viernes, 8 de diciembre de 2017

Relatos Veraniegos I

ESQUEMA PIRAMIDAL – Una Pasado Esquivo
Luis O. Corvalán

Los que leen mis escritos con cierta continuidad habrán notado que un tema recurrente en mis artículos es la Biblia, en particular el Nuevo Testamento. Y también sabrán o habrán deducido que soy agnóstico y particularmente no creo en el relato bíblico como tal. Pero como obra literaria, como reflejo de procesos históricos y las propuestas filosóficas que insinúa es fascinante. Se encierra dentro de una costumbre que adopté hace muchos años: estudiar con bastante dedicación los temas en los que descreo o cuestiono para fundamentar con precisión mis discrepancias. Veo con alarmante frecuencia a amigos y demás que debaten furibundamente oponiéndose a autores, filosofías, diarios, libros o puntos de vista que por no coincidir desconocen por completo. Mi posición, en este caso de la Biblia, es al menos de profunda admiración.
En un momento de mi vida, hace poco más de una década, se me dio por estudiar las religiones que florecieron en USA en el siglo XIX y algunas del siglo XX. Me concentré en las más exitosas, por decirlo de alguna manera: Los mormones o “Latter Day Saints” (Santos de los Últimos Días), los Adventistas y los Testigos de Jehová. Para un escéptico tirado a racionalista como intento definirme a veces, estas religiones tienen una serie de curiosidades particulares pero también aspectos estructurales en común. Para dar respiro a los católicos, ámbito en que me crié y conozco en profundidad, vamos a arrancar esta serie de lecturas breves para el verano con una pincelada curiosa de los Testigos de Jehová.
Esta religión, como tantas otras, nació,  al igual que muchos partidos políticos y corrientes internas, del despecho. Su fundador Charles Taze Russell lanza su micro emprendimiento como resultado de sus desacuerdos con sus socios estudiosos, en particular uno llamado Nelson Barbour, un Adventista que anunciaba la venida de Cristo en 1878, del que tomó sus primeras ideas. A diferencia de Barbour que quedó algo golpeado cuando 1878 pasó sin novedades, Russell siguió adelante y en 1879 publicó su primer número del “Atalaya” y para 1881 co-fundó la Zion's Watch Tower Tract Society que hoy se conoce popularmente como los Testigos de Jehová. Ni remotamente tan delictiva como la historia de Joseph Smith, fundador de los Santos de los Últimos Días y que será motivo de mi próxima entrega, los delirios filosóficos e interpretativos de Russell son tan extremos que los Testigos actuales ocultan o directamente desconocen porque son cuidadosamente ignorados en las Congregaciones. Aquí resumo una de las tantas curiosidades.
Russell sostuvo hasta su muerte (1916) que la Gran Pirámide de Giza fue construida bajo la supervisión de Dios. El gran “testigo de piedra” de la presencia de Dios, solía llamarla[1][2]. Hoy en día los eruditos serios dedicados a estudios bíblicos deben como mínimo dominar el griego clásico, idioma en que fue escrito el Nuevo Testamento y eventualmente el hebreo, si el estudio incluye el Antiguo Testamento. Russell, como la mayoría de los eruditos de su movimiento (Frederick W. Franz el más conocido), no manejaba ninguno de esos idiomas y el estudio bíblico se limitaba a la célebre versión en inglés conocida como La Biblia del Rey Santiago, una formidable pieza literaria que es una traducción al inglés de la célebre Biblia de Erasmo de Roterdam escrita en latín (traducción conocida como Vulgato) por encargo del Vaticano cuya primera edición apareció en 1522 y la cuarta, corregida por el mismo Erasmo, en 1527. Esta obra de Erasmo merece una historia aparte que intentaré incluir en esta serie[3].  
Volviendo a Russell, sus estudios bíblicos se limitaban por fuerza a autores en inglés. De mediocres estudiosos como John Taylor y Joseph Seiss, entre otros, Russell extrae los vínculos del Dios hebreo con la gran pirámide de Giza. La Biblia en piedra, llega a llamarla. Y en su tumba hoy existe es una pirámide de piedra que confirma esta creencia. La curiosidad relatada es cuidadosamente ignorada en la actualidad porque no hay evidencia alguna, con el avance de los conocimientos en historia y arqueología, que sostenga la interpretación de Russell. A tal punto esto que hace unos meses cuando a unas señoras que regularmente llaman a la puerta para promover la particular visión de la realidad de los Testigos les mencioné las teorías abandonadas sobre la gran pirámide me lo negaron enfáticamente. Para desgracia de los propios Testigos, el culto arrancó y continua como una gran imprenta que deja todo por escrito, lo que hace difícil negar el caprichoso y cambiante sendero de interpretaciones sobre el que se asienta esta fe.
Para cerrar este primer relato y que da una vuelta de tuerca sorprendente a la interpretación de Russell es que a su muerte fue sucedido por Joseph F. Rutherford, un abogado luego convertido en juez que fue el que organizó a los Testigos en el gran aparato de difusión que es hoy, instalando la obligación de las visitas puerta a puerta y centrando en un gran cuartel general el manejo mundial de la organización. Él personalmente supervisó el montaje de la pirámide de piedra que acompaña la tumba de Russell en 1921 pero ya para 1928 descartó todo significado bíblico de la Gran Pirámide, incluso sugiriendo su construcción como de origen satánico[4]. Así se abandonó casi 50 años de enseñanzas que le daban a la Gran Pirámide un rol predominante en la doctrina de los Testigos de Jehová. En un número del Atalaya de 1956[5] mencionan al pasar que “otros” afirman que la Gran Pirámide fue construida bajo inspiración divina y menciona a John Taylor pero evita mencionar a Charles Russell negando completamente uno de los pilares de su doctrina, fundacional en esa particular religión.
Pirámide en la Tumba de Charles Taze Russell
Pittsburg, Pennsylvania
Para concluir expreso mi humilde opinión sobre la Gran Pirámide. Lejos de suponer una inspiración de dioses y demonios, en este tema al igual que en muchos, no tengo empacho en aferrarme a mi frase favorita: “no lo sé”. El imaginario que esclavos hebreos construyeron la pirámide que abrió la puerta a afirmaciones como las de Russell y Taylor y enfatizado por Hollywood (Los Diez Mandamientos | Cecil B. De Mille | 1956) está siendo rebatido por estudios recientes que fijan el año 2530 antes de Cristo como la fecha más probable de su construcción, sin esclavos. También con estudios que arrancaron en 1977 hoy se sabe que en los alrededores de las pirámides existió una gran ciudad destinada a los trabajadores que lejos de ser esclavos gozaban de buenas condiciones y trato, siempre bajo estándares de aquella época. Estas comodidades incluían panaderías industriales, guarderías infantiles y otros apoyos logísticos para los constructores[6]. El pasado es una construcción dinámica que avanza junto con el presente y futuro. La mente abierta permite evolucionar en las interpretaciones y que nuevos descubrimientos no signifiquen tener que ocultar previas afirmaciones categóricas que no solo dan una interpretación luego demostrada errónea, sino que en algunos casos obligan a comportamientos represivos que limitan o condicionan la búsqueda de la realización personal, el acceso a la salud o simplemente una carga innecesaria de culpa que luego se abandona con embarazoso sigilo y negación. Solo una opinión, porque también, en el fondo, yo no sé.




[1] Chapter 10—THE CORROBORATIVE TESTIMONY OF GOD'S STONE WITNESS AND PROPHET THE GREAT PYRAMID IN EGYPT – Charles t. Russell - 1891
[2] Watchtower, June 15, 1922, página 187
[3] Erasmus, Johan Huizinga, Ed. Ad Donker, Rotterdam, 2001
[4] Watchtower, Nov 22, 1928 
[5] Watchtower, May 15, 1956 Páginas 297-300
[6] Harvard Magazine – July-August 2003 – Jonathan Shaw – “Who Built the Pyramids”

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