Juan
Romero tenía 10 años cuando su familia emigró de México hacia California
buscando un futuro mejor. A los 17 años era todavía muy pobre así que para
poder atender a la secundaria Roosevelt de Los Angeles necesitaba trabajar
después de clase. Se iba al Ambassador Hotel donde trabajaba de botones. Esa
semana era muy importante para el Hotel. Ahí se alojó Robert Kennedy mientras
se desarrollaba la fundamental primaria demócrata que prácticamente le aseguraría
la nominación a la presidencia por su partido. El primer día le tocó llevarle
un pedido que había hecho a la habitación. Como era la costumbre, pensaba que
algún asistente recibiría el pedido con total indiferencia y si la suerte le
acompañaba recibiría una propina más o menos atractiva. Mayúscula fue su
sorpresa al ver que el propio candidato era quien le abrió la puerta y no solo
le recibió lo solicitado, sino que le estrechó la mano y le preguntó por su
nombre y también su edad. Juan se sintió conmovido por la dignidad y respeto
que por fin alguien mostró por él. Y se dio cuenta que la fama que precedía a Robert
Kennedy tenía mucho de cierta. La primaria de California arrojó una aplastante
victoria al candidato que prometía tolerancia racial, esperanza para los más
pobres y el fin de la absurda guerra de Vietnam. Con la impresión de su primer
encuentro todavía fresca, la noche del 5 de junio de 1968 Juan Romero se instaló
en la cocina por donde saldría el ahora triunfante candidato luego de su discurso
de agradecimiento. Quería felicitarlo personalmente y estrecharle la mano una
vez más. Y efectivamente, RFK avanzó en su dirección durante la desconcentración.
Lo miró con una sonrisa apacible que indicaba de inmediato que aun lo
recordaba. Las manos se estrecharon en el preciso momento que sonaron 8
disparos, 3 de los cuales impactaron en el cuello y el hombro de Kennedy que
inmediatamente se desplomó. Juan, con sus 17 años, se inclinó de inmediato con
la intención de ayudarlo a reincorporarse. Nadie más se atrevió a reaccionar.
Al verlo de cerca se dio cuenta que no iba a ser posible. Notó que el Senador
movía sus labrios. Arrimó su oído y escuchó las palabras "¿Están todos
bien?" Y el propio Juan nos cuenta
que sentía en ese momento que la vida de Robert Kennedy se desvanecía
literalmente de entre sus manos. Y con ella sintió que se desvanecían las esperanzas que
tenía de un futuro mejor.
lunes, 30 de abril de 2018
domingo, 1 de abril de 2018
RELATO DE PASCUAS
¿DIOS PRO o DIOS K?El quehacer cotidiano nos puede parecer radicalmente diferente si uno lo percibe a través de los relatos de Clarín o de Página/12. Sobre esta dualidad volveremos en otro artículo. Hoy es Pascua y además de felicitar (etimológicamente hablando) a mis amigos se me late escribir algo relacionado a la fecha.
Las andanzas de Jesús nos llegan, entre otras fuentes, a través de los cuatro Evangelios Canónicos, el de Marcos, Mateo, Lucas y Juan. Hoy se sabe que ninguno de ellos los escribió y que fueron registrados décadas después por escribas cultos y formados en el idioma griego, que ninguno de los mencionados hablaba, menos escribiría.
Si uno los lee de manera convencional, o “vertical”, empezando por uno y siguiendo por los demás como están presentados en La Biblia, aparentan cuatro versiones de aproximadamente los mismos hechos. Pero si uno los lee de manera “horizontal” (como sugiere el erudito Bart Erhman, probablemente el más ducho de los estudiosos actuales), es decir, tomar un evento en particular y leer como lo cuentan los cuatro evangelios, nos damos con discrepancias notables, no solo en los detalles, sino en la esencia misma.
De por sí la Biblia tiene una impronta muy diferente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Y hay mucha discusión entre los estudiosos sobre el por qué se anexó la Biblia Judía (Antiguo Testamento) a la Biblia de la nueva fe cristiana que nacía. La explicación más razonable es, desde mi visión, la que sugiere que los primeros difusores del mensaje cristiano encontraban más sencillo convencer a su feligresía que esto es una continuación anunciada de la fe que ya vienen profesando que un mensaje radicalmente diferente. En este sentido está escrito principalmente el Evangelio de Mateo que está lleno de referencias al AT y destinado a un público conocedor.
Bill Maher, el conductor y humorista yankee que milita activamente por el ateísmo pero que proviene de una formación católica, señala con acierto que Dios padre hoy sería republicano pero que Jesús, su hijo es definitivamente demócrata. Uno es soberbio, vengativo, muy cómodo entre las clases acomodadas y el otro es un marginal de sandalias rodeado de pobres, hippies, prostitutas y ladrones. En términos vernáculos el Padre sería PRO, implacable con opositores y celebrando como necesarios asesinatos y soñando con una masa inculta y sumisa mientras que Jesús con sus subsidios al pescado, el pan y el vino, curando gratis y con un discurso populista sería hoy sin duda un militante K.
En los Evangelios se nota, leyendo con detenimiento, este conflicto ideológico. El episodio más dramático se produce justamente la noche del jueves al viernes Santo previa a la detención de Jesús cuando él le pide al Padre que le saque de sus hombros el pesado yugo que se le asignó. Jesús, según Lucas, tiene dudas sobre la validez de lo que está por ocurrir, no le gusta, está aterrado y pide por una alternativa. Como sabemos, el Dios del antiguo testamento ni se digna en contestar. Él necesita ver sufrir, torturar y morir para perdonar los pecados del mundo mientras que Jesús da una formidable lección al impedir la lapidación de la adúltera expresando que el arrepentimiento es suficiente y condena el castigo físico. Son posturas diametralmente opuestas, desde lo concreto pero sobre todo desde lo moral. ¿Pueden estos dos personajes cohabitar en un mismo Dios? Volveremos sobre esto en otro artículo.
A partir de esa noche en Getsemaní, ¿Cómo trascurren los hechos posteriores? Depende de la fuente.
Lucas cuenta un vía crusis lleno de interacciones y diálogos. Mientras Jesús carga su cruz pasa frente a un grupo de mujeres que lloran desconsoladas y les dice (algo así): “hijas de Jerusalén, no lloren por mí, lloren por ustedes y sus hijos y por el destino que les aguarda…”. Aquí se muestra más preocupado por la suerte de estas mujeres que por el propio. Luego, siempre según Lucas, mientras lo están clavando al madero dice “Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen…”. Y mientras agoniza en la cruz tiene un diálogo absolutamente coherente con uno de los ladrones. Un ladrón se burla de Jesús y el otro lo enfrenta diciendo “él no merece estar aquí, no hizo mal alguno” para luego dirigirse a Jesús diciendo “Señor, recuérdame cuando entres en tu reino”. A lo que Jesús responde “de verdad te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”. En este Evangelio de Lucas Jesús sabe perfectamente lo que le está ocurriendo y hacia donde va. Aparenta estar en control de la situación y termina diciendo “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” y muere.
Los mismos hechos relatados por Marcos en el más antiguo de los Evangelios son muy diferentes. Jesús aquí recorre el camino hacia su crucifixión en total silencio, no habla con nadie, no dice nada mientras lo clavan a la cruz y agoniza sin decir palabra. Instantes antes de morir, en un tono de absoluta frustración grita: “Padre, ¿por qué me has abandonado?” y muere. Dramático y desgarrador, algo completamente diferente. Este desentendimiento entre hijo y padre me parece una visión descarnada y revolucionaria entre un mensaje opresor y represivo presente en el AT y otro mensaje de esperanza y lecciones de vida destinadas a este mundo y un protagonismo del marginal ausente hasta ese momento. Esta disociación entre los discursos y el sentido mismo del padecimiento de Jesús motivo de controversia entre padre e hijo es aprovechado al extremo en la excelente fantasía de Saramago “El Evangelio según Jesucristo”.
Aquí dejo al lector la especulación sobre lo que puede haber ocurrido en base a dos relatos bíblicos muy diferentes: Jesús en una actitud distendida, didáctica y en control de la situación con un final conciliador hacia su padre o un Jesús absolutamente consternado, asustado y padeciendo a disgusto una situación que termina en una angustiada recriminación hacia su padre.
Yo armé ya mi relato y hace muchísimo le solté la mano al Dios Padre, aquel que ordenó a Adán y Eva una vida llena de placeres pero sumidos en la ignorancia total y bajo amenaza permanente y me quedé con su hijo revoltoso que definió como bienaventurados a los pobres y excluyó de su reino a los ricos y privilegiados. Y ese relato a mí personalmente me cierra con una muerte a pura puteada, como me lo cuenta Marcos. Pero como siempre aclaro, es solo mi punto vista. Felices Pascuas amigos.
sábado, 30 de diciembre de 2017
LA MENTE EN EL LUGAR DEL CORAZÓN
En 2013 decidimos mudarnos a San Pedro. Un combo de razones pero las principales respondían a un grado de violencia y falta de funcionamiento de San Miguel como ciudad. Fui uno de los 100 que participó de la elaboración el Plan Estratégico en el año 2006 para la ciudad con la meta en 2016. Mientras la mayoría de planificadores insistían con caminerías, paseos y avenidas como lo que hoy se está haciendo en la costanera del Salí, un lustro tarde, lo mío insistía en la integración del individuo, la capacitación y su inserción como sujeto social y como poner a ejércitos de vendedores y limpiavidrios que pululan semáforos para nuestro malestar pero que lo hacen como alternativa superadora a salir a robar, a capacitarse en un oficio y hacer el seguimiento para garantizar su aporte a la comunidad, a valorar su rol y palanquear el autoestima. Totalmente realizable a mi modo de ver. Mientras que en cada reunión destacaban y aplaudían mis aportes en el documento final brilló por su ausencia completamente. El mismo equipo de consultores logró incorporar este aspecto como pata fundamental en la transformación de Rosario, Santa Fe. Aquí ni una palabra.
Volviendo al cambio: la mudanza significó un esfuerzo titánico. Yo tengo oficio, creo que fue la mudanza número 30 en mis 57 años de vida que llevaba entonces. Y me banqué el esfuerzo porque la visualizaba como mi última. Casa y fábrica. Llegué a 20 viajes en camioneta cargada a lo largo de varios meses cuando dejé de contar. Por suerte mi mujer se encontraba en Europa ese semestre y no tuvo que padecer esas travesías nocturnas con la Ranger hasta el moño. Luego se sumaron 3 viajes más en camión con grúa que me facilitó un amigo. Terminado el largo proceso quedaba entregar el enorme local en Tucumán que había funcionado de fábrica y vivienda por casi 3 años. Un pibe con motocarro nuevo se dedicaba a sacar todo lo chatarreable: hierro, aluminio y todo tipo de recortes y materiales que no trajimos a San Pedro.
Lo último que quedaba eran toneladas de papeles de la oficina. Facturas, remitos, recibos, intimaciones, folletería que se acumularon por décadas. Estaba a una cuadra de Campo Norte. Se me ocurrió salir a buscar alguien con un carro para que venga a sacar esto último cosa de pegar luego una barrida liviana y entregar la llave. Luego de un par de vueltas y ya casi resignado al fracaso encuentro a dos pibes al trote arriba de un carro. No más de 12 o 13 años el mayor. Y si bien detesto el trabajo infantil se me ocurrió que sacar papeles y darme una mano y retribuirles acorde los ayudaría al menos para un par de días. Los paro, les explico la situación y me siguen de inmediato. Entran por el amplio portón sin problemas y estacionan jardinera y bicho de tal suerte de quedar a tiro de la pila de papeles.
Cumplo con la ceremonia de pedir presupuesto una vez que miran la magnitud de la tarea. Me quejo un poco de la cifra para que no piensen que se quedaron corto pero ya en mi mente había decidido pagarles eso y un poco más. Es muy diferente para mí un servicio que necesito una vez que algo que voy a requerir periódicamente. Nunca voy a ser millonario pero soy feliz.
Mientras empiezan de inmediato a cargar los papeles, carpetas y demás elementos noto que el mayor era el predispuesto a la conversación. El hermanito menor se dirigía de vez en cuando solo a su hermano y casi en secreto. Con el intercambio animado me sumo a la tarea para ganar tiempo. Luego de varios minutos y con el carro semi lleno noto entre las carpetas aún en el suelo una con dibujos de mi hijo. La separo y la miro. Borradores, ejercicios, todos sensacionales como es su costumbre. La dejo a un lado para llevármela. Los chicos siguen cargando pero entre los papeles sueltos quedaron un par de dibujos más. El mayor los alza entre un montón más y ya presto a tirarlos en el carro alcanza a notar uno. Se queda paralizado. Mientras que con una mano frente a su cara estudia con cuidado el dibujo de la otra lentamente van cayendo las hojas que estaba por arrojar. Luego de un rato nada despreciable levanta la vista y me pregunta mientras señala el dibujo con la mano ahora desocupada: “¿quién dibujó esto?”
“Mi hijo” le respondo. Luego de otro rato mirando me pregunta con toda precaución: “¿Me lo puedo quedar?”.
“Claro” le respondo.
Y antes de seguir con su tarea se pone a revolver lo que había en el suelo y encuentra dos hojas más. Las junta a las 3 con cuidado y las deja a un lado.
Un mar de emociones, de ideas, sensaciones y frustraciones pasan por mi cabeza. Y ese peso sobre los hombros que siento desde la infancia, como si tuviera que cargar toda la injusticia del mundo sobre mi espalda. Qué lo parió.
Ese pibe, sensible, perceptivo y capaz de reaccionar frente al arte es la cara que yo veo cuando hablan de AUH, cuando mencionan una netbook del gobierno, cuando se menciona la copa de leche. Ese pibe que probablemente el día de mañana salte una tapia para robar una bicicleta o le arranque la cartera a una chica y salga corriendo tiene o debería tener otra oportunidad. Otra vida es posible. Cualquier intento es válido y tendrá mi apoyo. ¿Qué alternativa le estamos dando como sociedad, como comunidad organizada a un par de pibes que a esa edad deben andar acarreando basura ajena para intentar sobrevivir? Nos molestan cuando molestan. ¿Pero que dice eso de nosotros mismos, como comunidad? ¿Quién sin ponerse colorado puede endilgar la más mínima culpa en el otro si estamos dando la espalda a estas situaciones de carne y hueso? Un par, un semejante, un ciudadano, un hermano que convive en nuestra misma comunidad.
Yo me desgasto hablando de política no por peleador, no por meras ganas. Lo hago porque no solo me apasiona, me indigna el mundo en que vivimos y el nivel de individualismo y egoísmo que impera como media. Me indignan los que admiran a Ayn Rand, empezando por nuestro presidente que menciona uno de sus libros como integrante del par que leyó. La alabanza del egoísmo. Mi mente la mueve el corazón. Y sí, soy de izquierda, soy romántico. También tengo sangre y pasión para denunciar a diario esto que nos pasa. Por eso toco blues, por eso me enojo. Y por eso soy feliz sabiendo que al menos algo hago para intentar cambiar el lugar que me rodea, pensando que al cambiar mi aldea puedo cambiar el mundo.
Cuando ya los pibes terminaron su tarea el mayor agarra las hojas separadas y con el cuidado que puede las enrolla y las mete dentro de su remera y se sube a su carro. Le pregunto por último “¿te gustan los dibujos?” Me contesta con un simple “Sí” pero no es solo la palabra, era la intensidad con que lo dijo y la luminosidad de sus ojos. Y alzo la carpeta con el resto de los dibujos y le entrego. “Tomá, cuidalos”. Se le abren los ojos y no puede reprimir una sonrisa de asombro, sin saber que contestar.
Son dibujos de mi hijo, pero a mi hijo lo tengo. Yo puedo darme ese lujo. Este pibe no sé si tuvo un lujo alguna vez. No sé cuántas oportunidades como las que yo tuve cruzarán su camino. Ni una temo. ¿Cómo no sentir empatía? ¿Cómo no indignarse con la indiferencia, o peor, con el enojo del opulento que patalea porque debe pagar un punto más de impuestos sobre sus ingentes fortunas muchas veces amasadas a costa de estos hermanitos que deben revolver entre la basura para poder acceder a un picolé una vez a la semana?
Los miré alejarse hacia el Campo Norte, el caballo viejo y cansado, los hermanitos abrazados sobre el asiento y la carpeta azul prolijamente acomodada entre las tablas.
Amigos, no pretendo que cambien, no pretendo que compartan. Solo quiero que intenten comprender de donde sale mi vehemencia al expresar mis ideas. Son vivencias las que me formaron, no solo libros o ciertos intelectuales. Mi mente solo se acomodó a mi corazón.
Un muy feliz finde y que el 2018 les devuelva tanto como lo que ustedes deseen para el prójimo. Fuerte abrazo.
viernes, 8 de diciembre de 2017
Relatos Veraniegos I
ESQUEMA PIRAMIDAL – Una Pasado Esquivo
Luis O. Corvalán
Los que leen mis escritos con cierta
continuidad habrán notado que un tema recurrente en mis artículos es la Biblia,
en particular el Nuevo Testamento. Y también sabrán o habrán deducido que soy
agnóstico y particularmente no creo en el relato bíblico como tal. Pero como obra
literaria, como reflejo de procesos históricos y las propuestas filosóficas
que insinúa es fascinante. Se encierra dentro de una costumbre que adopté hace
muchos años: estudiar con bastante dedicación los temas en los que descreo o cuestiono para
fundamentar con precisión mis discrepancias. Veo con alarmante frecuencia a
amigos y demás que debaten furibundamente oponiéndose a autores, filosofías,
diarios, libros o puntos de vista que por no coincidir desconocen por completo. Mi posición, en
este caso de la Biblia, es al menos de profunda admiración.
En un momento de mi vida, hace poco más de una década, se me dio por estudiar las religiones que florecieron en USA
en el siglo XIX y algunas del siglo XX. Me concentré en las más
exitosas, por decirlo de alguna manera: Los mormones o “Latter Day Saints”
(Santos de los Últimos Días), los Adventistas y los Testigos de Jehová. Para un
escéptico tirado a racionalista como intento definirme a veces, estas
religiones tienen una serie de curiosidades particulares pero también aspectos
estructurales en común. Para dar respiro a los católicos, ámbito en que me crié
y conozco en profundidad, vamos a arrancar esta serie de lecturas breves para
el verano con una pincelada curiosa de los Testigos de Jehová.
Esta religión, como tantas otras, nació, al igual que muchos partidos políticos y
corrientes internas, del despecho. Su fundador Charles Taze Russell lanza su
micro emprendimiento como resultado de sus desacuerdos con sus socios
estudiosos, en particular uno llamado Nelson Barbour, un Adventista que
anunciaba la venida de Cristo en 1878, del que tomó sus primeras ideas. A
diferencia de Barbour que quedó algo golpeado cuando 1878 pasó sin novedades,
Russell siguió adelante y en 1879 publicó su primer número del “Atalaya” y para
1881 co-fundó la Zion's Watch Tower Tract Society que hoy se conoce popularmente como los Testigos de Jehová.
Ni remotamente tan delictiva como la historia de Joseph Smith, fundador de los
Santos de los Últimos Días y que será motivo de mi próxima entrega, los
delirios filosóficos e interpretativos de Russell son tan extremos que los
Testigos actuales ocultan o directamente desconocen porque son cuidadosamente
ignorados en las Congregaciones. Aquí resumo una de las tantas curiosidades.
Russell sostuvo hasta su muerte (1916) que la
Gran Pirámide de Giza fue construida bajo la supervisión de Dios. El gran “testigo
de piedra” de la presencia de Dios, solía llamarla[1][2].
Hoy en día los eruditos serios dedicados a estudios bíblicos deben como mínimo
dominar el griego clásico, idioma en que fue escrito el Nuevo Testamento y
eventualmente el hebreo, si el estudio incluye el Antiguo Testamento. Russell,
como la mayoría de los eruditos de su movimiento (Frederick W. Franz el más
conocido), no manejaba ninguno de esos idiomas y el estudio bíblico se limitaba
a la célebre versión en inglés conocida como La Biblia del Rey Santiago, una
formidable pieza literaria que es una traducción al inglés de la célebre Biblia
de Erasmo de Roterdam escrita en latín (traducción conocida como Vulgato) por
encargo del Vaticano cuya primera edición apareció en 1522 y la cuarta,
corregida por el mismo Erasmo, en 1527. Esta obra de Erasmo merece una historia
aparte que intentaré incluir en esta serie[3].
Volviendo a Russell, sus estudios bíblicos se
limitaban por fuerza a autores en inglés. De mediocres estudiosos como John Taylor
y Joseph Seiss, entre otros, Russell extrae los vínculos del Dios hebreo con la
gran pirámide de Giza. La Biblia en piedra, llega a llamarla. Y en su tumba hoy
existe es una pirámide de piedra que confirma esta creencia. La curiosidad
relatada es cuidadosamente ignorada en la actualidad porque no hay evidencia
alguna, con el avance de los conocimientos en historia y arqueología, que
sostenga la interpretación de Russell. A tal punto esto que hace unos meses
cuando a unas señoras que regularmente llaman a la puerta para promover la
particular visión de la realidad de los Testigos les mencioné las teorías
abandonadas sobre la gran pirámide me lo negaron enfáticamente. Para desgracia
de los propios Testigos, el culto arrancó y continua como una gran imprenta que
deja todo por escrito, lo que hace difícil negar el caprichoso y cambiante
sendero de interpretaciones sobre el que se asienta esta fe.
Para cerrar este primer relato y que da una
vuelta de tuerca sorprendente a la interpretación de Russell es que a su muerte
fue sucedido por Joseph F. Rutherford, un abogado luego convertido en juez que
fue el que organizó a los Testigos en el gran aparato de difusión que es hoy,
instalando la obligación de las visitas puerta a puerta y centrando en un gran
cuartel general el manejo mundial de la organización. Él personalmente
supervisó el montaje de la pirámide de piedra que acompaña la tumba de Russell
en 1921 pero ya para 1928 descartó todo significado bíblico de la Gran Pirámide,
incluso sugiriendo su construcción como de origen satánico[4].
Así se abandonó casi 50 años de enseñanzas que le daban a la Gran Pirámide un
rol predominante en la doctrina de los Testigos de Jehová. En un número del
Atalaya de 1956[5] mencionan al pasar que “otros”
afirman que la Gran Pirámide fue construida bajo inspiración divina y menciona
a John Taylor pero evita mencionar a Charles Russell negando completamente uno
de los pilares de su doctrina, fundacional en esa particular religión.
![]() |
| Pirámide en la Tumba de Charles Taze Russell Pittsburg, Pennsylvania |
[1] Chapter 10—THE CORROBORATIVE TESTIMONY OF GOD'S STONE WITNESS
AND PROPHET THE GREAT PYRAMID IN EGYPT – Charles t. Russell - 1891
[2] Watchtower, June 15, 1922, página 187
[4] Watchtower,
Nov 22, 1928
[5] Watchtower,
May 15, 1956 Páginas 297-300
[6] Harvard
Magazine – July-August 2003 – Jonathan Shaw – “Who Built the Pyramids”
sábado, 2 de diciembre de 2017
MAXWELL PERKINS – EDITOR DE GENIOS
Mi viejo en su juventud escribió un libro que, google
mediante, descubro que aún se referencia como definitorio del “Postmodernismo”
en la literatura hispanoamericana. El período brillante entre las dos grandes
guerras del siglo XX. Ese período tiene un correlato en la literatura norteamericana
que por suerte el destino puso parcialmente en mis manos. Si bien mi
especialización cayó en la técnica, el ambiente en que pasé mi primera infancia
me iba a conducir hacia las letras tarde o temprano. Yo había ya leído libros
al azar durante mi primera década de vida donde por alguna razón la historia y
las biografías me fascinaron más que la ficción, tan proclive a esas edades.
Theodore Roosevelt, Abraham Lincoln y la historia de la Segunda Guerra Mundial
fueron mis primeros temas “serios” entre los 8 los 11 años. Sin descartar las
novelas detectivescas de los Hardy Brothers, el equivalente masculino de Nancy
Drew, destinadas ahora sí a los pibes de mi edad. Esto me depositó unos años
después en las manos de Arthur Conan Doyle cuya obra completa me devoré en
menos de un año. Cuando mi viejo se percató que yo pasaba cuantiosos minutos
mirando los lomos de su extensa biblioteca entró en acción. Se levantó de su
silla, fue directo a sacar dos libros y me dijo “empezá por aquí”. Me prestó “El
señor de las Moscas” de William Golding, que ganaría luego el premio Nobel de Literatura,
y “La Naranja Mecánica” de Anthony Burgess, contemporáneos y británicos ambos.
Ahí arrancó un proceso que me llevaría por hitos caprichosos de la literatura
del siglo XX. Ahora entro en tema:
Volviendo al período post moderno, el azar y
Netflix me regaló la película “Genius” que en castellano tiene el insulso
nombre de “Pasión por las Letras” y cuyo título original también despista un
poco, ya que la peli va de la vida del editor Maxwell Perkins, el “Editor de
Genios” como es el correcto nombre del libro en que se basa el film. Escrito
por el biógrafo Andrew Scott Berg que se paseaba por los pasillos de la
Universidad de Princeton mientras nosotros vivíamos a pocos kilómetros y mi
viejo en la Universidad de Rutgers escribía el mencionado libro, este autor
relata la vida de un editor de New York que descubre nada menos que a Francis Scott
Fitzgerald, Ernest Hemmingway y Thomas Wolfe. El film recorta la narrativa a un
período breve que arranca en 1929 y relata la relación entre Perkins (Collin
Firth) y Wolfe (Jude Law) y sus esposas (Laura Linney y Nicole Kidman
respectivamente). Los otros dos autores que conforman el selecto grupo de “genios”
a que hace referencia Berg en su libro lo interpretan Guy Pierce y Dominic West
(The Affair). El trío de autores forman parte de lo mejorcito de la literatura
de ese período. Fitzgerald y Wolfe morirían jóvenes, probablemente por eso se
los conoce como “la generación perdida” de la literatura norteamericana.
La película que se estrenó en 2016, dirigida
por Michael Grandage, un director teatral inglés, me emocionó
como pocas películas que vi recientemente. Con un 50% de aprobación promedio
entre críticos y público más aprecio mi reacción ante el film (por alguna
neurosis personal no me gusta gustar del gusto masivo). Aunque los personajes
son principalmente estadounidenses, la producción y los actores son
predominantemente ingleses, incluso la locación que se supone New York y sus
suburbios fue mayormente filmada en Manchester.
Para
un día de lluvia, para los amantes de un buen guión, buenos diálogos y los
conflictos humanos recomiendo esta película aunque no se hayan visto tan
identificados con esta época y sus letras.
jueves, 13 de abril de 2017
LA MUERTE DE JESUS - Probables Fechas
Luis
O. Corvalán – 5 de abril de 2015
En un
espantoso tema Arjona descorcha la frase “no le quites años a tu vida”. Se me
vino a la memoria cuando investigué las andanzas de Jesús dentro de un probable
contexto histórico. Aquí mi razonamiento.
Mencioné
hace pocos meses los estudios que apoyan la idea que Jesús nació entre el año 4
y el 6 antes de Cristo. Los astrónomos, especialidad antigua si las hay, hacen
frecuentes apariciones en los relatos históricos y eso nos permite hoy
determinar con exactitud la fecha de ciertos eventos. Por ejemplo, se sabe ya
bastante certeramente que Herodes el Grande murió después del 13 de marzo
(eclipse lunar) y antes del 10 de abril (Pascua) del año 4 antes de Cristo. Los
relatos bíblicos ubican a Jesús naciendo durante el reinado de Herodes, razón
por la cual no pudo nacer después de esta fecha. Este tema ya lo desarrollé.
Hoy, Pascua, quiero hablar de su
muerte. En las escrituras, tanto los 4 evangelios canónicos como en los otros
evangelios hay muchísimas referencias al oscurecimiento del cielo y muchos
hablan de un terremoto el día que Jesús muere. Esto es un dato astronómico de
enorme valor. Y hay muchísimas referencias de textos no bíblicos de un evento
que puede responder a esto relatado por los evangelios. Un eclipse total cayó
sobre Jerusalén el 24 de noviembre del año 29. Este eclipse duró 1 minuto y 15
segundos. La fecha coincidiría con la edad que popularmente se le atribuye a
Jesús para cuando muerte, unos 33 años. Pero esa fecha tiene un inconveniente:
no coincide con la celebración de las pascuas.
En el
año 32, en cambio, ocurrió un eclipse total según muchas crónicas de la época
que oscureció Jerusalén por un período excepcionalmente largo para este tipo de
fenómenos. Este evento se vio en muchas partes del imperio romano y fue muy
documentado. Flemón, un historiador de la época de Adriano, menciona un eclipse
largo durante las Olimpíadas número 202, realizadas en el año 32 (se celebraron
religiosamente cada 4 años desde el 776 antes de Cristo hasta el año 394 de los
nuestros). En una carta de Pilatos a Tiberio menciona también el oscurecimiento
iniciado a la hora sexta y prolongándose por “horas” y cita también el
terremoto. Este hecho también se ubica en el año 32. Desde Heliópolis, Egipto, el
personaje conocido como Pseudo Dionisio escribió que pudo observar el eclipse
desde allí a la misma hora. Eusebio menciona el oscurecimiento y lo ubica en el
año 18 del reinado de Tiberio, que asumió en el 14, lo que da también el año
32.
Tomando
todas estas referencias históricas parece que la descripción de la crucifixión
indica que debió ocurrir ese año, el 32 de nuestra era. Pero ahí mete la cola
la astronomía moderna. Primero, está la duda de que la mención bíblica se
refiera a un eclipse de sol, ya que la pascua, según el calendario judío, va de
la mano del calendario lunar y coincide siempre con la luna llena y esto ubica
a la tierra entre el sol y la luna, sin posibilidad de eclipses. Pero un
eclipse largo se produjo el 19 de marzo del año 33 visible desde vastas
regiones del imperio pero no desde Jerusalén. Eclipses largos y totales se
vieron en Jerusalén en el año 27 y 45, lejos del año supuesto para la
crucifixión. Un investigador norteamericano del Instituto de Astrofísica de
Canarias reflota la teoría del eclipse total del 24 de noviembre del año 29, ya
que un software de la NASA le permitió ubicar el eclipse total en Jerusalén a
las 11:04 del mediodía. Esta referencia astronómica bastante contundente lo
ubica a Jesús muriendo a sus 33 años pero lejos de las pascuas. Los relatos
históricos, en cambio, lo dan muriendo entre el 3 y el 7 de abril del año 32,
en plena Pascua, coincidiendo con los relatos bíblicos, pero con unos maduros
36 años como mínimo.
Yo, a
puro pálpito, me inclino por esta última fecha, respaldada por abundantes
documentos y por el relato del propio Pilatos a Tiberio que a las postres le
generarán una reprimenda que es un tema fascinante para otro relato. El
oscurecimiento mencionado por todos no pudo ser verificado por la astronomía
moderna, pero que ocurrió algo en el 32 no tengo casi dudas. Solo quería
compartir estos datos con mis amigos en este día tan importante. Y aunque sus
casas, como la mía, estén ligeramente desordenadas, les deseo a todos: FELICES
PASCUAS.
miércoles, 22 de febrero de 2017
EL MACHADO QUE HABITA EN MI
Yo nací en castellano. Pero casi
de inmediato empecé a crecer en inglés. El castellano era ese idioma que
hablaba en casa. Todo lo demás era inglés. Los amigos, la TV, los vecinos, los
compañeros, el diario, el aprendizaje formal de la escuela. Y así aprendí a
escribir, a leer y a pensar en inglés. Para cuando cumplí 11 yo sentía que
dominaba el idioma, para esa edad. Ortografía, gramática, sintaxis, comprensión
de textos, capacidad de síntesis, composición. Superaba a la mayoría de mis
compañeros que habían nacido en inglés. Ya estaba abocado a la lectura. Había
pasado por biografías de ilustres, las novelas detectivescas para adolescentes
de Flanklin Dixon, la contraparte masculina de las novelas de Nancy Drew. Y ya
había navegado por las tinieblas de Edgar A. Poe. Me leía todo.
Antes de cumplir los 12 regresé a
Argentina. Fue una movida intempestiva, traumática y desde mi punto de vista,
totalmente inconsulta. Y Argentina estaba en castellano. Idioma que no leía ni
escribía, ni era habitué.
No era algo tan imposible de
aprender. La escritura era mucho más intuitiva que en inglés. Pero recién
empezaba, arrancando a los 12. Al alcanzar los 14 el inglés abandonado ya
mostraba señales de óxido, debía esforzarme para recordar cómo escribir ciertas
palabras. Solo el cine me mantenía mínimamente en forma. Y el castellano era de
una torpeza de principiante. Tomé conciencia que ya no dominaba ningún idioma.
Me costaba decidir en qué leer, mientras pensaba en inglés mi entorno era en
castellano. Una tierra de nadie depresiva y frustrante. Solo la pasión por su
profesión de Oscar Aguirre, el mítico profesor de literatura del Instituto Técnico
y sucesor de mi viejo en ese cargo, me mantenía encendida alguna esperanza de
superar mi arranque tardío y falta de oficio.
Durante esas tribulaciones
descubrí a Joan Manuel Serrat y por él llegué a Antonio Machado. Primera vez
que las letras en castellano me llamaban la atención. Y no me conformé con el
disco. Me compré un libro. A pesar de mi limitado vocabulario, lograba una
belleza exquisita con palabras que yo entendía. Algunas de las palabras se me
piantaban, pero aún entonces se “sentía” bien. Poe sostenía que la poesía llega
al alma, a diferencia de la prosa, que llega a la mente. Y allí llegaba este sevillano,
al alma.
Así empecé a hacer las paces con
el idioma. Entré de la mano de Machado. Hoy fue su día. Murió en el exilio,
perseguido por los incorrectos, los condenados por la historia, los nadies, un
22 de febrero de 1939. “Lo nuestro es pasar” decía. Y sí, él pasó. A lo grande.
Este profesor rural, humilde, sensible, que sería la mayor expresión entre
enormes contemporáneos de una España perdida que no terminaba de morir ni
acababa de nacer, como bien lo describió. Mi agradecimiento y homenaje por
tanta belleza, por tanto ejemplo, por tanto arte.
jueves, 16 de febrero de 2017
GEOMETRÍA, SOLEDAD Y FÚTBOL
Yo aterricé en Argentina a los 12 años. Había participado en deportes
toda mi infancia pero ni por descuido tuve que patear una pelota redonda. Mis
años en USA alternaban entre el baseball, el basketball y el football. Este
último era el deporte donde me destacaba. Era receptor.
Aquí había un deporte gravitante que se practica año redondo en
estadios, potreros y calles de barrio. Y por supuesto los chicos de mi edad ya
manejaban con cierta decencia “la pelota”, así a secas, entendiéndose
inequívocamente que es la redonda del fútbol, deporte mundial.
A los pocos meses me tocó ir a veranear a un pueblito de Córdoba y ahí
había un grupo enorme de chicos de mi edad provenientes principalmente de
Buenos Aires, la propia Córdoba, Santiago del Estero y Tucumán. Y a las semanas
de llegar se organizó un partido de fútbol que aparentemente era tradicional
todos los años. Se armaban dos equipos que se llamaban Buenos Aires y Córdoba.
Los porteños eran mayoría así que en equipo cordobés se incluían a los
santiagueños y tucumanos. Y yo estaba ahí, mirando desde la orilla de la cancha
como correspondía a alguien que nunca había jugado a tan trascendente deporte. Yo
estaba parado detrás del arco de los cordobeses. El partido era re interesante,
había buenos jugadores de ambos lados. El arquero cordobés estaba ahí por
compromiso. A esa edad todos quieren jugar y quedar al arco es un castigo para
el circunstancial pibe. En un momento dado, cuando el partido estaba
promediando y bastante caliente, un jugador del equipo de Córdoba sale de la
cancha no recuerdo por qué. El arquero desesperado ve su oportunidad y quiere
salir corriendo a ocupar su lugar. Mira alrededor con cara de necesidad y me
ve. Inmediatamente me grita: “vos quedá al arco, yo tengo que jugar.” Así, como
si quedar al arco no calificara como “jugar”. Antes de que pudiera decir “esta
boca era mía” veo que el partido prosigue y no hay nadie en el arco. Me ubico
más o menos en el lugar correspondiente y empiezo a focalizarme en la pelota.
Veamos en qué consistía mi experiencia en el “football”. El receptor
es el que corre hacia adelante sin la pelota a la espera que el “mariscal”
despache un pase que en el caso que lo baraje sin que toque el piso se
considera “completo” y un gana mucho terreno hasta que un rival te voltea. Para
poder atrapar la pelota debo eludir a un marcador que se pega a uno como
chicle. Si decido correr en profundidad y mi marchador me sigue atrás, el
mariscal debe tirar una pelota “llovida” que pase por sobre el cuerpo de mi
marcador y yo debo atraparla por sobre mi cabeza con los brazos extendidos
hacia adelante y mi cabeza mirando hacia atrás en dirección de la pelota que se
acerca. Y es una pelota ovalada, más chica y puntiaguda que una de rugby. Si
decido engañar a mi marcador y quedar entre él y el pasador, aquí hago contacto
visual y me tira un pase recto apuntando a mi pecho. O si al eludir a mi
marcador quedo corriendo a lo ancho de la cancha con el marcador detrás el pase
irá un metro delante de mí para quedar inalcanzable al rival. Yo había
desarrollado estas habilidades muy particulares que ahora en Argentina me eran
totalmente inútiles. O al menos eso creía.
No pasaron muchos segundos en el partido hasta que un par de rivales
se acercan al arco con la pelota dominada y antes que la defensa pueda
interponerse uno de ellos patea al arco. Una pelota redonda que se dirige en mi
dirección era algo que me resultaba familiar. No solo eso, más sencillo. Algo
redondo es más previsible que algo ovalado. Sin ningún esfuerzo la atrapo. No
atajar, tirarla por ahí, o despejar al corner. Atraparla, no dar rebote,
dejarla pegada a mi pecho. Memoria muscular, lo llama un amigo músico. Mis
compañeros quedan sorprendidos. Nunca me habían visto jugar. Y así prosiguió el
partido, me atajé absolutamente todo, no pudieron hacer un gol más los
porteños. Y me parecía un privilegio casi vergonzante que yo podía usar las
manos y los demás no. Una pavada me latía. Así me introduje al más popular de
los deportes.
Me fascinaba quedar al arco. Pero con el correr de los meses comprendí
que es el más solitario de los puestos. Y el más ingrato. Si tu equipo llega a
perder por 1 a 0 y vos tenés algo que ver con el gol rival queda la sensación
que sos el culpable de la derrota. Nadie culpa de la derrota a los otros 10 que
durante una hora y media no pudieron hacer un puto gol en un arco rival de casi
siete metros y medio de ancho por casi 2 y medio de alto.
Mientras desarrollaba ciertas destrezas propias del nuevo puesto yo ya
había arrancado de lleno con mi formación técnica. Esto permitía saber que la
trayectoria de la pelota era una parábola y si el pateador dominaba el
“chanfle” podía semejarse a una hipérbola. Pero siempre respeta una simetría
casi religiosa. Un perro adquiere esa virtud de pronosticar la parábola de
manera muy precisa. Arrojale un trozo de comida y la atrapa al vuelo. Eso es
predecir la trayectoria.
Todas estas memorias y reflexiones volvieron a mi mente al ver las
tribulaciones que está pasando el nuevo arquero de Boca Axel Werner. Alcancé a
ver los 3 goles que le convierte Aldosivi a Boca hace una semana y que pusieron
en duda al pobre arquero. Y si, en al menos 2 de ellos tiene algo de
responsabilidad. Veamos en detalle.
El primer gol es producto de un patadón que se origina dentro del
campo de Aldosivi. Estamos hablando de más de 50 metros de trayectoria. En
términos deportivos esto es una eternidad. La trayectoria de la pelota es una
parábola perfecta. El arquero debe saber que al alcanzar su máxima altura el resto
de la trayectoria es un reflejo perfecto de lo ocurrido hasta entonces. Hay una
mínima diferencia pero que no hace a lo central del fenómeno. La pelota iba a
caer dentro del área. Podía usar las manos, la atrapaba en el aire, nada
pasaba. Dejarla rebotar es un crimen. ¿Por qué? Porque al impactar sobre el
terreno y “rebotar” una parte de la energía que traía la pelota la vuelve a
impulsar generándose una segunda parábola. Pero mientras la pelota viene
cayendo, antes de impactar el terreno, esta segunda parábola es una incógnita.
Depende de la dureza del terreno, del largo del césped, de la presión del aire
dentro de la pelota y otras minucias. “Coeficiente de Restitución” le llamaría
un físico presumido. Por lo tanto es más difícil pronosticar por donde pasará y
uno se expone a exactamente lo que le pasó al Axel. Regla: abarajala en el aire
con la autoridad que te da el área y la enorme ventaja de usar las manos. Si no
te animás, parate debajo del arco para agarrarla antes de que ingrese. Si no
pasa por ahí, no hay posibilidad de papelón, saldrá solita afuera.
El segundo gol. Esta situación es distinta. Pero no demasiado. Es un
tiro de esquina. En el área se paran todos los jugadores, propios y rivales. La
primera opción para el rival es que salte y cabecee redireccionando la pelota hacia
el arco. Un buen cabeceador sabe elevarse y colocar la cabeza para desviar la
pelota al lugar que se propone. Un excelente cabeceador no solo coloca la
cabeza sino que la mueve de tal manera de además de desviarla la acelera al
impactarla. El tiempo de reacción del arquero en este caso es mínima, en
particular si el cabezazo se produce cerca del arco. Pero aquí está un detalle
que pocos arqueros aplican, con notables excepciones. Un arquero de tamaño
normal y con un salto medianamente decente, al extender sus brazos tiene un
alcance mayor al mejor de los cabeceadores. Si la pelota viene en parábola
hacia el área y en particular cerca del arco (para mí el punto del penal era
una frontera virtual), el arquero puede anticipar al más pintau de los
atacantes elevándose más y antes de que la pelota esté a una altura alcanzable
para una cabeza. Uno tiene al menos 60 cms de ventaja en altura y eso puede
significar unos 2 metros en la horizontal. De nuevo, la parábola es previsible.
Aquí el amigo Werner se quedó parado bajo los palos y el contrario impactó la
pelota a muy pocos metros no dándole ninguna oportunidad. Era responsabilidad
del arquero no permitir que ese cabezazo ocurra. En el famoso partido final de
Méjico 86 cuando el equipo de Maradona sale campeón, el empate transitorio que
enmudeció al país fue un caso similar. El excelente arquero Nery Pumpido,
sabiendo lo que estaba en juego, dudó en salir a interceptar el centro
quedándose bajo el arco, la pelota pasó entre sus manos. El más completo de los
arqueros que me tocó ver fue sin duda Ubaldo Fillol que combinaba excelentes
reflejos con un dominio del área sorprendente. Probablemente el más audaz a la
hora de salir del arco y no dejar cabecear a los rivales era Hugo Orlando Gatti,
contemporáneo de Fillol. El fútbol actual creo que lleva a los arqueros a ser
algo más conservadores y por lo tanto necesitan depender de los reflejos porque
muchas veces los veo de espectadores mientras la jugada trasciende a muy pocos
metros. Cosa de estilos.
Volviendo al pobre Axel, en el tercer gol no tuvo responsabilidad
alguna, pero la cagada ya estaba hecha.
Como en muchos aspectos de mi vida, mi carrera como arquero quedó
inconclusa y nunca le di la importancia que por ahí se merecía. Jugué para mi
curso, para mi colegio, en la facultad, un par de partidos en la liga comercial
y un día llegué a jugar en la cancha de San Martín para las inferiores. Pero
definitivamente no era lo mío. Mis pasiones pasaban por otro lado. Me comí
algunos goles imperdonables como corresponde, pero no recuerdo ni un caso en
que un delantero me haya ganado en un salto ni que se me haya escurrido la
pelota por entre las manos. Por supuesto, la presión de jugar para un equipo
grande y quedar como probable titular de la noche a la mañana nunca la viví.
Espero que Axel aprenda de estos errores y se transforme en el buen arquero que
puede llegar a ser con los reflejos que tiene, virtud esta última difícil de
aprender. Con reflejos se nace. Lo demás, como todo en la vida, se logra con
trabajo.
miércoles, 1 de febrero de 2017
VIOLENCIA DE GÉNERO BÍBLICO
El público en general no es gran lector de La Biblia. Pero
sin duda la anécdota más famosa del Nuevo Testamento es el de la mujer
sorprendida en adulterio. Y esto es mérito de Hollywood. No hay producción
sobre La Biblia que no incluya la célebre escena. Es más, en La Pasión de Mel
Gibson que retrata los últimos días de Jesús, muy posteriores a este episodio, se
las ingenia para insertar un “flashback” para incluir la infaltable escena. Y
aquí incluso se toma una licencia algo grosera. En su producción la mujer
adúltera no es otra que la propia María Magdalena, algo que La Biblia no
sostiene. Pero teniendo en el set a Mónica Bellucci fue demasiada la tentación
y terminó haciendo ambos roles que se suponían para mujeres diferentes. Que la
realidad no estropee una excelente noticia.
Este hecho se narra en Juan (7.53-8.11) y no en los otros
evangelios. Pero resulta que los eruditos coinciden en señalar que dicho pasaje
no está incluido en los manuscritos más antiguos del citado evangelio. Aparece recién
en el llamado “Codex Bezae” que data del siglo V. Y su inclusión interrumpe la
narrativa general del evangelio y difiere tanto en estilo como en gramática
respecto del resto del texto. El estilo es en cambio muy similar al encontrado
en el Evangelio de Lucas, pero nunca se encontró evidencia que vincule el
pasaje con los manuscritos originales de este evangelista. Al respecto el
especialista Bart Ehrman hizo una gran contribución en 1988 en su artículo “Jesús
y la Adúltera” donde demuestra que el relato es la confluencia de dos historias
más antiguas, una de la Didascalia de Papias y otra del Evangelio de los
Hebreos (Didymus).
En definitiva, el relato más famoso y recordado de La Biblia
y más retratado por Hollywood no
pertenece al texto original y fue introducido por alguien muchos siglos
después.
Sin embargo está muy bien desarrollado como parábola: al
acercar a las rastras a la mujer al lugar donde Jesús predicaba a sus
seguidores, los desesperados lapidadores querían ver si el promotor del amor,
perdón y paz contradecía la ley hebrea que ordenaba matar a piedrazos a la
mujer adúltera. Y la resolución que aplica Jesús es brillante: propone que
quien esté libre de pecado arroje la primera piedra. De esta manera no
contradice la ley hebrea (Thorá) pero logra evitar la sanguinaria ejecución.
Quien pergeñó el relato, que quedará definitivamente incorporado a La Biblia
recién 1000 años después de los hechos, fue un maestro haciendo escabullir a
Jesús de su encierro dialéctico. Solo se le escapó la forma y el estilo, muy
diferente al resto.
Más adelante podemos ver de qué manera los cristianos
concilian las enseñanzas de Cristo (Nuevo Testamento) con la vieja ley hebrea (Viejo
Testamento) y cuál es la razón que llevó a incluir al Viejo Testamento, a la
sazón la Biblia Hebrea, a La Biblia cristiana, a pesar de las grandes
contradicciones.
lunes, 30 de enero de 2017
PADRE E HIJO
Una de las revoluciones del siglo XX en física fue descubrir que las partículas elementales se comportan como tales, partículas, y como ondas. Un electrón es una partícula elemental pero cuando se estudia su comportamiento, por ejemplo en el famoso experimento de las dos ranuras, su comportamiento es como una onda. Esto generó un gran revuelo entre los grandes físicos del mundo durante la década del 20. La mecánica cuántica, el principio de incertidumbre y otras grandes leyes sobre la que se basa la física actual fueron creadas por estos genios. El descubridor del electrón como partícula sub-atómica y una aplicación práctica de este descubrimiento como fue la revolucionaria "válvula electrónica" fue J.J. Thompson, un físico inglés. Por esto se le otorgó el Premio Nobel de 1906. Pero en 1924 un notable físico francés llamado Louis de Broglie postuló que todas las partículas elementales, como el electrón, se comportaban además como ondas. Fue un físico inglés que demostró prácticamente que este postulado era cierto, que el electrón, la partícula, se comportaba en realidad como una onda. Y por esta comprobación se le otorgó el Premio Nobel de Física de 1937. Se llamaba George Paget Thompson y era el hijo de J.J. El padre ganó el premio por descubrir que el electrón era una partícula y el hijo por comprobar que era una onda. Ambos tenían razón
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miércoles, 28 de septiembre de 2016
Netflix 2: THE AFFAIR
Continuando con mis
reseñas netflixeanas hoy quiero comentar sobre esta serie erótica romántica. El
tipo cuarentón, docente de escuela pública y escritor ocasional, padre de
cuatro hijos y felizmente casado interpretado por el acertadamente insulso Dominic
West. Tiene un suegro escritor de los exitosos y millonario que le refriega la
ayuda económica y el éxito de sus publicaciones. Con una mansión en Montauk, un
lugar de veraneo en Long Island a pocas horas de New York, la casa del suegro
es el lugar obligado para pasar los meses de vacaciones de toda la familia. La
esposa, la interesante Maura Tierney (ER, Colores Primarios), disfruta de pasar
el verano en su casa de la infancia pero comprende el conflicto que genera en
el resto de los miembros de la familia, en particular en el marido y los dos hijos
adolescentes problemáticos. La contraparte, una mujer del pueblo de 31 años (Ruth
Wilson) que a diferencia de las típicas rompehogares de tantas otras tramas
similares, arrastra una tragedia reciente que le condiciona todo su accionar y
la convierte en un personaje oscuro e imprevisible. Sobre esta base se arma un
argumento que combina ingredientes de un thriller psicológico con un muy
particular manejo de los tiempos, mechando el relato con una investigación
policial que ocurre a posteriori de los hechos relatados y sobre una muerte que
permanece en el misterio durante largos capítulos. Pero lo más singular e
interesante de la serie es que cada capítulo está separado en dos mitades que
indefectiblemente se llaman “Noah” y “Alison”, los nombres de los amantes de la
trama. Y en esas mitades se muestran los hechos como lo ve, lo vive y los
recuerda cada uno de manera separada. Pero a diferencia de películas como “Elephant”
de Gus Van Sant donde se recrea una y otra vez las mismas escenas desde una
cámara diferente para mostrar las perspectivas de protagonistas pero reflejando
siempre la misma escena objetiva, aquí se muestran las situaciones de manera
completamente diferentes, alterando los diálogos, las improntas y hasta el
vestuario para reflejar la subjetividad de cada punto de vista. Y la
consecuencia más que interesante de esta manera de mostrar dos subjetividades
tan distintas de un mismo hecho es que será el espectador el que debe construir
a partir de esas dos vivencias su propia idea de lo que probablemente haya
ocurrido. Y sobre esa conclusión que dejan los guionistas en mano del
espectador se entenderán los hechos subsiguientes de la novela. Si bien la base
puede ser similar a tantas películas sobre la infidelidad como la extrema “Atracción
Fatal” con Douglas y Close o más sutiles como “Enamorándose” con De Niro y
Streep, The Affair nos relata un cuento inserto dentro de un contexto bastante
más elaborado con personajes secundarios bien desarrollados y gravitantes
dentro de la trama, algo que una miniserie en capítulos permite más que un
único largometraje. Hasta ahora solo disponible una temporada, pero la
recomiendo fuertemente.
Netflix 1: LA PARANOIA HECHA ARGUMENTO
Una
serie interesante pero solo para estómagos desapasionados que puedan separar la
realidad de la ficción. Homeland
propone una mirada desde las entrañas mismas de la CIA. Con toda la
esquizofrenia post 11 de septiembre, el argumento de esta producción de Fox que
debutó en 2011 y ganó rápido premios diversos, como un Globo de Oro a la mejor
serie en 2012 gira en torno a una agente muy competente pero que oculta una
bipolaridad que la obliga a vivir medicada, interpretada por la interesante
Claire Danes.
La actriz logra llevar al personaje desde una correcta agente de campo diestra en el manejo de contactos en el terreno de un siempre conflictivo medio oriente hasta convertirse en una burócrata despiadada a la hora de la toma de decisiones en las temporadas finales. La serie muestra una ficción que me aparenta bastante más cercana a la realidad que tantas otras series y películas que giran en torno a la entidad de Langley cargada de una mística necesariamente negativa. Aquí se aprecia una interna permanente y feroz (como la que vimos en Peligro Inminente, por ejemplo) y se comprende por qué los EE.UU. jamás dejarán su rol de gendarme del mundo. Este brazo particular de su aparato de guerra se mueve con una autonomía total del poder político. Si bien del Despacho Oval bajan línea y dan las pautas, son los directivos de la agencia los que deciden de última que cosas comunicar y que cosas mantener ocultas de sus superiores políticos. El enemigo se centra casi exclusivamente en medio oriente pero tanto los aliados de la región como hasta los terroristas más buscados por la propia agencia tienen los vasos comunicantes que los vinculan con algún estamento de la propia CIA, aun con la ignorancia de otros. Enemigos acérrimos y aliados en una misma persona. Una vuelta de tuerca interesante es justamente esta estructura corrupta que pone a los buenos y malos divididos por una extraña diagonal que deja de un lado y del otro a propios y extraños en proporciones parecidas. Leales servidores públicos tan yankees como el pastel de manzana o la guerra preventiva terminan siendo grandes traidores mientras que un funcionario pakistaní que reúne el estereotipo de todo lo malo desde la óptica norteamericana resulta un fiel colaborador del imperio. Todo esto matizado permanentemente con complejísimas relaciones humanas que vinculan a los protagonistas con sus parejas, sus familias, pasados tormentosos y extrañas relaciones florecidas del propio seno de ese trabajo border que deben llevar adelante. Insertada la fantasía como una pieza oculta de un rompecabezas que encaja perfectamente dentro del contexto de realidad de la última década, el argumento puede tranquilamente verse como “the making of” de una parte de la realidad que los interesados en política internacional conocemos al dedillo. Todos los ingredientes de fotografía, edición, efectos, en lo formal mientras tecnología de punta e incorrecciones de todo tipo se vuelcan en el relato para hacer de esta serie un entretenimiento creíble a la hora de poner sobre la mesa un proceder que por defecto se mantiene convenientemente oculto de la sociedad. La CIA, el imperio y su reacción frente a un presente que les resulta incomprensible y que desde hace 15 años los hace ver al mundo más bipolar que la propia protagonista. Un argumento que se entiende perfectamente sabiendo la paranoia que arrastra el golpeado imperio en cuestión. El gran inconveniente es que estos procederes nos arrastran a todos. Recomendable.
https://www.youtube.com/watch?v=z2vvkPJ0-7g
La actriz logra llevar al personaje desde una correcta agente de campo diestra en el manejo de contactos en el terreno de un siempre conflictivo medio oriente hasta convertirse en una burócrata despiadada a la hora de la toma de decisiones en las temporadas finales. La serie muestra una ficción que me aparenta bastante más cercana a la realidad que tantas otras series y películas que giran en torno a la entidad de Langley cargada de una mística necesariamente negativa. Aquí se aprecia una interna permanente y feroz (como la que vimos en Peligro Inminente, por ejemplo) y se comprende por qué los EE.UU. jamás dejarán su rol de gendarme del mundo. Este brazo particular de su aparato de guerra se mueve con una autonomía total del poder político. Si bien del Despacho Oval bajan línea y dan las pautas, son los directivos de la agencia los que deciden de última que cosas comunicar y que cosas mantener ocultas de sus superiores políticos. El enemigo se centra casi exclusivamente en medio oriente pero tanto los aliados de la región como hasta los terroristas más buscados por la propia agencia tienen los vasos comunicantes que los vinculan con algún estamento de la propia CIA, aun con la ignorancia de otros. Enemigos acérrimos y aliados en una misma persona. Una vuelta de tuerca interesante es justamente esta estructura corrupta que pone a los buenos y malos divididos por una extraña diagonal que deja de un lado y del otro a propios y extraños en proporciones parecidas. Leales servidores públicos tan yankees como el pastel de manzana o la guerra preventiva terminan siendo grandes traidores mientras que un funcionario pakistaní que reúne el estereotipo de todo lo malo desde la óptica norteamericana resulta un fiel colaborador del imperio. Todo esto matizado permanentemente con complejísimas relaciones humanas que vinculan a los protagonistas con sus parejas, sus familias, pasados tormentosos y extrañas relaciones florecidas del propio seno de ese trabajo border que deben llevar adelante. Insertada la fantasía como una pieza oculta de un rompecabezas que encaja perfectamente dentro del contexto de realidad de la última década, el argumento puede tranquilamente verse como “the making of” de una parte de la realidad que los interesados en política internacional conocemos al dedillo. Todos los ingredientes de fotografía, edición, efectos, en lo formal mientras tecnología de punta e incorrecciones de todo tipo se vuelcan en el relato para hacer de esta serie un entretenimiento creíble a la hora de poner sobre la mesa un proceder que por defecto se mantiene convenientemente oculto de la sociedad. La CIA, el imperio y su reacción frente a un presente que les resulta incomprensible y que desde hace 15 años los hace ver al mundo más bipolar que la propia protagonista. Un argumento que se entiende perfectamente sabiendo la paranoia que arrastra el golpeado imperio en cuestión. El gran inconveniente es que estos procederes nos arrastran a todos. Recomendable.
https://www.youtube.com/watch?v=z2vvkPJ0-7g
domingo, 4 de septiembre de 2016
LO BITLE
Ayer se cumplieron 52 años de uno de los grandes hitos de mi
infancia. El 3 de septiembre de 1964 The Beatles actuaron en el entonces
llamado Indiana State Fair Coluseum, un estadio de usos múltiplos construido en
la década del 30 como parte del programa de inversiones públicas llamado New
Deal de FD Roosevelt que sacaría a los EEUU de la profunda recesión posterior
al colapso de octubre de 1929. Mis hermanas de 13 y 14 años hicieron merecido
escándalo que les permitió conseguir las escasísimas entradas a la friolera de
u$s5 cada una. Fueron 2 actuaciones, las únicas que dieron en ese estado y que
albergaron en total a unas 15000 personas por show.
Esa noche, un jueves, toda la familia se trasladó los 80 kms
que separaban nuestro pueblo de Bloomington, sede la universidad estatal, hasta
la capital del estado de Indiana. Yo con apenas 7 años por cumplir los 8, no
tenía derecho para pretender ver el show, así que con mis padres nos quedamos en
las inmediaciones del estadio esperando que el breve set de 12 canciones
culminara.
Se sabía, sin embargo, por la intensidad del griterío del público
mayoritariamente femenino y muy joven, el momento en que los fabulosos 4
subieron al escenario y casi de inmediato comenzó a sonar el ya archiconocido
riff de “Twist and Shout” con una claridad y profesionalismo que daba la
impresión de ser el disco el que sonaba. Los pibes promediaban entre 21 y 24
años y ya eran el fenómeno mundial más destacado del
momento. Mi viejo, papitador de estar viviendo un momento histórico, descubrió un portón lateral hecho de chapa que a los 2 mts y monedas se convertía en reja y se acercó entre la multitud hasta quedar pegado. No daba para que veamos nada pero no dudó en subirme a sus hombros para que yo vea. Me prendí a las barras y desde ahí pude ver el escenario. Un rectángulo blanco desprovisto de toda decoración que se elevaba un metro del piso y muy iluminado donde había solo 2 micrófonos montados sobre sus respectivos pies que ni jirafa tenían y por donde cantaban los 3 de la delantera. En esa época y a pesar de el antecedente de Elvis que interactuaba mucho con el pie y el micrófono, los pulcros ingleses de rigurosos trajes no tocaban el adminículo para nada, acercándose y alejándose según corresponda. Y en una tarima más arriba el entrañable y querido Ringo en un mundo aparte. Él sí con un micrófono con jirafa para sus coros y que de paso era lo único que amplificaba su batería, una Ludwig con lo mínimo: un redo, un ton, el clásico bombo con el logo The Beatles, una chancha y 2 platillos. Entre él y los otros las grandes cajas de los hoy clásicos VOX AC100 y que fueron los primeros construidos apenas unas semanas antes para George y John pensando en esa gira. Y nada más. Así me pasé gran parte del breve show que apenas superó la media hora con todo material recontra difundido hasta el cansancio por cuanta emisora de radio uno pillaba, al menos en mi casa. A la salida mis hermanas, que habían pasado todo el evento a grito pelado, eran un mar de lágrimas ambas, un efecto que mis viejos no comprendían pero que yo veía como lo más natural del mundo, ante semejante vivencia. Cualquier otra reacción me hubiera sorprendido, sabiendo lo que provocaba esta banda en el pináculo de su carrera que separaría la música del siglo XX en un antes y después. Unos hot dogs en la feria que rodeaba el estadio y el camino a casa ya bien entrada la noche donde mis hermanas no paraban de hablar de lo que acaban de vivir mientras yo en absoluto silencio y a mi manera no podía cerrar la boca ante el asombro de la experiencia. La música, que me acompañaba desde que tenía memoria, pasaría gradualmente a convertirse en algo central en mi vida y por ese característica ya me considero un privilegiado a pesar de las peripecias de todo tipo que la vida me tenía preparado. Un muy feliz domingo para todos.
momento. Mi viejo, papitador de estar viviendo un momento histórico, descubrió un portón lateral hecho de chapa que a los 2 mts y monedas se convertía en reja y se acercó entre la multitud hasta quedar pegado. No daba para que veamos nada pero no dudó en subirme a sus hombros para que yo vea. Me prendí a las barras y desde ahí pude ver el escenario. Un rectángulo blanco desprovisto de toda decoración que se elevaba un metro del piso y muy iluminado donde había solo 2 micrófonos montados sobre sus respectivos pies que ni jirafa tenían y por donde cantaban los 3 de la delantera. En esa época y a pesar de el antecedente de Elvis que interactuaba mucho con el pie y el micrófono, los pulcros ingleses de rigurosos trajes no tocaban el adminículo para nada, acercándose y alejándose según corresponda. Y en una tarima más arriba el entrañable y querido Ringo en un mundo aparte. Él sí con un micrófono con jirafa para sus coros y que de paso era lo único que amplificaba su batería, una Ludwig con lo mínimo: un redo, un ton, el clásico bombo con el logo The Beatles, una chancha y 2 platillos. Entre él y los otros las grandes cajas de los hoy clásicos VOX AC100 y que fueron los primeros construidos apenas unas semanas antes para George y John pensando en esa gira. Y nada más. Así me pasé gran parte del breve show que apenas superó la media hora con todo material recontra difundido hasta el cansancio por cuanta emisora de radio uno pillaba, al menos en mi casa. A la salida mis hermanas, que habían pasado todo el evento a grito pelado, eran un mar de lágrimas ambas, un efecto que mis viejos no comprendían pero que yo veía como lo más natural del mundo, ante semejante vivencia. Cualquier otra reacción me hubiera sorprendido, sabiendo lo que provocaba esta banda en el pináculo de su carrera que separaría la música del siglo XX en un antes y después. Unos hot dogs en la feria que rodeaba el estadio y el camino a casa ya bien entrada la noche donde mis hermanas no paraban de hablar de lo que acaban de vivir mientras yo en absoluto silencio y a mi manera no podía cerrar la boca ante el asombro de la experiencia. La música, que me acompañaba desde que tenía memoria, pasaría gradualmente a convertirse en algo central en mi vida y por ese característica ya me considero un privilegiado a pesar de las peripecias de todo tipo que la vida me tenía preparado. Un muy feliz domingo para todos.
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