miércoles, 1 de febrero de 2017

VIOLENCIA DE GÉNERO BÍBLICO


El público en general no es gran lector de La Biblia. Pero sin duda la anécdota más famosa del Nuevo Testamento es el de la mujer sorprendida en adulterio. Y esto es mérito de Hollywood. No hay producción sobre La Biblia que no incluya la célebre escena. Es más, en La Pasión de Mel Gibson que retrata los últimos días de Jesús, muy posteriores a este episodio, se las ingenia para insertar un “flashback” para incluir la infaltable escena. Y aquí incluso se toma una licencia algo grosera. En su producción la mujer adúltera no es otra que la propia María Magdalena, algo que La Biblia no sostiene. Pero teniendo en el set a Mónica Bellucci fue demasiada la tentación y terminó haciendo ambos roles que se suponían para mujeres diferentes. Que la realidad no estropee una excelente noticia.
Este hecho se narra en Juan (7.53-8.11) y no en los otros evangelios. Pero resulta que los eruditos coinciden en señalar que dicho pasaje no está incluido en los manuscritos más antiguos del citado evangelio. Aparece recién en el llamado “Codex Bezae” que data del siglo V. Y su inclusión interrumpe la narrativa general del evangelio y difiere tanto en estilo como en gramática respecto del resto del texto. El estilo es en cambio muy similar al encontrado en el Evangelio de Lucas, pero nunca se encontró evidencia que vincule el pasaje con los manuscritos originales de este evangelista. Al respecto el especialista Bart Ehrman hizo una gran contribución en 1988 en su artículo “Jesús y la Adúltera” donde demuestra que el relato es la confluencia de dos historias más antiguas, una de la Didascalia de Papias y otra del Evangelio de los Hebreos (Didymus).
En definitiva, el relato más famoso y recordado de La Biblia y más retratado por Hollywood  no pertenece al texto original y fue introducido por alguien muchos siglos después.
Sin embargo está muy bien desarrollado como parábola: al acercar a las rastras a la mujer al lugar donde Jesús predicaba a sus seguidores, los desesperados lapidadores querían ver si el promotor del amor, perdón y paz contradecía la ley hebrea que ordenaba matar a piedrazos a la mujer adúltera. Y la resolución que aplica Jesús es brillante: propone que quien esté libre de pecado arroje la primera piedra. De esta manera no contradice la ley hebrea (Thorá) pero logra evitar la sanguinaria ejecución. Quien pergeñó el relato, que quedará definitivamente incorporado a La Biblia recién 1000 años después de los hechos, fue un maestro haciendo escabullir a Jesús de su encierro dialéctico. Solo se le escapó la forma y el estilo, muy diferente al resto.

Más adelante podemos ver de qué manera los cristianos concilian las enseñanzas de Cristo (Nuevo Testamento) con la vieja ley hebrea (Viejo Testamento) y cuál es la razón que llevó a incluir al Viejo Testamento, a la sazón la Biblia Hebrea, a La Biblia cristiana, a pesar de las grandes contradicciones.     

lunes, 30 de enero de 2017

PADRE E HIJO

Una de las revoluciones del siglo XX en física fue descubrir que las partículas elementales se comportan como tales, partículas, y como ondas. Un electrón es una partícula elemental pero cuando se estudia su comportamiento, por ejemplo en el famoso experimento de las dos ranuras, su comportamiento es como una onda. Esto generó un gran revuelo entre los grandes físicos del mundo durante la década del 20. La mecánica cuántica, el principio de incertidumbre y otras grandes leyes sobre la que se basa la física actual fueron creadas por estos genios. El descubridor del electrón como partícula sub-atómica y una aplicación práctica de este descubrimiento como fue la revolucionaria "válvula electrónica" fue J.J. Thompson, un físico inglés. Por esto se le otorgó el Premio Nobel de 1906. Pero en 1924 un notable físico francés llamado Louis de Broglie postuló que todas las partículas elementales, como el electrón, se comportaban además como ondas. Fue un físico inglés que demostró prácticamente que este postulado era cierto, que el electrón, la partícula, se comportaba en realidad como una onda. Y por esta comprobación se le otorgó el Premio Nobel de Física de 1937. Se llamaba George Paget Thompson y era el hijo de J.J. El padre ganó el premio por descubrir que el electrón era una partícula y el hijo por comprobar que era una onda. Ambos tenían razón

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miércoles, 28 de septiembre de 2016

Netflix 2: THE AFFAIR

Continuando con mis reseñas netflixeanas hoy quiero comentar sobre esta serie erótica romántica. El tipo cuarentón, docente de escuela pública y escritor ocasional, padre de cuatro hijos y felizmente casado interpretado por el acertadamente insulso Dominic West. Tiene un suegro escritor de los exitosos y millonario que le refriega la ayuda económica y el éxito de sus publicaciones. Con una mansión en Montauk, un lugar de veraneo en Long Island a pocas horas de New York, la casa del suegro es el lugar obligado para pasar los meses de vacaciones de toda la familia. La esposa, la interesante Maura Tierney (ER, Colores Primarios), disfruta de pasar el verano en su casa de la infancia pero comprende el conflicto que genera en el resto de los miembros de la familia, en particular en el marido y los dos hijos adolescentes problemáticos. La contraparte, una mujer del pueblo de 31 años (Ruth Wilson) que a diferencia de las típicas rompehogares de tantas otras tramas similares, arrastra una tragedia reciente que le condiciona todo su accionar y la convierte en un personaje oscuro e imprevisible. Sobre esta base se arma un argumento que combina ingredientes de un thriller psicológico con un muy particular manejo de los tiempos, mechando el relato con una investigación policial que ocurre a posteriori de los hechos relatados y sobre una muerte que permanece en el misterio durante largos capítulos. Pero lo más singular e interesante de la serie es que cada capítulo está separado en dos mitades que indefectiblemente se llaman “Noah” y “Alison”, los nombres de los amantes de la trama. Y en esas mitades se muestran los hechos como lo ve, lo vive y los recuerda cada uno de manera separada. Pero a diferencia de películas como “Elephant” de Gus Van Sant donde se recrea una y otra vez las mismas escenas desde una cámara diferente para mostrar las perspectivas de protagonistas pero reflejando siempre la misma escena objetiva, aquí se muestran las situaciones de manera completamente diferentes, alterando los diálogos, las improntas y hasta el vestuario para reflejar la subjetividad de cada punto de vista. Y la consecuencia más que interesante de esta manera de mostrar dos subjetividades tan distintas de un mismo hecho es que será el espectador el que debe construir a partir de esas dos vivencias su propia idea de lo que probablemente haya ocurrido. Y sobre esa conclusión que dejan los guionistas en mano del espectador se entenderán los hechos subsiguientes de la novela. Si bien la base puede ser similar a tantas películas sobre la infidelidad como la extrema “Atracción Fatal” con Douglas y Close o más sutiles como “Enamorándose” con De Niro y Streep, The Affair nos relata un cuento inserto dentro de un contexto bastante más elaborado con personajes secundarios bien desarrollados y gravitantes dentro de la trama, algo que una miniserie en capítulos permite más que un único largometraje. Hasta ahora solo disponible una temporada, pero la recomiendo fuertemente.         

Netflix 1: LA PARANOIA HECHA ARGUMENTO

Una serie interesante pero solo para estómagos desapasionados que puedan separar la realidad de la ficción. Homeland propone una mirada desde las entrañas mismas de la CIA. Con toda la esquizofrenia post 11 de septiembre, el argumento de esta producción de Fox que debutó en 2011 y ganó rápido premios diversos, como un Globo de Oro a la mejor serie en 2012 gira en torno a una agente muy competente pero que oculta una bipolaridad que la obliga a vivir medicada, interpretada por la interesante Claire Danes.
La actriz logra llevar al personaje desde una correcta agente de campo diestra en el manejo de contactos en el terreno de un siempre conflictivo medio oriente hasta convertirse en una burócrata despiadada a la hora de la toma de decisiones en las temporadas finales. La serie muestra una ficción que me aparenta bastante más cercana a la realidad que tantas otras series y películas que giran en torno a la entidad de Langley cargada de una mística necesariamente negativa. Aquí se aprecia una interna permanente y feroz (como la que vimos en Peligro Inminente, por ejemplo) y se comprende por qué los EE.UU. jamás dejarán su rol de gendarme del mundo. Este brazo particular de su aparato de guerra se mueve con una autonomía total del poder político. Si bien del Despacho Oval bajan línea y dan las pautas, son los directivos de la agencia los que deciden de última que cosas comunicar y que cosas mantener ocultas de sus superiores políticos. El enemigo se centra casi exclusivamente en medio oriente pero tanto los aliados de la región como hasta los terroristas más buscados por la propia agencia tienen los vasos comunicantes que los vinculan con algún estamento de la propia CIA, aun con la ignorancia de otros. Enemigos acérrimos y aliados en una misma persona. Una vuelta de tuerca interesante es justamente esta estructura corrupta que pone a los buenos y malos divididos por una extraña diagonal que deja de un lado y del otro a propios y extraños en proporciones parecidas. Leales servidores públicos tan yankees como el pastel de manzana o la guerra preventiva terminan siendo grandes traidores mientras que un funcionario pakistaní que reúne el estereotipo de todo lo malo desde la óptica norteamericana resulta un fiel colaborador del imperio. Todo esto matizado permanentemente con complejísimas relaciones humanas que vinculan a los protagonistas con sus parejas, sus familias, pasados tormentosos y extrañas relaciones florecidas del propio seno de ese trabajo border que deben llevar adelante. Insertada la fantasía como una pieza oculta de un rompecabezas que encaja perfectamente dentro del contexto de realidad de la última década, el argumento puede tranquilamente verse como “the making of” de una parte de la realidad que los interesados en política internacional conocemos al dedillo. Todos los ingredientes de fotografía, edición, efectos, en lo formal mientras tecnología de punta e incorrecciones de todo tipo se vuelcan en el relato para hacer de esta serie un entretenimiento creíble a la hora de poner sobre la mesa un proceder que por defecto se mantiene
convenientemente oculto de la sociedad. La CIA, el imperio y su reacción frente a un presente que les resulta incomprensible y que desde hace 15 años los hace ver al mundo más bipolar que la propia protagonista. Un argumento que se entiende perfectamente sabiendo la paranoia que arrastra el golpeado imperio en cuestión. El gran inconveniente es que estos procederes nos arrastran a todos. Recomendable.
 

https://www.youtube.com/watch?v=z2vvkPJ0-7g
    






domingo, 4 de septiembre de 2016

LO BITLE

Ayer se cumplieron 52 años de uno de los grandes hitos de mi infancia. El 3 de septiembre de 1964 The Beatles actuaron en el entonces llamado Indiana State Fair Coluseum, un estadio de usos múltiplos construido en la década del 30 como parte del programa de inversiones públicas llamado New Deal de FD Roosevelt que sacaría a los EEUU de la profunda recesión posterior al colapso de octubre de 1929. Mis hermanas de 13 y 14 años hicieron merecido escándalo que les permitió conseguir las escasísimas entradas a la friolera de u$s5 cada una. Fueron 2 actuaciones, las únicas que dieron en ese estado y que albergaron en total a unas 15000 personas por show.
Esa noche, un jueves, toda la familia se trasladó los 80 kms que separaban nuestro pueblo de Bloomington, sede la universidad estatal, hasta la capital del estado de Indiana. Yo con apenas 7 años por cumplir los 8, no tenía derecho para pretender ver el show, así que con mis padres nos quedamos en las inmediaciones del estadio esperando que el breve set de 12 canciones culminara.

Se sabía, sin embargo, por la intensidad del griterío del público mayoritariamente femenino y muy joven, el momento en que los fabulosos 4 subieron al escenario y casi de inmediato comenzó a sonar el ya archiconocido riff de “Twist and Shout” con una claridad y profesionalismo que daba la impresión de ser el disco el que sonaba. Los pibes promediaban entre 21 y 24 años y ya eran el fenómeno mundial más destacado del
momento. Mi viejo, papitador de estar viviendo un momento histórico, descubrió un portón lateral hecho de chapa que a los 2 mts y monedas se convertía en reja y se acercó entre la multitud hasta quedar pegado. No daba para que veamos nada pero no dudó en subirme a sus hombros para que yo vea. Me prendí a las barras y desde ahí pude ver el escenario. Un rectángulo blanco desprovisto de toda decoración que se elevaba un metro del piso y muy iluminado donde había solo 2 micrófonos montados sobre sus respectivos pies que ni jirafa tenían y por donde cantaban los 3 de la delantera. En esa época y a pesar de el antecedente de Elvis que interactuaba mucho con el pie y el micrófono, los pulcros ingleses de rigurosos trajes no tocaban el adminículo para nada, acercándose y alejándose según corresponda.
Y en una tarima más arriba el entrañable y querido Ringo en un mundo aparte. Él sí con un micrófono con jirafa para sus coros y que de paso era lo único que amplificaba su batería, una Ludwig con lo mínimo: un redo, un ton, el clásico bombo con el logo The Beatles, una chancha y 2 platillos. Entre él y los otros las grandes cajas de los hoy clásicos VOX AC100 y que fueron los primeros construidos apenas unas semanas antes para George y John pensando en esa gira. Y nada más. Así me pasé gran parte del breve show que apenas superó la media hora con todo material recontra difundido hasta el cansancio por cuanta emisora de radio uno pillaba, al menos en mi casa. A la salida mis hermanas, que habían pasado todo el evento a grito pelado, eran un mar de lágrimas ambas, un efecto que mis viejos no comprendían pero que yo veía como lo más natural del mundo, ante semejante vivencia. Cualquier otra reacción me hubiera sorprendido, sabiendo lo que provocaba esta banda en el pináculo de su carrera que separaría la música del siglo XX en un antes y después. Unos hot dogs en la feria que rodeaba el estadio y el camino a casa ya bien entrada la noche donde mis hermanas no paraban de hablar de lo que acaban de vivir mientras yo en absoluto silencio y a mi manera no podía cerrar la boca ante el asombro de la experiencia. La música, que me acompañaba desde que tenía memoria, pasaría gradualmente a convertirse en algo central en mi vida y por ese característica ya me considero un privilegiado a pesar de las peripecias de todo tipo que la vida me tenía preparado. Un muy feliz domingo para todos.    
     

domingo, 7 de agosto de 2016

CONFESIONES DE INVIERNO

Mi primer aplazo en la Facultad, el único y más traumático, fue en Teoría de las Máquinas Eléctricas. Si fuera en el marco de un juicio, podría negar el hecho por completo, ya que el profesor, sabiendo que era mi materia favorita y lo mucho que significaba, tuvo la gentileza de no asentar el antecedente en mi libreta universitaria e hizo de cuenta que yo no me había presentado a rendir. Este hecho cambió mi vida. En una intimidad inexpugnable lloré sin consuelo, no por la derrota sino por las circunstancias. Con menos de un año por recibirme estalló el inestable equilibrio que me permitía vivir como hijo que estudiaba y trabajaba en proporciones acomodables y tuve que pasar a mantenerme como ser independiente con un trabajo que ocupaba 11 horas de mi día. Me dormía sobre los apuntes y veía como una época valiosa de mi vida se convertía en angustia y esfuerzo excesivo. Enfrentar la realidad tuvo, sin embargo, sus beneficios.
Bajé la persiana a mis estudios formales y me zambullí de lleno a leer sobre historia. Devoré libro tras libro arrancando desde los persas, pasando por griegos y romanos, el medioevo, la “conquista americana”, la ilustración y finalmente explayarme en historia de EEUU y Argentina. Comprendido a grandes rasgos el contexto en que me tocó largarme a la vida, proceso que me llevó 4 años, me reconcilié con mi carrera. Tomé, sin embargo, una decisión que hasta el día de hoy mis colegas me critican, con cierta razón. Volví a la facultad con la intención de aprender todo lo que me pudieran dar los excelentes profesores que tuve en suerte para la especialidad que para entonces tenía muy bien definida: las máquinas eléctricas. El resto no me interesaba, razón por la cual sabía que no iba a recibir el título jamás. Entre mis prioridades estaba más el aprender que demostrar con un papel el haber aprendido. Estimulé a mi hijo a que haga exactamente lo contrario y me devolvió con creces más de lo que esa insuficiencia propia me pudo haber frustrado. Pero lo mío se convirtió en una muy placentera historia sin fin. Sin esa frontera alcanzada que permite bajar los brazos y reclinarse en la silla mirando ese papel con escudos y firmas en la pared, mi karma fue no parar nunca de estudiar. Y así continúo hasta hoy. Se le atribuye a Sócrates la frase “Solo sé que no sé nada” que yo con igual irresponsabilidad interpreto: cuanto más aprende uno es más conciente de lo que falta aprender. La ignorancia nos coloca en la comodidad de desconocer lo que carecemos y hacernos sentir saciado de nada.
Expresado este largo e intimo preámbulo paso a ocuparme de mi costado incorrecto políticamente. Cuando discuto con un colega o cuando me consultan sobre mi especialidad, me hago respetar y no admito cuestionamientos si sé objetivamente que el interlocutor no tiene la preparación necesaria en el tema en cuestión. Estos casos son lo menos. La mayoría de mis colegas me consultan porque saben cuales temas manejo con soltura. Y a mi vez hago exactamente eso: conozco bien cuales son mis amigos y colegas que son duchos en los temas que desconozco y los consulto con el respeto y reconocimiento que se merecen. Es un aspecto muy saludable de mi profesión (y seguramente de otras) que disfruto. Y no hay motivo para no disfrutar de un curso de capacitación donde yo, con mis casi 60 años, me siento cuaderno en mano a aprender de un especialista de 35 o 40 años que te llena la cabeza de novedades.
Pero cuando de política se trata, en cualquier mesa de bar hay que bajar el copete y escuchar sermones de cualquier desinformado que te alecciona como especialista porque la noche anterior entre fideos recalentados del mediodía escuchó a Marcelo Bonelli o Jorge Lanata editorializar sobre la diaria. Y en general me resisto a abrir la boca para no quedar como el taradito que se tragó el relato.
Conclusión: el país se está yendo a la mierda mientras nos indignamos por 9 millones de dólares que ingresaron a un convento de la mano de un delincuente. En el interín nuestra deuda aumentó 40000 millones de dólares (9 frente a 40000, así como se lee) sin que eso dignifique ningún titular de diario. El debate que debemos dar excede cualquier tema cotidiano y no lo levanta ni la dirigencia ni las autoridades ni los medios. Yo me resguardé en un lugar donde el descontento social no me llevará puesto y como dije, mi hijo tiene un pie en el mundo gracias a su esfuerzo y capacidad y no tiene por qué estar condenado a este país que va camino a convertirse en un páramo neo liberal inmanejable peor que el que conocimos hace apenas 3 lustros. El aprender, repito, emite luz sobre lo que desconocemos. En cambio la ignorancia nos da la sensación que lo sabemos todo. A su manera, nos lo dijo Sócrates hace 2400 años. Y esto vale para todos, dirigentes y tropa. FB fue una excelente vidriera para compartir experiencias e ideas, pero es también causa de peleas y desencuentros. Y como dije hace poco, estoy dudando de si vale la pena. Comencé hace unas semanas un muro que se llama “Pensando un país” con la intención de invitar a proponer ideas, proyectos, sueños, modelos, leyes, etc. que no incluya la polémica diaria. Con la intención de encender alguna lámpara entre la alicaída y camaleónica dirigencia. Pero ni eso me levantó el entusiasmo.
Lamento el estado de ánimo en este rubro, amigos. Para mi consuelo digo que gracias a esto he vuelto con bríos a avanzar en mis estudios profesionales, pero cayendo en la peor de mis pesadillas: que cada uno se salve como pueda. Al menos lo intenté por bastante tiempo. Que pasen un feliz domingo.         

domingo, 17 de julio de 2016

ESTEREOTIPOS ROBADOS DE LOS JARDINES DE LA REPÚBLICA

Mi presente es en un pueblo tranquilo del interior. Pero hace décadas era bastante asiduo a la noche tucumana. Y si bien sabía que a la larga el folclore decantaría y pasaría a formar parte importante de mi quehacer, en ese momento las largas caminatas nocturnas y solitarias que me eran familiar me timbreaban más imágenes de Los Sonidos del Silencio de Paul Simon que alguna insinuación telúrica local. Y de esa falta de familiaridad con cierto léxico se me viene a la memoria una construcción visual que paso a contar. 
En aquella época conocí una chica que se preciaba de ser dark, under o postmoderna, según sus propias definiciones. Algunos de esos códigos eran nuevos para mí y el postmodernismo que conocía se refería a uno de los libros más célebres de mi viejo que aun se consulta sobre literatura hispanoamericana que sospecho no era la disciplina que importaba a la susodicha.

Y como esta persona trabajaba esporádicamente como gastronómica en algunos bares de moda, si yo escuchaba el término “mozas bizarras” inmediatamente su imagen se me venía a la mente. Y si bien su carácter daba “pa que la farra pueda seguir”, tampoco creo que era el estereotipo que tenía en mente Don Virgilio Carmona cuando compuso la célebre cueca-zamba que inmortalizó la negra Sosa. Y para colmo personaje raro y único con que me topé en años pero don Virgilio hace referencia a “unas cuantas” presentes en un mismo tiempo y espacio. Evidentemente hablamos de cosas distintas. 
Mi trabajo en una fábrica tradicional del interior como fue el aleccionador paso por un ingenio azucarero me acercó a cierta cultura folclórica que me resultaba esquiva en la capital, donde vivía. Así conocí la chanfaina, por ejemplo. En Simoca los sábados de feria, pero no en la feria sino cruzando la calle, en una casa de familia donde degusté la mejor comida regional, por lejos. Salíamos de trabajar 11:30am los sábados así que a las 12 ya estábamos sentados en el palier o en la sala de esta casa, donde estaban las mesas coquetas e impecables. Y eran las 3 de la tarde y seguíamos dándole al diente. Se cerraba la ceremonia con los postres regionales y para bajar todo, luego de varias botellas de ¾, el infaltable fernet con coca. Nunca una pesadez, nunca un desarreglo. Empanadas, tripa rellena, pato, cabrito, la mencionada chanfaina, chorizos de cerdo, tira de asado y muchos detalles más. Era todo rico así que pedíamos un poco de todo en lugar de un plato determinado. No terminábamos nunca. Regado bien y con pan casero. Una de las razones por las cuales entre al ingenio pesando 58kgs y para cuando renuncié pasaba los 80. Pero valió la pena. Y volviendo a la zamba, cuando menciona guitarra, bombo y violín no se refiere a Boris Belkin sino a los simoqueños. Esa escuela que lejos de apoyar el instrumento en el mentón y variar el ángulo del arco para atacar las distintas cuerdas como enseña la academia lo apoyan en la panza, el arco lo sacuden perfectamente horizontal y es el violín el que gira de un lado al otro, apoyando varias cuerdas a la vez y sacando ese sonido tan particular. Los años y las vivencias me permitieron ir entendiendo las letras y valorando cada vez más las raíces y las sensaciones de la región. Y hasta tolerar cierta discriminación intrínseca cuando la joda es “pa las del norte” y no para las otras. Tucumán se ve distinto cuando se lo mira desde el interior. Más hoy que la ciudad me impacienta y siento que me expulsa, me agrede. El presente en este pueblo se parece tanto al pasado que viví en la ciudad. El biorritmo pausado, contemplativo, el saludo hasta con los desconocidos, el tiempo ralentizado. Aquí se comprende fácil los versos referidos. Y es una manera de aferrar algo que no queremos que desaparezca.

sábado, 2 de julio de 2016

LA VÍSPERA

Era nuestro año. Egresábamos del Instituto Técnico ese 1974 y teníamos el derecho de organizar los bailes y la semana del colegio. El primer gran baile era esa noche. Y habíamos contratado a un dúo que era muy conocido entre los que oíamos música de la buena. Pero por la radio no se pasaba eso así que populares, lo que se decía populares, no eran. Un tal Charly García y su compañero Nito Mestre nos animarían la noche. Los trajimos en la primera de la Estrella del Norte, ni siquiera para pullman nos alcanzaba. Entre señoras con gallinas y paquetes improlijos de papel madera bajaron ambos, con las pestañas blancas de la tierra del viaje de 20 horas. Y caminando ladeado por una desviación de columna, el representante, Gabriel Melgarejo, enojadísimo por las
circunstancias del viaje. Yo era el vocero del curso y trataba de calmarlo. Los llevamos a almorzar a “Mi Abuela”, lo más barato que había por entonces con menú único. Luego los llevamos a San Javier donde los chicos (tenían 22 años) la pasaron bomba. Ahí me convidó Charly lo que se convirtió en el primer porro de mi vida. Ni cigarrillos fumaba ni fumé nunca. Con Melgarejo nos cruzamos varias veces en distintos recitales y terminamos muy amigos. La última vez que lo vi fue en La Falda, Córdoba, donde me presentó así, como “mi amigo” a León Gieco, el único cliente que le quedaba. A los pocos meses de eso me enteré de su muerte, arrastraba una larga enfermedad muy bien disimulada. Volviendo al relato; el país era un caldero de violencia de todo tipo, ese 1974. Y esperábamos recaudar una cifra en el baile. Algo así como 2000 chicos nos imaginábamos basados en experiencias de años anteriores. Les pedimos a los compañeros que tuvieran armas en sus casas que la lleven, para cuidar la caja. La boletería se armaba en la sala de profesores y se vendían las entradas por la ventana que daba a la calle. Para cuando comenzamos la venta la sala parecía un arsenal: armas cortas, armas largas, escopetas de 2 caños, del calibre que sea. Todo un estilo de época. La noche no ayudaba, llovizna y paro de colectivos. Debíamos favores y dineros a todo el mundo. Finalmente fueron 1400 los que abonaron religiosamente los $18 “pesos ley” de la entrada, estábamos salvados. Recuerdo a uno que se quejó del precio diciendo ¿Dieciocho? ¿Qué actúa Sandro? No tenía idea quienes eran Sui Géneris. Y junto a los plomos y el sonidista que llegaron de Bs.As. también llegó el rumor, uno que me hizo sentir un frío por la columna: el viejo había muerto. Las autoridades están decidiendo cuando anunciarlo. Todo la carne en el asador y si la noticia salía a la luz antes de tiempo era obvio que el baile y cualquier otra fiesta o celebración se suspendería. Y nos fundíamos, dicho sea de paso. Adiós gira. En ese clima actuaron Sui Géneris y su banda que eran nada menos que Juan Rodríguez en bata y Rinaldo Rafanelli en bajo, antes de que se hicieran leyenda. La noche pasó espectacular, a la mañana siguiente, domingo, pudieron desarmar todo y rajaron para la capital. El lunes, 1° de julio, anunciaban pasado el mediodía que Juan Domingo Perón había muerto. El país se paralizó. Pero la vivencia de unas horas antes no me la quitó nadie.

domingo, 5 de junio de 2016

De Memoria: RODRIGO Y LA NEGRA

Hace unos días haciendo un comentario aquí mencioné el rodrigazo del 4 de junio de 1975. Yo me acuerdo patente el momento de oírlo por la radio: iba en el auto manejando por calle Jujuy entre Piedras y Gral. Paz cuando la prendí y el ministro Celestino Rodrigo estaba pintando el panorama del país previo al anuncio de los tarifazos y al aumento del dólar. Como escribió Luis Gregorich para el guión del gran documental “La República Perdida”, que contaba que al día siguiente nos despertamos para descubrir que éramos un país pobre. 


Yo cursaba el primer año de la facultad y como el menor de todos mis primos tucumanos, hacía lo mismo que mis mayores: seguía viviendo en la casa materna, sin trabajar y estudiando. Comprendí que ya no iba a ser tan fácil ni tranquilo hacerlo. Y para peor la relación con mi madre no era de las mejores. Ese año empecé a marmolar mis estudios con trabajos esporádicos de electricidad y ni bien me desocupé de los exámenes en diciembre busqué trabajo. Eso todavía existía porque estábamos con la desocupación más baja de la historia aunque en un ambiente muy convulsionado. Conseguí a los 3 días entrar como electricista de la firma Indiana, la concesionaria de Peugeot. Lo acepté sabiendo que en 2 meses iba a tener que renunciar para seguir con mis estudios, pero me iba a permitir comprar herramientas e instrumentos para poder seguir como independiente el resto del año. Era mi primer trabajo formal, tenía 19 recién cumplidos. De ese mes y pico tengo 2 anécdotas, esta es la primera. Para no tener experiencia formal y con el título de técnico obtenido menos de un año atrás mi desempeño fue muy bueno. Reemplazaba a un laburante histórico que se retiró a las 2 semanas de entrar yo, período en el cual me transmitió todo lo que yo podía absorber. Ya solo, como el único electricista de la concesionaria, me dan a controlar un Peugeot 504, lo más nuevo de Peugeot de entonces, que tenía una sola falla, sencilla. No andaba el “sapito”. Luego del rodrigazo los autos eran un lujo, caros, difíciles de llenar el tanque y caros los repuestos. Reviso la instalación y estaba perfecta, le apunto al motorcito que bombea el agua al parabrisa. Era moderno el sistema, los sapitos de aquella época eran normalmente una ampolla de goma que operaba gracias a la fuerza del pulgar. Esto de una bombita eléctrica era un pequeño lujo. Y el motorcito era de plástico, compacto y una de las pocas cosas del 504 que era importado, lo que lo hacía absurdamente caro para la función que cumplía. Lo reviso y ahí estaba el problema. No andaba y no había manera de repararlo, se tira y se pone nuevo. Le aviso a mi jefe la novedad y me dice: “vení, te presento a la dueña y de paso le contás”. Esto era nuevo, yo no tenía casi nunca contacto con los clientes, era un obrero del taller. Todos tenían pantalón y camisa Grafa provistos por la empresa. Yo que era nuevo no los había recibido todavía así que vestía el mameluco azul que usaba en mis clases de taller del Instituto Técnico. Llego a la recepción y un par de empleados rodeaba a una señora compacta, redondita de pelo negro sentado en una silla. Me acerco con el aparatito en mi mano y levanta la vista para mirarme. Era Mercedes Sosa. Me saluda, mira el muerto en mi mano y mira al empleado administrativo que la acompañaba. Sin esperar mi explicación me dice “ya se hijo, ya me contaron, pero no puedo pagar tanto por ese arreglo, no tengo esa plata”.
Se me hizo un nudo el corazón, no estaba todavía en la situación que le conocimos años más tarde y Rodrigo nos golpeó a todos. Y en dos meses más caía el golpe más terrible de nuestra historia que, como a muchos, la obligaría a emigrar por muchos años. Tuve que colocar el motorcito de vuelta en su sitio y se llevó su 504 tal como lo trajo, sin sapito. Una metáfora de lo que se venía. Íbamos a perder todo lo que nos permitía ver más claro para sumergirnos en una larga noche de 7 años.
                                                                                                                                                                        

sábado, 4 de junio de 2016

ALÍ

Yo era chico y las conversaciones de la cena me resbalaban. Pero el nombre de Cassius Clay, como varios otros, me era familiar de tanto oírlo.
Por el contexto me hice la idea que era un político, o comentarista, o escritor. Luego lo ví en un par de entrevistas y mis sospechas se confirmaban. Hablaba picante, a pesar de 22 o 23 años toreaba lindo a los interlocutores. Después mi viejo me aclara que era boxeador. Y pocas semanas después lo alcanzo a ver en una de sus peleas. En blanco y negro pero en directo. Un trámite, movimientos ligeros y ágiles como si fuera un welter, pero tenía más de 1,90 mts y casi 100 kgs. El ocasional rival le duró solo 6 rounds. Fachero a punto de rivalizar con Sidney Poitier, el prototipo del negro galán de los 60 (todavía no existían los afroamericanos, eran negros).
Luego me enteré de su rechazo al servicio militar. No quería pelear en Vietnam, una gran controversia. Yo lo entendía y simpatizaba con su planteo. Luego, ya adulto, yo comprobaría que su resistencia era por las razones correctas. Perdió el título de campeón y me perdí un par de años de lo que sería la plenitud de su carrera. En ese lapso regresé a Argentina. La Corte Suprema de EE.UU. finalmente le daría la razón y pocos años después lo disfrutaría peleando con nuestro Oscar Ringo Bonavena, que por puro indisciplinado y torpe no llegó a campeón mundial durante el parate de Alí, luego de tenerlo al propio Frazier caminando a 4 manos por el ring 2 veces en un mismo round. Volviendo a Clay/Alí el resto de su carrera es historia conocida. Canchero, pillado, pero muy ubicado en su rol de minoría segregada y peleando por sus derechos. Su país natal lo reivindicó formalmente cuando lo eligió para encender la llama olímpica en los juegos de Atlanta 1996. Luego se inmortalizó en la pantalla en el rol interpretado por Will Smith.
En la presentación del film, un Alí ya bastante enfermo alcanzó a preguntar, con Smith parado a su lado "¿No había nadie más buenmozo que éste en todo Hollywood para hacer de mi? Como todo día en que un ídolo desaparece, este tiene su cuota de tristeza y melancolía muy acompañado por el clima. Mi más sentido homenaje.

jueves, 2 de junio de 2016

De Memoria: CASILDO

Para los que peinamos cañas y llevamos largas décadas a cuestas recordamos muy bien los padecimientos de la dictadura y la fiesta que fue el retorno de la democracia. Ese clima había inundado aquel año 1983. A medida que se acercaban las elecciones y los militares ya preparaban la retirada empezó un lento goteo de argentinos que volvían al país luego de años de exilio forzado. Y luego de las elecciones de octubre y el triunfo de Alfonsín ese goteo ya era una persistente llovizna de decenas de personajes que retornaban cada semana al país. A punto tal que los medios televisivos, radiales y gráficos dejaban apostados en Ezeiza guardias de noteros para barajar a las personalidades a medida que llegaban. Artistas como Víctor Heredia o Marilina Ross, dirigentes sindicales como Raimundo Ongaro, siempre alguno era motivo de una nota. Ese día, el 30 de noviembre, a poco del traspaso de mando, comenzó a circular por el aeropuerto el rumor que en el vuelo tal de Iberia arribaba Casildo Herreras, un histórico dirigente textil que se había fugado del país la víspera del golpe en 1976. Para cuando estaban descendiendo los pasajeros del mencionado vuelo ya los noteros hacían la guardia correspondiente, con grabadores, anotadores y lapiceras en mano. Al rato aparece el canoso dirigente y todos se le abalanzan, estallan los flashes y se disparan preguntas desordenadamente. Uno de los noteros más veteranos y con una cultura general por sobre el promedio alcanza a ver un señor caminando unos metros más atrás, lejos de los flashes. Un hombre de cara ancha, con un saco oscuro gastado y una corbata delgada abierta por las horas de viaje. Un pantalón a tono que intentaba pasar por traje. Bajaba del mismo avión. Arrastraba con dificultad su valija. El notero inmediatamente perdió todo interés por el dirigente sindical y se acercó al hombrecito con total admiración. Guardó su libretita y le extendió la mano: "Señor, es un honor saludarlo, bienvenido de regreso a la Argentina". El señor que bajaba en absoluta soledad y lejos de los flashes y las preguntas intrascendentes era nada menos que don Julio Cortázar. La Argentina en su fiesta de recuperación democrática parecía decirle que no lo necesitaba, nadie percató de su arribo, no fue invitado a ningún canal, no hizo tapa de ningún medio. De regreso en París, su patria adoptiva, moría apenas dos meses después, el 12 de febrero de 1984.

lunes, 28 de marzo de 2016

EL DIOS SURGIDO DE UNA VOTACIÓN

Entre la academia se acepta que el Evangelio más antiguo es el de Marco. Luego siguen los de Lucas y Mateo, no interesa mucho cual está primero, pero ambos inspirados bastante en el de Marco. Y el de Juan se coincide que es el más reciente. Aclaro que de ninguno hay originales. Lo manuscritos encontrados son copias de copias de copias, el más antiguo data de unos 200 años después de que fueran escritos originalmente. Los originales, a su vez, fueron escritos entre 40 y 70 años después de la desaparición de Jesús. La gran discusión que entretiene a muchos eruditos hoy es exactamente cuando Jesús de Nazaret se convierte en Dios. Dejando de lado teorías que algunas religiones yankees como los Mormones o Testigos de Jehová sostienen, ya que ninguna de ellas poseen eruditos de fuste y sus conclusiones salen de ideas caprichosas que solo ellos sostienen, es interesante analizar las opiniones de estudiosos serios en la materia, académicos en su mayoría católicos, evangelistas y agnósticos. Aclaro, para ser honesto, que entre los Testigos hubo uno de la actualidad muy versado en la Biblia llamado Greg Stafford que tuvo la osadía de defender sus ideas frente a colegas de otros credos y lo hizo con buen nivel académico. Por supuesto esto le valió la expulsión (año 2009) y como no podía ser de otra manera para un yankee de Connecticut tan propenso a los microemprendimientos, de inmediato fundó su propia religión. Algún día podemos profundizar en la teoría que sobre Jesús sostienen los Testigos.
Volvamos a Marcos. El evangelio dice en su aclaración que es la historia de Jesús, el Mesías, hijo de Dios. Pero en su contenido, al menos los primeros 8 capítulos, algo así como la mitad del libro, los protagonistas del relato (familia, vecinos, discípulos y sacerdotes) no entienden quién es Jesús. La resurrección de Jesús lo transforma en un ser divino y en esa ocasión, expresa, Marco, Dios lo adopta como su hijo y allí se convierte en una deidad. Esto es similar a otros personajes de la historia que murieron y al resucitar se hicieron una especie de dios, como Rómulo, fundador de Roma, o el propio Moisés del Antiguo Testamento. O sea, según Marco, Jesús se convierte en hijo de dios al resucitar. En Lucas y Mateo, en cambio, la divinidad de Jesús se hace presente en el momento del bautismo de Jesús, cuando se abren los cielos y baja el Espíritu Santo.
Y finalmente Juan, en su primer verso, ubica a Jesús al principio de los tiempos coexistiendo con Dios desde el vamos y se hace hombre después y es el propio Dios el que concibe a María la Virgen.


Esta tendencia cronológica de ir ubicando a la divinidad de Jesús cada vez más atrás en el tiempo según el autor del Evangelio que leamos, disparó toda una discusión durante los primeros siglos del cristianismo. Dos eruditos de Alejandría, Ario y su obispo superior Alejandro, presentaron las teorías más aceptadas para comienzos del siglo IV. Ario sostenía que Dios padre, el todo poderoso, creo a Jesús en un determinado momento del la historia y le dio su carácter divino, pero inferior en rango. Alejandro en cambio sostuvo que Dios y Jesús coexistieron siempre y con igual rango, o sea, son básicamente el mismo Dios. Estas dos interpretaciones tratan de conciliar con cierto raciocinio las contradictorias expresiones de los evangelios. En el Concilio de Nicea del año 325 se trató exclusivamente ambas interpretaciones. Y por una votación finita ganó la teoría de Alejandro. Y esa visión se volvió un Credo para el cristianismo “mainstream” que vino a continuación. En algún momento con más tiempo podemos profundizar en las corrientes de pensamiento previas a las teorías de Ario y Alejandro que son muy interesantes para comprender como se llega a esas dos propuestas zanjadas en Nicea.      

viernes, 25 de marzo de 2016

RAÚL


Mis esporádicas visitas a Buenos Aires incluyen siempre una escapada de medio día a Nueva Pompeya, emblemático barrio donde tiene el taller un entrañable amigo de tres décadas. Un colega que se dedicó casi toda su vida a la reparación de grandes motores eléctricos y de inventar o solucionar lo insolucionable. Mezquino con sus conocimientos porque sabe que ahí radica su competitividad, al poco de conocernos empezó a desburrarme generosamente porque algo mío le cayó en gracia. Imposible de dejar su pasión sigue plenamente activo a los 87 años e incursionando en nuevos desafíos permanentemente. Ahora el fuerte suyo es la fabricación y reparación de bobinas para grandes hornos de inducción, como se ve en una de las fotos. Al mediodía siempre caemos a algún restaurante de la zona que permite disfrutar de los típicos platos que hicieron célebres a los barrios porteños. Esta vez una exquisita y abundante cazuela de mariscos regada por un torrontés que me atreví a sugerir de nuestra región que estuvo perfectamente a tono con la excelente comida. Compartimos además la debilidad de los helados de postre.  
Con muchísimo para rememorar y ponernos al día. Como en una ocasión que un conflicto entre un proveedor tucumano y el Ingenio Ledesma se quiso zanjar con una reunión de “especialistas”, uno por cada parte. El proveedor tucumano me pidió si podía ser su perito de parte ya que Ledesma estaba mandando a “su” especialista para inspeccionar el trabajo en cuestión. Yo llegué una hora antes para coordinar la estrategia con el asustado empresario con la intención de ganar unos días para poder resolver una curiosa falla que no podíamos eliminar a pesar de varios intentos y modificaciones. Cuando llegó el vehículo del Ingenio y veo bajar al “especialista” no pude contener la carcajada. Era nada menos que mi entrañable amigo. Canchero, astuto, porteño de arrabal a pesar de su origen mendocino, sin siquiera mirar la máquina en cuestión me agarró del brazo, me llevó aparte y me dijo: “seguro que hiciste esto y esto, verdad? Ahí está el problema, que pelotudo que sos, y eso que sos el especialista en eso, cómo se te puede pasar?”
Sin que se le escape una insinuación sobre mi incompetencia, se dirige al dueño del taller y le dice: “necesitamos unos elementos que son indispensables para resolver esto de una buena vez, se puede encargar?”. A lo que el empresario tucumano contestó titubeante: “pida no más, le conseguiremos todo lo que necesite”. El porteño respondió “una muzza, una especial, una calabresa y 6 cervezas, con eso andaremos bien.” A partir de ahí todo fue distensión. Mientras comíamos y bebíamos los operarios iban haciendo las modificaciones en la máquina, turnándose para poder participar del convite. Para cuando la conversación ya mostraba los síntomas de los cereales fermentados, la máquina en cuestión ya funcionaba de maravillas. Mi amigo López, el Vasco Viejo como lo llamo de vez en cuando, nos lleva a un lugar reservado al empresario local y a mi y le dice: “yo esto lo hago solo porque está mi amigo Luisito de por medio. Mi intención era llevarme la máquina a Buenos Aires”.

Esta es solo una de interminables anécdotas que compartimos con Raúl López, amistad que me permitió llegar desde las minas del altiplano hasta los confines de la Patagonia. Hoy una parte de lo aprendido le retribuyo respaldando técnicamente las modificaciones e inventos que toda la vida lo hacía a puro “olfato” o prueba y error. Hoy cuenta con la colaboración de mis sofisticadas planillas de cálculo que no comparto con nadie más. No hay retiro en su horizonte. Lo vivo retando por su obstinación por el trabajo y su querido taller, único local que pudo salvar del holocausto industrial de Martínez de Hoz que lo transformó de un gran empresario en un pequeño artesano especialista, a pesar de lo cual su infraestructura y capacidad técnica supera a la de cualquier colega de nuestra región. La biología me insinúa que no lo tendré demasiado tiempo conmigo, a tiro de teléfono. Razón por la cual estas visitas se hacen cada vez más necesarias y emotivas.