El público en general no es gran lector de La Biblia. Pero
sin duda la anécdota más famosa del Nuevo Testamento es el de la mujer
sorprendida en adulterio. Y esto es mérito de Hollywood. No hay producción
sobre La Biblia que no incluya la célebre escena. Es más, en La Pasión de Mel
Gibson que retrata los últimos días de Jesús, muy posteriores a este episodio, se
las ingenia para insertar un “flashback” para incluir la infaltable escena. Y
aquí incluso se toma una licencia algo grosera. En su producción la mujer
adúltera no es otra que la propia María Magdalena, algo que La Biblia no
sostiene. Pero teniendo en el set a Mónica Bellucci fue demasiada la tentación
y terminó haciendo ambos roles que se suponían para mujeres diferentes. Que la
realidad no estropee una excelente noticia.
Este hecho se narra en Juan (7.53-8.11) y no en los otros
evangelios. Pero resulta que los eruditos coinciden en señalar que dicho pasaje
no está incluido en los manuscritos más antiguos del citado evangelio. Aparece recién
en el llamado “Codex Bezae” que data del siglo V. Y su inclusión interrumpe la
narrativa general del evangelio y difiere tanto en estilo como en gramática
respecto del resto del texto. El estilo es en cambio muy similar al encontrado
en el Evangelio de Lucas, pero nunca se encontró evidencia que vincule el
pasaje con los manuscritos originales de este evangelista. Al respecto el
especialista Bart Ehrman hizo una gran contribución en 1988 en su artículo “Jesús
y la Adúltera” donde demuestra que el relato es la confluencia de dos historias
más antiguas, una de la Didascalia de Papias y otra del Evangelio de los
Hebreos (Didymus).
En definitiva, el relato más famoso y recordado de La Biblia
y más retratado por Hollywood no
pertenece al texto original y fue introducido por alguien muchos siglos
después.
Sin embargo está muy bien desarrollado como parábola: al
acercar a las rastras a la mujer al lugar donde Jesús predicaba a sus
seguidores, los desesperados lapidadores querían ver si el promotor del amor,
perdón y paz contradecía la ley hebrea que ordenaba matar a piedrazos a la
mujer adúltera. Y la resolución que aplica Jesús es brillante: propone que
quien esté libre de pecado arroje la primera piedra. De esta manera no
contradice la ley hebrea (Thorá) pero logra evitar la sanguinaria ejecución.
Quien pergeñó el relato, que quedará definitivamente incorporado a La Biblia
recién 1000 años después de los hechos, fue un maestro haciendo escabullir a
Jesús de su encierro dialéctico. Solo se le escapó la forma y el estilo, muy
diferente al resto.
Más adelante podemos ver de qué manera los cristianos
concilian las enseñanzas de Cristo (Nuevo Testamento) con la vieja ley hebrea (Viejo
Testamento) y cuál es la razón que llevó a incluir al Viejo Testamento, a la
sazón la Biblia Hebrea, a La Biblia cristiana, a pesar de las grandes
contradicciones.

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