domingo, 30 de enero de 2022

HUYENDO DE LA TABLA Y EL GRÁFICO

 Y un breve comentario sobre fractales

 La revolución industrial permitió, entre otras cosas, reemplazar al humano y al caballo como proveedor de fuerza motriz y trabajos repetitivos. Esto produjo una explosión en la industria y realmente una "revolución" en el estilo de vida. Transferimos gran parte del esfuerzo físico que requería la vida en las distintas maquinarias que tenemos al alcance de la mano. Desde cortar el césped o afeitarse, hasta trasladarse de un lugar a otro.

La revolución que permitió la electrónica de estado sólido y los circuitos integrados, que popularizaron a mediados de los 70 las calculadoras primero y un poco más tarde las computadoras personales, hasta su empleo masivo en los 90, fue la de transferir hacia las máquinas no ya el esfuerzo físico sino el mental. Las tareas repetitivas y principalmente todos los cálculos matemáticos los podíamos transferir a una máquina y despejar la mente para actividades más creativas, imaginativas y aleatorias.

Antes de esta posibilidad, era de suma importancia estar ejercitando la cabeza para ejercicios matemáticos que, como era de esperar, pasaron a gravitar menos. Eso produjo un efecto que podríamos calificar de negativo. Hoy veo a un almacenero tener que recurrir a su calculadora para efectuar una suma que a los que nos criamos en épocas previas a las calculadoras nos parece de una elemental sencillez.

Pero el lado positivo de esta revolución es que, bien aplicada, podemos modelar con ecuaciones, fórmulas y procesos sucesivos diversos (inducción completa) distintas realidades que antes no entusiasmada hacer por la complejidad de los cálculos involucrados. Hoy esa complejidad queda en manos de un aparato que lo puede resolver en tiempo real, lo que abrió abanicos de alternativas y posibilidades.

Un ejemplo de esto es la desaparición completa de las viejas "tablas de logaritmos". Eran libros que debíamos comprar y aprender a usar para calcular en ese submundo de las matemáticas tan indispesables para muchas actividades.

En mi especialidad, el diseño de máquinas eléctricas -motores, transformadores, generadores- todo texto publicado previo a la masificación de computadoras incorporaba una serie de gráficos, curvas y tablas de valores. Esto era para evitar caer en fórmulas complejas que llevarían horas resolver, papel y lápiz mediante y usando las ya desaparecidas "reglas de cálculo".

Mi primer acceso a una calculadora "programable" fue una Casio que tenía 1Kb. Así como se lee. Podía ingresar 1000 bits de información. Esto permitía un cálculo mediano, uno solo, de una decena de pasos, por ejemplo. Pero en 1995, en mi trabajo en un ingenio, pude acceder a una pc de las modernas y trabajar en DOS. Y de inmediato empecé a usar la planilla de cálculo. Era una Lotus 123, la versión DOS de lo que luego sería Excel. Y lo primero que hice fue una planilla de diseño de un transformador. Y de inmediato descubrí que las curvas y tablas de valores, tan indispensables para el cálculo manual, aquí era un inconveniente. Porque requería interrumpir el proceso de cálculo y obligar al operario a consultar la curva, obtener el valor, ingresarlo a la planila y continuar. Un embole, un impedimento mayor en el proceso de delegar en la máquina el cálculo. Así que me tuve que internar nuevamente en la teoría que dio lugar a los diseños. Volver a visitar a Faraday, a Maxwell, a Fourier, a Gauss. Y perderle el miedo a las ecuaciones, a las fórmulas y todo eso que ralentizaba o llegaba a ser inviable -por el tiempo requerido- el diseño y escribir la sucesión de pasos matemáticos, engarzando cada uno para darle continuidad. Y cuando todo estaba expresado en varias páginas del cuaderno, traducir todo eso en pasos de una planilla Excel y que del kilombo se encargue el CPU. Yo quería ver los resultados. Las primeras planillas en Lotus123 las confeccioné en 1995-96. Para 1997 tenía mi primera pc en casa, bajo Win95 y con Excel. Me costó un rato pasar todo al nuevo software, pero a partir de ahí los fui perfeccionando los métodos y hoy dispongo de más de 100 planillas autóctonas para el cálculo de distintos tipos de máquinas y elementos electromagnéticos. Si hoy tuviera que hacer a mano un diseño, como era mi costumbre hasta fines de los 90, tendría que hacer un esfuerzo de memoria importante. He delegado casi todo en las pc. Hoy un cliente me está pasando por su celular los datos que necesita mientras yo tipeo la información en la planilla y para cuando termina de hablar yo tengo no solo todas las características de lo que me pidió sino el precio también. La planilla incorpora los costos de los elementos involucrados, que yo debo renovar mes a mes -por el nivel de inlfación en pesos o por la volatilidad de costos en dólares de los insumos- y al completar el diseño físico del dispositivo encargado y en función de su complejidad constructiva, la planilla Excel me entrega un precio sugerido de venta.

Nunca más una tabla o gráfico. Cosas del pasado.

Pero no es tan así. El cambio que eso me significó no fue algo que se universalizó de inmediato. Pendiente de las tendencias mundiales, periódicamente surfeaba la web en busca de las actividades de mis colegas diseñadores. Y así descubrí, a fines de los 90, a un coronel del ejército de USA e ingeniero que diseñaba transformadores para la NASA. Así como te digo. Trabajaba 6 meses en el JPL de Pasadena, California, diseñando transformadores para satélites y naves espaciales, y los otros 6 meses recorría el país dando charlas y capacitaciones.

Genial, pensé, aquí aprendo algo y me pongo al día tecnológicamente. Le compré el libro y nos pusimos en contacto vía mail. Al recibir su libro, un manual tapa dura muy bien editado, grande, con márgenes generosos que me permitían escribir comentarios y garabatos diversos, noto de inmediato la proliferación hasta obscena de tablas y gráficos. El hombre, bastante mayor que yo, nunca hizo esa transformación digital. Y a pesar de promocionar su libro como aportando conceptos revolucionarios como un famoso índice que es la 5ta potencia de una dimensión que a mí me intrigaba totalmente, vengo a descubrir una colección de errores conceptuales y bastante groseros en el campo básico del electromagnetismo y la energía. Le hice las observaciones de la manera más cauta y educada posible, luego de recibir mails suyos muy condescendiente del tipo "yo te sacaré las dudas que tengas". El veterano coronel se disgustó bastante y poco después interrumpió por completo el intercambio. Que un sudaka de un pueblo perdido le señale errores, encima importantes, era demasiado, parece.

Ayer un amigo me señaló como gran limitación mía no dominar el campo de los fractales. Este proceso, introducido originalmente por Euclides allá por mediados del siglo 4 AdC, en pleno apogeo de Grecia, es el camino inverso. Es graficar procesos matemáticos complejos, caóticos e irregulares. Esta opción geométrica de procesos matemáticos era útil a los griegos que eran maestros en la geometría y no tanto con los números -comparado con los persas, por ejemplo- en la antigüedad. Y la geometría eculediana fue rescatada y aggiornada como método por el matemático Benoit Mandelbrot en la década de 1980, justamente porque ahora podía ser útil a diversas disciplinas gracias a la computación. Y así procesos caóticos como la meteorología, fenómenos telúricos y hasta variaciones financieras podían ser visualizadas mejor con esta técnica, la de fractales. Siempre una imagen ilustra más que mil palabras. Para mi campo, sin embargo, es mejor la imagen como resultado y no como proceso.     

Bien encaré este nuevo método de cálculo, en 1995, arranqué con la redacción de un libro donde iba describiendo lo que yo estaba haciendo y dándole la forma de un manual de diseño. Lo bauticé "Nuevos Criterios en el Diseño de Pequeños transformadores". Lo dejé bastante avanzado, pero nunca lo terminé. Por una razón algo mezquina pero también profesional. Yo estaba dando forma a la fábrica de transformadores y mi capacidad de diseño, y diseño de precisión como era este método, era mi principal ventaja competitiva en mi zona de influencia y, con el tiempo, el país y la región. Ahora, ya consolidado como fabricante y diseñador, alcanzada hace rato mi altura de crucero, no tengo esos temores y riesgos. Y además, ahora me propuse disponer del tiempo libre suficiente para terminarlo. Con el siglo nuevo sospechaba que eso de "Nuevos Criterios" iba a pasar de moda y en breve de nuevo no iba a quedar nada. Pero hoy, a más de 25 años de concebido el libro, todavía no está popularizado esto de replantear todo el proceso para no requerir alguna tabla o curva. Así que aún le encuentro sentido. Y ahora gracias a los nuevos formatos, no esperaré a tenerlo 100% completo. Lo iré subiendo por partes e intentaré durante 2022 completar los 11 capítulos en que se divide.

Tuve muchos maestros y excelentes docentes y colegas que me permitieron convertirme en lo que soy. Uno en particular, que recuerdo con mucho afecto, es Roberto Garat. Yo acostumbraba visitarlo fuera de las horas de clase en el Depto de Potencia, en la UNT. Y nos pasábamos horas charlando. Yo intentando sacarle toda la información posible, muy generoso el hombre. El núcelo duro de lo que fue formación profesional se basa en sus enseñanzas. Yo le contaba las cosas que estaba haciendo. Y casi nunca hacía comentarios. Me daba la impresión que no le interesaba, o que le parecían cosas triviales. La última vez que lo vi, estábamos ya despidiéndonos en el pasillo, en la puerta de Potencia y se acerca caminando otro docente. Garat lo detiene y me introduce. Y le dice a su colega: "aquí Corvalán está dedicado a un área de nuestra disciplina que en la Universidad tenemos completamente descuidada". Y le contó en breves palabras pero de manera muy concreta todo lo que yo le había contado en los últimos meses. Había prestado bastante atención a lo mío. Fue una vivencia que me impactó y que no olvido. Me afirmó que no todo lo hecho fue al pedo.    

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