió en el primer porro de mi vida. Ni cigarrillos fumaba ni fumé nunca. Con Melgarejo nos cruzamos varias veces en distintos recitales y terminamos muy amigos. La última vez que lo vi fue en La Falda, Córdoba, donde me presentó así, como “mi amigo” a León Gieco, el único cliente que le quedaba. A los pocos meses de eso me enteré de su muerte, arrastraba una larga enfermedad muy bien disimulada. Volviendo al relato; el país era un caldero de violencia de todo tipo, ese 1974. Y esperábamos recaudar una cifra en el baile. Algo así como 2000 chicos nos imaginábamos basados en experiencias de años anteriores. Les pedimos a los compañeros que tuvieran armas en sus casas que la lleven, para cuidar la caja. La boletería se armaba en la sala de profesores y se vendían las entradas por la ventana que daba a la calle. Para cuando comenzamos la venta la sala parecía un arsenal: armas cortas, armas largas, escopetas de 2 caños, del calibre que sea. Todo un estilo de época. La noche no ayudaba, llovizna y paro de colectivos. Debíamos favores y dineros a todo el mundo. Finalmente fueron 1400 los que abonaron religiosamente los $18 “pesos ley” de la entrada, estábamos salvados. Recuerdo a uno que se quejó del precio diciendo ¿Dieciocho? ¿Qué actúa Sandro? No tenía idea quienes eran Sui Géneris. Y junto a los plomos y el sonidista que llegaron de Bs.As. también llegó el rumor, uno que me hizo sentir un frío por la columna: el viejo había muerto. Las autoridades están decidiendo cuando anunciarlo. Todo la carne en el asador y si la noticia salía a la luz antes de tiempo era obvio que el baile y cualquier otra fiesta o celebración se suspendería. Y nos fundíamos, dicho sea de paso. Adiós gira. En ese clima actuaron Sui Géneris y su banda que eran nada menos que Juan Rodríguez en bata y Rinaldo Rafanelli en bajo, antes de que se hicieran leyenda. La noche pasó espectacular, a la mañana siguiente, domingo, pudieron desarmar todo y rajaron para la capital. El lunes, 1° de julio, anunciaban pasado el mediodía que Juan Domingo Perón había muerto. El país se paralizó. Pero la vivencia de unas horas antes no me la quitó nadie.
circunstancias del viaje. Yo era el vocero del curso y trataba de calmarlo. Los llevamos a almorzar a “Mi Abuela”, lo más barato que había por entonces con menú único. Luego los llevamos a San Javier donde los chicos (tenían 22 años) la pasaron bomba. Ahí me convidó Charly lo que se convirtió en el primer porro de mi vida. Ni cigarrillos fumaba ni fumé nunca. Con Melgarejo nos cruzamos varias veces en distintos recitales y terminamos muy amigos. La última vez que lo vi fue en La Falda, Córdoba, donde me presentó así, como “mi amigo” a León Gieco, el único cliente que le quedaba. A los pocos meses de eso me enteré de su muerte, arrastraba una larga enfermedad muy bien disimulada. Volviendo al relato; el país era un caldero de violencia de todo tipo, ese 1974. Y esperábamos recaudar una cifra en el baile. Algo así como 2000 chicos nos imaginábamos basados en experiencias de años anteriores. Les pedimos a los compañeros que tuvieran armas en sus casas que la lleven, para cuidar la caja. La boletería se armaba en la sala de profesores y se vendían las entradas por la ventana que daba a la calle. Para cuando comenzamos la venta la sala parecía un arsenal: armas cortas, armas largas, escopetas de 2 caños, del calibre que sea. Todo un estilo de época. La noche no ayudaba, llovizna y paro de colectivos. Debíamos favores y dineros a todo el mundo. Finalmente fueron 1400 los que abonaron religiosamente los $18 “pesos ley” de la entrada, estábamos salvados. Recuerdo a uno que se quejó del precio diciendo ¿Dieciocho? ¿Qué actúa Sandro? No tenía idea quienes eran Sui Géneris. Y junto a los plomos y el sonidista que llegaron de Bs.As. también llegó el rumor, uno que me hizo sentir un frío por la columna: el viejo había muerto. Las autoridades están decidiendo cuando anunciarlo. Todo la carne en el asador y si la noticia salía a la luz antes de tiempo era obvio que el baile y cualquier otra fiesta o celebración se suspendería. Y nos fundíamos, dicho sea de paso. Adiós gira. En ese clima actuaron Sui Géneris y su banda que eran nada menos que Juan Rodríguez en bata y Rinaldo Rafanelli en bajo, antes de que se hicieran leyenda. La noche pasó espectacular, a la mañana siguiente, domingo, pudieron desarmar todo y rajaron para la capital. El lunes, 1° de julio, anunciaban pasado el mediodía que Juan Domingo Perón había muerto. El país se paralizó. Pero la vivencia de unas horas antes no me la quitó nadie.
domingo, 5 de junio de 2016
De Memoria: RODRIGO Y LA NEGRA
Hace unos días haciendo un comentario aquí mencioné el
rodrigazo del 4 de junio de 1975. Yo me acuerdo patente el momento de oírlo por
la radio: iba en el auto manejando por calle Jujuy entre Piedras y Gral. Paz
cuando la prendí y el ministro Celestino Rodrigo estaba pintando el panorama
del país previo al anuncio de los tarifazos y al aumento del dólar. Como
escribió Luis Gregorich para el guión del gran documental “La República
Perdida”, que contaba que al día siguiente nos despertamos para descubrir que
éramos un país pobre.
Yo cursaba el primer año de la facultad y como el menor de
todos mis primos tucumanos, hacía lo mismo que mis mayores: seguía viviendo en
la casa materna, sin trabajar y estudiando. Comprendí que ya no iba a ser tan
fácil ni tranquilo hacerlo. Y para peor la relación con mi madre no era de las
mejores. Ese año empecé a marmolar mis estudios con trabajos esporádicos de
electricidad y ni bien me desocupé de los exámenes en diciembre busqué trabajo.
Eso todavía existía porque estábamos con la desocupación más baja de la
historia aunque en un ambiente muy convulsionado. Conseguí a los 3 días entrar
como electricista de la firma Indiana, la concesionaria de Peugeot. Lo acepté
sabiendo que en 2 meses iba a tener que renunciar para seguir con mis estudios,
pero me iba a permitir comprar herramientas e instrumentos para poder seguir
como independiente el resto del año. Era mi primer trabajo formal, tenía 19
recién cumplidos. De ese mes y pico tengo 2 anécdotas, esta es la primera. Para
no tener experiencia formal y con el título de técnico obtenido menos de un año
atrás mi desempeño fue muy bueno. Reemplazaba a un laburante histórico que se
retiró a las 2 semanas de entrar yo, período en el cual me transmitió todo lo
que yo podía absorber. Ya solo, como el único electricista de la concesionaria,
me dan a controlar un Peugeot 504, lo más nuevo de Peugeot de entonces, que
tenía una sola falla, sencilla. No andaba el “sapito”. Luego del rodrigazo los
autos eran un lujo, caros, difíciles de llenar el tanque y caros los repuestos.
Reviso la instalación y estaba perfecta, le apunto al motorcito que bombea el
agua al parabrisa. Era moderno el sistema, los sapitos de aquella época eran
normalmente una ampolla de goma que operaba gracias a la fuerza del pulgar.
Esto de una bombita eléctrica era un pequeño lujo. Y el motorcito era de
plástico, compacto y una de las pocas cosas del 504 que era importado, lo que
lo hacía absurdamente caro para la función que cumplía. Lo reviso y ahí estaba
el problema. No andaba y no había manera de repararlo, se tira y se pone nuevo.
Le aviso a mi jefe la novedad y me dice: “vení, te presento a la dueña y de
paso le contás”. Esto era nuevo, yo no tenía casi nunca contacto con los
clientes, era un obrero del taller. Todos tenían pantalón y camisa Grafa
provistos por la empresa. Yo que era nuevo no los había recibido todavía así
que vestía el mameluco azul que usaba en mis clases de taller del Instituto
Técnico. Llego a la recepción y un par de empleados rodeaba a una señora
compacta, redondita de pelo negro sentado en una silla. Me acerco con el
aparatito en mi mano y levanta la vista para mirarme. Era Mercedes Sosa. Me
saluda, mira el muerto en mi mano y mira al empleado administrativo que la acompañaba.
Sin esperar mi explicación me dice “ya se hijo, ya me contaron, pero no puedo
pagar tanto por ese arreglo, no tengo esa plata”.
Se me hizo un nudo el corazón, no estaba todavía en la situación que le conocimos años más tarde y Rodrigo nos golpeó a todos. Y en dos meses más caía el golpe más terrible de nuestra historia que, como a muchos, la obligaría a emigrar por muchos años. Tuve que colocar el motorcito de vuelta en su sitio y se llevó su 504 tal como lo trajo, sin sapito. Una metáfora de lo que se venía. Íbamos a perder todo lo que nos permitía ver más claro para sumergirnos en una larga noche de 7 años.
Se me hizo un nudo el corazón, no estaba todavía en la situación que le conocimos años más tarde y Rodrigo nos golpeó a todos. Y en dos meses más caía el golpe más terrible de nuestra historia que, como a muchos, la obligaría a emigrar por muchos años. Tuve que colocar el motorcito de vuelta en su sitio y se llevó su 504 tal como lo trajo, sin sapito. Una metáfora de lo que se venía. Íbamos a perder todo lo que nos permitía ver más claro para sumergirnos en una larga noche de 7 años.
sábado, 4 de junio de 2016
ALÍ
Yo era chico y las conversaciones de la cena me resbalaban. Pero el nombre de Cassius Clay, como varios otros, me era familiar de tanto oírlo.
Por el contexto me hice la idea que era un político, o comentarista, o escritor. Luego lo ví en un par de entrevistas y mis sospechas se confirmaban. Hablaba picante, a pesar de 22 o 23 años toreaba lindo a los interlocutores. Después mi viejo me aclara que era boxeador. Y pocas semanas después lo alcanzo a ver en una de sus peleas. En blanco y negro pero en directo. Un trámite, movimientos ligeros y ágiles como si fuera un welter, pero tenía más de 1,90 mts y casi 100 kgs. El ocasional rival le duró solo 6 rounds. Fachero a punto de rivalizar con Sidney Poitier, el prototipo del negro galán de los 60 (todavía no existían los afroamericanos, eran negros).
Luego me enteré de su rechazo al servicio militar. No quería pelear en Vietnam, una gran controversia. Yo lo entendía y simpatizaba con su planteo. Luego, ya adulto, yo comprobaría que su resistencia era por las razones correctas. Perdió el título de campeón y me perdí un par de años de lo que sería la plenitud de su carrera. En ese lapso regresé a Argentina. La Corte Suprema de EE.UU. finalmente le daría la razón y pocos años después lo disfrutaría peleando con nuestro Oscar Ringo Bonavena, que por puro indisciplinado y torpe no llegó a campeón mundial durante el parate de Alí, luego de tenerlo al propio Frazier caminando a 4 manos por el ring 2 veces en un mismo round. Volviendo a Clay/Alí el resto de su carrera es historia conocida. Canchero, pillado, pero muy ubicado en su rol de minoría segregada y peleando por sus derechos. Su país natal lo reivindicó formalmente cuando lo eligió para encender la llama olímpica en los juegos de Atlanta 1996. Luego se inmortalizó en la pantalla en el rol interpretado por Will Smith.
En la presentación del film, un Alí ya bastante enfermo alcanzó a preguntar, con Smith parado a su lado "¿No había nadie más buenmozo que éste en todo Hollywood para hacer de mi? Como todo día en que un ídolo desaparece, este tiene su cuota de tristeza y melancolía muy acompañado por el clima. Mi más sentido homenaje.
Por el contexto me hice la idea que era un político, o comentarista, o escritor. Luego lo ví en un par de entrevistas y mis sospechas se confirmaban. Hablaba picante, a pesar de 22 o 23 años toreaba lindo a los interlocutores. Después mi viejo me aclara que era boxeador. Y pocas semanas después lo alcanzo a ver en una de sus peleas. En blanco y negro pero en directo. Un trámite, movimientos ligeros y ágiles como si fuera un welter, pero tenía más de 1,90 mts y casi 100 kgs. El ocasional rival le duró solo 6 rounds. Fachero a punto de rivalizar con Sidney Poitier, el prototipo del negro galán de los 60 (todavía no existían los afroamericanos, eran negros).
jueves, 2 de junio de 2016
De Memoria: CASILDO
Para los que peinamos cañas y llevamos largas décadas a cuestas recordamos muy bien los padecimientos de la dictadura y la fiesta que fue el retorno de la democracia. Ese clima había inundado aquel año 1983. A medida que se acercaban las elecciones y los militares ya preparaban la retirada empezó un lento goteo de argentinos que volvían al país luego de años de exilio forzado. Y luego de las elecciones de octubre y el triunfo de Alfonsín ese goteo ya era una persistente llovizna de decenas de personajes que retornaban cada semana al país. A punto tal que los medios televisivos, radiales y gráficos dejaban apostados en Ezeiza guardias de noteros para barajar a las personalidades a medida que llegaban. Artistas como Víctor Heredia o Marilina Ross, dirigentes sindicales como Raimundo Ongaro, siempre alguno era motivo de una nota. Ese día, el 30 de noviembre, a poco del traspaso de mando, comenzó a circular por el aeropuerto el rumor que en el vuelo tal de Iberia arribaba Casildo Herreras, un histórico dirigente textil que se había fugado del país la víspera del golpe en 1976. Para cuando estaban descendiendo los pasajeros del mencionado vuelo ya los noteros hacían la guardia correspondiente, con grabadores, anotadores y lapiceras en mano. Al rato aparece el canoso dirigente y todos se le abalanzan, estallan los flashes y se disparan preguntas desordenadamente. Uno de los noteros más veteranos y con una cultura general por sobre el promedio alcanza a ver un señor caminando unos metros más atrás, lejos de los flashes. Un hombre de cara ancha, con un saco oscuro gastado y una corbata delgada abierta por las horas de viaje. Un pantalón a tono que intentaba pasar por traje. Bajaba del mismo avión. Arrastraba con dificultad su valija. El notero inmediatamente perdió todo interés por el dirigente sindical y se acercó al hombrecito con total admiración. Guardó su libretita y le extendió la mano: "Señor, es un honor saludarlo, bienvenido de regreso a la Argentina". El señor que bajaba en absoluta soledad y lejos de los flashes y las preguntas intrascendentes era nada menos que don Julio Cortázar. La Argentina en su fiesta de recuperación democrática parecía decirle que no lo necesitaba, nadie percató de su arribo, no fue invitado a ningún canal, no hizo tapa de ningún medio. De regreso en París, su patria adoptiva, moría apenas dos meses después, el 12 de febrero de 1984.
lunes, 28 de marzo de 2016
EL DIOS SURGIDO DE UNA VOTACIÓN
Entre la academia se acepta que el Evangelio más
antiguo es el de Marco. Luego siguen los de Lucas y Mateo, no interesa mucho
cual está primero, pero ambos inspirados bastante en el de Marco. Y el de Juan
se coincide que es el más reciente. Aclaro que de ninguno hay originales. Lo
manuscritos encontrados son copias de copias de copias, el más antiguo data de
unos 200 años después de que fueran escritos originalmente. Los originales, a
su vez, fueron escritos entre 40 y 70 años después de la desaparición de Jesús.
La gran discusión que entretiene a muchos eruditos hoy es exactamente cuando
Jesús de Nazaret se convierte en Dios. Dejando de lado teorías que algunas
religiones yankees como los Mormones o Testigos de Jehová sostienen, ya que
ninguna de ellas poseen eruditos de fuste y sus conclusiones salen de ideas
caprichosas que solo ellos sostienen, es interesante analizar las opiniones de
estudiosos serios en la materia, académicos en su mayoría católicos,
evangelistas y agnósticos. Aclaro, para ser honesto, que entre los Testigos
hubo uno de la actualidad muy versado en la Biblia llamado Greg Stafford que
tuvo la osadía de defender sus ideas frente a colegas de otros credos y lo hizo
con buen nivel académico. Por supuesto esto le valió la expulsión (año 2009) y
como no podía ser de otra manera para un yankee de Connecticut tan propenso a
los microemprendimientos, de inmediato fundó su propia religión. Algún día
podemos profundizar en la teoría que sobre Jesús sostienen los Testigos.
Volvamos a Marcos. El evangelio dice en su
aclaración que es la historia de Jesús, el Mesías, hijo de Dios. Pero en su
contenido, al menos los primeros 8 capítulos, algo así como la mitad del libro,
los protagonistas del relato (familia, vecinos, discípulos y sacerdotes) no
entienden quién es Jesús. La resurrección de Jesús lo transforma en un ser
divino y en esa ocasión, expresa, Marco, Dios lo adopta como su hijo y allí se
convierte en una deidad. Esto es similar a otros personajes de la historia que
murieron y al resucitar se hicieron una especie de dios, como Rómulo, fundador
de Roma, o el propio Moisés del Antiguo Testamento. O sea, según Marco, Jesús
se convierte en hijo de dios al resucitar. En Lucas y Mateo, en cambio, la
divinidad de Jesús se hace presente en el momento del bautismo de Jesús, cuando
se abren los cielos y baja el Espíritu Santo.
Y finalmente Juan, en su primer verso, ubica a
Jesús al principio de los tiempos coexistiendo con Dios desde el vamos y se
hace hombre después y es el propio Dios el que concibe a María la Virgen.
Esta tendencia cronológica de ir ubicando a la
divinidad de Jesús cada vez más atrás en el tiempo según el autor del Evangelio
que leamos, disparó toda una discusión durante los primeros siglos del
cristianismo. Dos eruditos de Alejandría, Ario y su obispo superior Alejandro,
presentaron las teorías más aceptadas para comienzos del siglo IV. Ario
sostenía que Dios padre, el todo poderoso, creo a Jesús en un determinado
momento del la historia y le dio su carácter divino, pero inferior en rango.
Alejandro en cambio sostuvo que Dios y Jesús coexistieron siempre y con igual
rango, o sea, son básicamente el mismo Dios. Estas dos interpretaciones tratan
de conciliar con cierto raciocinio las contradictorias expresiones de los
evangelios. En el Concilio de Nicea del año 325 se trató exclusivamente ambas
interpretaciones. Y por una votación finita ganó la teoría de Alejandro. Y esa
visión se volvió un Credo para el cristianismo “mainstream” que vino a
continuación. En algún momento con más tiempo podemos profundizar en las
corrientes de pensamiento previas a las teorías de Ario y Alejandro que son muy
interesantes para comprender como se llega a esas dos propuestas zanjadas en
Nicea.
viernes, 25 de marzo de 2016
RAÚL
Mis esporádicas visitas a Buenos Aires incluyen siempre una
escapada de medio día a Nueva Pompeya, emblemático barrio donde tiene el taller
un entrañable amigo de tres décadas. Un colega que se dedicó casi toda su vida
a la reparación de grandes motores eléctricos y de inventar o solucionar lo
insolucionable. Mezquino con sus conocimientos porque sabe que ahí radica su
competitividad, al poco de conocernos empezó a desburrarme generosamente porque
algo mío le cayó en gracia. Imposible de dejar su pasión sigue plenamente
activo a los 87 años e incursionando en nuevos desafíos permanentemente. Ahora
el fuerte suyo es la fabricación y reparación de bobinas para grandes hornos de
inducción, como se ve en una de las fotos. Al mediodía siempre caemos a algún
restaurante de la zona que permite disfrutar de los típicos platos que hicieron
célebres a los barrios porteños. Esta vez una exquisita y abundante cazuela de
mariscos regada por un torrontés que me atreví a sugerir de nuestra región que
estuvo perfectamente a tono con la excelente comida. Compartimos además la
debilidad de los helados de postre.
Con muchísimo para rememorar y ponernos al día. Como en una
ocasión que un conflicto entre un proveedor tucumano y el Ingenio Ledesma se
quiso zanjar con una reunión de “especialistas”, uno por cada parte. El
proveedor tucumano me pidió si podía ser su perito de parte ya que Ledesma
estaba mandando a “su” especialista para inspeccionar el trabajo en cuestión.
Yo llegué una hora antes para coordinar la estrategia con el asustado
empresario con la intención de ganar unos días para poder resolver una curiosa
falla que no podíamos eliminar a pesar de varios intentos y modificaciones.
Cuando llegó el vehículo del Ingenio y veo bajar al “especialista” no pude
contener la carcajada. Era nada menos que mi entrañable amigo. Canchero,
astuto, porteño de arrabal a pesar de su origen mendocino, sin siquiera mirar
la máquina en cuestión me agarró del brazo, me llevó aparte y me dijo: “seguro
que hiciste esto y esto, verdad? Ahí está el problema, que pelotudo que sos, y
eso que sos el especialista en eso, cómo se te puede pasar?”
Sin que se le escape una insinuación sobre mi incompetencia,
se dirige al dueño del taller y le dice: “necesitamos unos elementos que son
indispensables para resolver esto de una buena vez, se puede encargar?”. A lo
que el empresario tucumano contestó titubeante: “pida no más, le conseguiremos
todo lo que necesite”. El porteño respondió “una muzza, una especial, una
calabresa y 6 cervezas, con eso andaremos bien.” A partir de ahí todo fue
distensión. Mientras comíamos y bebíamos los operarios iban haciendo las
modificaciones en la máquina, turnándose para poder participar del convite.
Para cuando la conversación ya mostraba los síntomas de los cereales fermentados,
la máquina en cuestión ya funcionaba de maravillas. Mi amigo López, el Vasco
Viejo como lo llamo de vez en cuando, nos lleva a un lugar reservado al
empresario local y a mi y le dice: “yo esto lo hago solo porque está mi amigo
Luisito de por medio. Mi intención era llevarme la máquina a Buenos Aires”.
Esta es solo una de interminables anécdotas que compartimos
con Raúl López, amistad que me permitió llegar desde las minas del altiplano
hasta los confines de la Patagonia. Hoy una parte de lo aprendido le retribuyo
respaldando técnicamente las modificaciones e inventos que toda la vida lo
hacía a puro “olfato” o prueba y error. Hoy cuenta con la colaboración de mis
sofisticadas planillas de cálculo que no comparto con nadie más. No hay retiro
en su horizonte. Lo vivo retando por su obstinación por el trabajo y su querido
taller, único local que pudo salvar del holocausto industrial de Martínez de
Hoz que lo transformó de un gran empresario en un pequeño artesano
especialista, a pesar de lo cual su infraestructura y capacidad técnica supera
a la de cualquier colega de nuestra región. La biología me insinúa que no lo
tendré demasiado tiempo conmigo, a tiro de teléfono. Razón por la cual estas
visitas se hacen cada vez más necesarias y emotivas.
SEMANA TRAGICA
Relato libre sobre eventos
desconocidos de la Semana Santa
Luis Octavo
Corvalán
Marzo de 2016
Parte 1: La
llegada
Simón
acomodó el tronco y se sentó. Aprendió la distancia justa. Muy cerca y recibía
un silencio incómodo que podía durar toda la noche. Demasiado lejos y se
condenaba a un anonimato intrascendente y se perdía las novedades. Siempre
había novedades. A esta distancia sabía que Jesús se largaba a hablar solo,
pero sabiendo que Simón, para entonces llamado Pedro, podía escucharlo
claramente. Ese diálogo indefinido, sin interlocutor establecido, fue la manera
que tenía Pedro de llegar un poco más allá de las palabras destinadas a toda la
tropa y poder escarbar adentro de esa mente brillante que tanto le costaba
entender.
Comenzaba a caer la noche pero quedaba tiempo para llegar a las casas de los amigos que los esperaban. Pero la decisión fue acampar afuera y entrar a la ciudad recién con las luces de la mañana. Había que cumplir algunas formas, y eso irritaba particularmente a Jesús, que había dedicado su vida adulta a violarlas. Le importaba el fondo, un mensaje, enseñanzas que rompían con siglos de costumbres que incluso como tales ya se habían distorsionado mal.
El silencio duró algunos minutos, hasta que se escuchó el primer comentario, casi un susurro. “No va a ser fácil”, alcanzó a oír Pedro. Sabía que se refería a la jornada siguiente y los días posteriores. Jerusalén se podía, en tiempos normales. Era un pueblo bullicioso pero manejable. Pero esta semana era distinta. Con las presencia de Herodes y la de Pilatos con sus soldados, los visitantes y mercaderes que aprovechan la situación, Pedro estaba intranquilo. Muchas cosas podían salir mal. No entendía la razón, pero como tantas cosas que no entendía, aceptaba que algún motivo importante debía haber para llegar a Jerusalén justo para estas pascuas. Para mostrar que estaba compenetrado de la situación atinó a comentar: “Conseguimos el burro.”
Comenzaba a caer la noche pero quedaba tiempo para llegar a las casas de los amigos que los esperaban. Pero la decisión fue acampar afuera y entrar a la ciudad recién con las luces de la mañana. Había que cumplir algunas formas, y eso irritaba particularmente a Jesús, que había dedicado su vida adulta a violarlas. Le importaba el fondo, un mensaje, enseñanzas que rompían con siglos de costumbres que incluso como tales ya se habían distorsionado mal.
El silencio duró algunos minutos, hasta que se escuchó el primer comentario, casi un susurro. “No va a ser fácil”, alcanzó a oír Pedro. Sabía que se refería a la jornada siguiente y los días posteriores. Jerusalén se podía, en tiempos normales. Era un pueblo bullicioso pero manejable. Pero esta semana era distinta. Con las presencia de Herodes y la de Pilatos con sus soldados, los visitantes y mercaderes que aprovechan la situación, Pedro estaba intranquilo. Muchas cosas podían salir mal. No entendía la razón, pero como tantas cosas que no entendía, aceptaba que algún motivo importante debía haber para llegar a Jerusalén justo para estas pascuas. Para mostrar que estaba compenetrado de la situación atinó a comentar: “Conseguimos el burro.”
Alcanzó a ver de reojo como Jesús
movía de un lado a otro la cabeza en señal de fastidio. Largos años de
caminatas, de conocer gente, países, de ver el sufrimiento de cerca, de sentir
hambre, amor y odios, se había hecho demasiado hombre. Volvía a Jerusalén
después de dos décadas. Y no era ya el mismo, aquel niño que podía asombrar por
sus conocimientos, recitar los libros, poner en contexto las parábolas con tan
solo 12 años. Ahora eso pasó a segundo plano, incluso mucho era motivo de
descarte. Talión, los muertos, el sábado, las lapidaciones. Cuanta energía
errada, cuanto había por revisar, por cambiar. Quería un nuevo hombre, una
buena nueva, un mundo diferente. Y de esos sueños, el burro era la menor de sus
preocupaciones. Mateo era el que cuidaba esos detalles. Los consideraba hitos
necesarios, para llamar la atención. Jesús en cambio los padecía. Se imaginaba
que siglos entrados, la gente lo recordaría por el burro, por las palmas, por
la ceremonia. Pero Jesús quería que sean sus ideas las que perduren. Y para
ello el burro era un estorbo.
En eso llegó un mensajero.
Confirmaba un dato que Jesús tenía por seguro: su madre y Magdalena ya estaban
en la ciudad. Ese mensaje significaba otro más encriptado e importante: que
Magdalena se había reunido con Claudia. Claudia Prócula, la mujer del prefecto Poncio Pilatos, era amiga de Magdalena y simpatizaba con la causa. Sabía, por su amiga, que Roma y sus autoridades no eran motivo de las enseñanzas de Jesús y no estaban bajo amenaza. Las autoridades religiosas, con Caifás a la cabeza, tenían sus motivos de preocupación. Lo que Claudia desconocía por entonces eran los negocios en común que ilegalmente mantenían su marido y Caifás, tema que estallaría unos años más tarde cortando abruptamente las carreras de ambos.
El resto de la compañía se durmió rápido y la noche ya se había cerrado haciendo desaparecer el horizonte. En la otra dirección, la silueta de la ciudad tibiamente iluminada demarcaba el límite entre el cielo y la tierra, límite que Jesús en más de una ocasión intentó relativizar. Era una de esas cosas que a Simón Pedro le costaba entender. Unos minutos más tarde miró en dirección de Jesús esperando de un momento a otro un comentario que aporte algo más de información, pero ya estaba acostado y profundamente dormido. Y ahí se le vino a la memoria nuevamente la única y breve frase que su maestro había pronunciado: “no va a ser fácil”.
Parte 2: Caifás y
Poncio Pilatos
-Prefecto, lo espera
Caifás.
Suspiro de fastidio.
-Espero que se haya
bañado esta vez. Hacelo pasar.
Aparece vestido con
todos los atributos, la capa con incrustaciones cubriendo la cabeza en una
pompa innecesaria para la ocasión.
-Yusef, que alegría
verte nuevamente.
-Debo esperar las
Pascuas para que dignes visitarme, Poncio.
-Me dijeron mis fuentes
que Cesarea queda a igual distancia de Jerusalén que Jerusalén de Cesarea.
-Eso es un rumor que
generaron tus soldados, amigo. Vos tenés actividades aquí que te necesitan, yo
en Cesarea solo puedo contemplar el mar y comer en exceso, en gran parte por tu
culpa.
-Deberías ir ahora,
tenemos arte, comercio, mujeres. Imposible aburrirte. El mundo no termina en
estas murallas.
Caifás adopta un tono
serio, arrima su cabeza a la del Prefecto y dice:
-Tenemos que resolver lo
del Nazareno. Se está convirtiendo en un problema.
-Estoy al tanto, Yusef,
pero eso es problema tuyo, no el mío.
-Pero si dejo pasar su
arrebato del templo, eso afectará mis intereses. Yo recaudo de lo que allí
ocurre. Y sabemos ambos que ese dinero nos es útil.
-Mirá Yusef, es cierto.
Tenemos actividades que compartimos y tu aporte es ese dinero. Pero si yo
dedico mi tiempo, mi poder y mis soldados para asegurar tu renta, ¿cuál es
entonces tu aporte a nuestro negocio? Para eso me hago cargo del templo y
recaudo yo. ¿Crees que no puedo?
-Se hace llamar el Rey
de lo Judíos. Eso es intolerable, Pilatos. ¿Quién te dice que no va a ir por
vos después?
-¿Venir por mí? Mirá a
tu alrededor Yusef. Yo soy Roma, yo soy César. Un simple Nazareno que ni un
sable porta no es amenaza para mí. Para vos, que te cagaste en las patas cuando
ese Lázaro supuestamente resucitó, es un problema, no para mí.
-Estamos juntos en
mucho, Poncio. Vos me necesitás para terminar el acueducto. Contás con mi
dinero, y es mi pellejo el que se arriesga entregando esos fondos que le
pertenecen al templo. Yo creo en tu palabra que los fondos vendrán de Roma el
año entrante y podré reponer, pero soy yo el que está expuesto.
-Yo pude haberte
despedido y haber nombrado un nuevo sacerdote, como hicieron los cuatro que me
precedieron. Pero te mantuve ahí porque te creía un tipo razonable y me prometiste
colaboración. Y que mantendrías tranquilo a tus seguidores. ¿Recordás el
escándalo de las estatuas? Tus hordas me persiguieron hasta Cesarea y rodearon
mi casa más de una semana. No ordené a mis soldados que los maten porque soy un
tipo razonable. Y por suerte uno de esos tuvo la brillante idea de parlamentar
y llegamos a un acuerdo. Retiré los símbolos de Roma para no ofenderlos y la
cosa terminó ahí. Eso fue hace 5 años. Si por unos símbolos de mierda
reaccionaron así, imaginate si ahora mato a uno de sus ídolos. Solo para darte
el gusto, tranquilizarte. No me involucraré en tus asuntos. Si para vos es un
problema, resolvelo con tu gente, con tus tribunales, no me importa. Roma no
tomará cartas en este asunto, no durante las Pascuas. Tengo pocos soldados,
demora semanas o un mes recibir refuerzos de Siria. No me compliqués la vida.
-Está bien. No pelearé
contigo. Voy a ver que puedo hacer con mi gente. Pero al menos te pido la
colaboración de media docena de soldados armados si decidimos detenerlo, anda
siempre con un grupo de al menos 10 seguidores, a veces más.
-Eso ya lo dispones,
pero no me lo arriesgues en situaciones desfavorables. Si vas a detenerlo,
esperá a que quede solo.
-Gracias. Ahí le dejé a
tu asistente dos vasijas de un vino como la gente, no ese vinagre que te traen
de Grecia.
-¿No será ese vino que
tu amigo el Nazareno fabrica de apuro, como me contó Claudia?
Mientras Caifás se
alejaba preocupado se alcanzó a oír la carcajada de Poncio Pilatos que
celebraba su propia ocurrencia.
Parte 3: La misión de
Judas
-¿Por qué ahora, Jesús?
-Es la hora Judas, ya es
tiempo.
-Pero no entiendo por
qué tiene que ser de esta manera.
-Te soy sincero, amigo,
yo tampoco tengo claro por qué. Esta parte no es mi lucha, pero es mi destino.
-¿Y cual era la lucha,
entonces?
-Lo anterior. Los
pueblos, los caminos polvorientos, los pobres, los enfermos, las largas
charlas. Eso era lo mío. Era lo nuestro.
-Sigo sin entender por
qué estamos aquí, por qué te fascina Jerusalén.
-¿Fascinarme? Jerusalén
es conflicto, es guerra, es muerte. Pasarán los siglos y dentro de estas
murallas nos seguiremos matando. Yo estuve aquí de niño, por última vez. Tenía
12 años y tuve que huir como un criminal. Apenas pude despedirme de mi madre.
Pasaron 20 años hasta que tuve el estómago para volver. Y lo más probable que
no salga vivo de esta. No es fascinación precisamente, Judas. Y a vos también
te estoy condenando, amigo del alma. Lamentablemente sos el único que puede
comprender la tragedia que nos acecha. Pedro ni entiende lo que hablo, si no
fuera por Marcos que le explica todo. Los demás les falta mucho. Van a
entender, pero no en estas horas.
Apoyando la mano en el hombro de Judas, Jesús continua:
-Tenés la complejidad
que necesito para la dura misión que te toca. Vas a ir al centro mismo de la
muerte y les dirás exactamente donde encontrarme. No puede pasar de mañana.
-No me van a creer, la
traición es muy obvia.
-Diles que lo haces por
dinero. Toda traición cierra con dinero. Ahí te creerán.
-Lo haré porque creo en
la confianza que depositaste en mí. No es a mí al que creo, creo en tu
sabiduría. Tampoco entiendo, pero lo haré. Y es a pesar que la misión que me
pides excede en largo mi capacidad.
-¡¡Mi misión excede mi
capacidad!!- bramó Jesús. -No entiendo lo que viene, solo sé que es mi misión.
Tengo dudas, tengo miedo. Pero es lo que debe ser. Todos vamos a entender
después, cuando estemos del otro lado. Debes creer en esto Judas, tus amigos te
abandonarán, te repudiarán, pero yo estaré a tu lado.
En la planta alta de la casa estaban todos reunidos.
Hacía mucho que no estaban cómodos, sentados, compartiendo una cena en una
mesa. La charla era distendida, festiva. Jesús estaba, sin embargo, bastante
callado, para variar la costumbre. Y Judas Iscariote sumido en un preocupado
silencio. Antes de que los vinos hicieran efecto, Jesús habló:
-Hemos venido un largo
camino hasta aquí. Han sido buenos y persistentes en este ministerio. Me han
acompañado incluso en situaciones que sé que no entendieron. Esto que estuve haciendo
ustedes lo aprendieron, lo asimilaron. Quiero que continúen con esta tarea
cuando yo no esté.
-Maestro, ¿nos vas a
dejar?
-Se acerca la hora en
que debo regresar. Pero me quedo en cada uno de ustedes. Miren este pan que
estamos compartiendo, tomen un pedazo cada uno y al comerlo están comiendo una
parte mía. Vean esto como una comunión de todos nosotros. Una manera de
concluir en un solo cuerpo, una sola idea. Ese es nuestro poder, el poder de la
iglesia, de nuestra comunidad. Aquí comienza un nuevo tiempo, y son ustedes los
encargados de llevar este mensaje a los confines del mundo. Que este vino sea
mi sangre, que fluirá en cada uno de ustedes. Que con mi muerte se derramará, y
de esa manera todos renaceremos a un nuevo mundo. Vinimos para cambiar, para
terminar con la historia y empezar una nueva vida y construir un mundo
diferente.
Todos miraban asombrados, sabiendo que algo importante
estaba por ocurrir. Solo Judas miraba la mesa, sin decir una palabra, sin
levantar la vista. Jesús viendo su inacción se levantó violentamente y se
dirigió hacia él. Judas se incorporó sobresaltado imaginando una agresión
inminente. Jesús lo toma de la túnica, a la altura del cuello y mirándolo a los
ojos le dice en voz baja pero con agresión:
-Hermano, vos tenés algo
que hacer. Y lo que tienes que hacer, hazlo ahora.
Judas tenía los ojos humedecidos, pero antes que se
hiciera más evidente, dio la vuelta y se marchó.
Todos quedaron en silencio mirando a Jesús, que
permanecía de pie con la vista en la puerta abierta y la oscuridad de la noche
de Jerusalén que nada bueno auguraba.
Parte 4: Olivos
Avanzaba la noche en el Jardín de los Olivos. Sobre el
cantar de los grillos solo se percibía a la distancia los ronquidos de algunos
de los seguidores. Andrés, Bartolomeo, Pedro, todos que se habían comprometido
a la vigilia.
-Padre, aquí estoy
cumpliendo tu palabra, no la mía- recitaba Jesús.
-Vine al mundo por tu
voluntad, recorrí países, aprendí a ser hombre, a sufrir. El hombre con todas
sus limitaciones, sus bondades, su miseria, su dolor y su hambre. Vi gente
pecar no por mala sino por no tener alternativa. Son producto de tu plan, son
tu creación. Yo pasé por las mismas tribulaciones. Aquí estoy, estamos,
cumpliendo tus deseos. Conozco lo que se viene, y me pesa como ningún peso que
tuve. Es un rol el que cumplo, sin siquiera entender completamente su
significado.
Un largo silencio iba acompañado de gruesas gotas de
sudor que al caer eran sudor pero al impactar el suelo era sangre. Por primera
vez Jesús estaba sumido en un mar de dudas y profunda soledad. Como si lo
hubieran empujado a un escenario desconocido, hostil.
-Te pido Padre si hay
algo que puedas hacer para sacarme de encima esta pesada carga. No sé si estoy
preparado para lo que me espera. Si tan solo hubiera otra manera.
Los grillos y ronquidos empezaron a ser sobrepasados por
el sonido de botas y cadenas que se acercaban a través del bosque. Antorchas
iluminaban los metálicos rostros de soldados y un sacerdote que los acompañaba.
Se detuvieron a pocos pasos de Jesús, que se incorporó.
Apareciendo detrás de los soldados, Judas Iscariote se
abre paso y acercándose a Jesús le susurra trémulo al oído:
-Aquí estoy Maestro,
como me lo pediste.
-Hermano Judas, te pedí
la más cruel de las asignaciones y cumpliste. Conmigo estás en paz y perdóname
por hacerte compartir este suplicio.
Terminado el silente intercambio, Judas lo besa en la
mejilla.
A los pocos instantes el séquito se alejaba llevándolo a
Jesús consigo. Judas quedó mirando la escena con gruesas lágrimas que bañaban
su rostro. En su mano derecha aferraba un pequeño saco de monedas. Fue lo
último que vio. Uno de los soldados que permaneció oculto se le acercó por la
espalda, rodeó su cuello con una cuerda y la ajustó hasta que Judas, sin aire,
se desplomó. Temprano a la mañana siguiente lo encontraron colgando de la rama
de un árbol, con la misma cuerda todavía aferrada a su cuello.
Bibliografía:
- El Evangelio de Marcos
-El Evangelio de Lucas
-El Evangelio de Juan
-El Evangelio de Judas Iscariote
-El Evangelio de Felipe
-Tito Flavio Josefo - Las Antigüedades de los Judíos
-Filo de Alejandría - Obras Completas
-Bart D. Erhman - Did Jesus Exist? - 2012
-Bart D. Erhman - Studies in the Textual Criticism of the New Testament - 2006
-Bargil Pixner - With Jesus in Jerusalem - 1996
Bibliografía:
- El Evangelio de Marcos
-El Evangelio de Lucas
-El Evangelio de Juan
-El Evangelio de Judas Iscariote
-El Evangelio de Felipe
-Tito Flavio Josefo - Las Antigüedades de los Judíos
-Filo de Alejandría - Obras Completas
-Bart D. Erhman - Did Jesus Exist? - 2012
-Bart D. Erhman - Studies in the Textual Criticism of the New Testament - 2006
-Bargil Pixner - With Jesus in Jerusalem - 1996
sábado, 5 de marzo de 2016
LA TUMBA ERRONEA DE DI CAPRIO
Cuando James Cameron concibió su romántica Titanic, bautizó a su protagonista Jack Dawson. Y para ubicarlo en el gran barco sin dejar registro lo hace ganar el pasaje de tercera clase a Nueva York a escasos minutos de la partida en un juego de naipes entre apostadores compulsivos. Así se suma a una trama que culminaría en el célebre hundimiento y en su propia muerte.
En 1912 la catástrofe del Titanic fue, como no podía ser de otra manera, una noticia de impacto mundial. Los sobrevivientes, unos 700 de una partida de más de 2200 almas, fueron rescatados por el barco Carpatia, como todos recuerdan si vieron la peli. Pero el día 18 de abril, algo más de 48 horas de producida la tragedia, y por pedido del gobierno británico, desde Halifax, capital de la provincia canadiense de Nova Scotia y ciudad más próxima al lugar de la tragedia, parten dos barcos menores al sitio del hundimiento con intención de recoger la mayor cantidad de cadáveres posibles para su correcto entierro y/o devolución a los familiares que así lo reclamen. De las más de 1500 víctimas estos dos barcos recuperaron solo 450 cadáveres. Unos 150 fueron inhumados en el mar mismo, demasiado mutilados por efecto del frío y los animales acuáticos y con la intención de evitar angustias mayores a los familiares. Los restantes, algo más de 300, fueron llevados a Halifax. Se los numeró en forma correlativa. Los que fueron reclamados por la familia se enviaron a Londres, USA y otros países. Pero 123 no fueron reclamados por su familia y aun hoy permanecen enterrados en el cementerio de Halifax. Entre las tumbas de las víctimas del Titanic hay una identificada con el número 227 y el nombre "J. Dawson". Desde el estreno de la película de Cameron esta tumba siempre tiene flores y mensajes. Durante un par de años fue todo un revuelo de fanáticas que visitaban diariamente la tumba del supuesto héroe de la historia.
El personaje realmente enterrado ahí era uno de los trabajadores del depósito de carbón, esos que trabajan paleando bajo la línea de flotación y son reclutados apenas unos días antes de zarpar, de a decenas, a tal punto que, para no demorar el trámite solo piden la inicial de su nombre antes del apellido. "J" en la tumba y en el carnet de afiliado que permitió identificar a la infortunada víctima representa "Joseph" o Joe, y no Jack, como el personaje de di Caprio. No creo que sus pesadas tareas en el barco por los m
El personaje realmente enterrado ahí era uno de los trabajadores del depósito de carbón, esos que trabajan paleando bajo la línea de flotación y son reclutados apenas unos días antes de zarpar, de a decenas, a tal punto que, para no demorar el trámite solo piden la inicial de su nombre antes del apellido. "J" en la tumba y en el carnet de afiliado que permitió identificar a la infortunada víctima representa "Joseph" o Joe, y no Jack, como el personaje de di Caprio. No creo que sus pesadas tareas en el barco por los m
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