sábado, 9 de agosto de 2014

MELANCÓLICOS ANONIMOS

 Simplemente pensar, en nada justamente. Mi vida estos últimos dos meses ha sido algo vertiginosa, pa mi gusto. Pero no me debo quejar, ya que es una construcción adrede.
Pocos horas separan la llegada a casa desde algún confín, en este caso la ciudad de Concepción, donde anoche tocamos con los Peces Gordos en un show muy gratificante (vivo en San Pedro, nos queda lejos) y partir de nuevo hacia otro lado, el lunes a la madrugada rumbo al Salar de Olaroz.
Entonces hoy decidí sentarme en el fondo de casa, notebook en mano y contemplar. Escribir. Parecido a no hacer nada, para algunos. Yo tengo mis dudas, tampoco me la creo que estoy haciendo “algo”.
La entropía es un concepto físico molesto. Sirve para poco, pero llega a incomodar más allá de la física misma, en particular, la filosofía. El universo tiende al caos. Es más probable un vaso roto a uno sano. ¿Por qué? Porque el proceso de romper un vaso es un paso sencillo. Una vez roto, volverlo al estado sano es casi imposible. Y de lograrse, requiere muchos pasos complejos. Dicho eso, me lleva a pensar que nuestra casa está en un estado físico muy probable. Lo de escribir en el fondo no solo responde al amor por la naturaleza, es casi el único lugar posible. A la tarea de acomodar libros iniciada hace semanas, se suma que hoy estamos pintando. Y ayer podamos un árbol. Así que sentado entre ramas, estantes y cajas al aire libre, mientras que puertas adentro la casa parece una de esas fotografías de Bagdad luego de una visita de George W, escribir parece solo una excusa para no hacer demasiado, en un intento que mis pocas horas de quietud no se volatilicen en tareas necesarias pero evitables.
En realidad la suma de tareas es circunstancial. No suelo ser tan exitoso en mi trabajo ni es cosa de todos los días salir a tocar en otras partes con mi banda. Escribiendo esto se me vino a la mente la definición del intelectual del desprendimiento con lo ajeno, don Carlos Saúl cuando atribuía todo a “una casualidad permanente”. Algo de eso hay aquí, se me late.
Tengo un amigo, alguien que me enseñó mucho, que tiene su taller en Pompeya. Ese rincón de Buenos Aires entre tanguero, industrial, algo decadente, con aroma a Riachuelo que visito casi exclusivamente cuando voy a visitarlo a él. Tiene 85 años y sigue trabajando. Yo lo cargo comparándolo con el Juez Fayt. Y no solo repite un trabajo que hace desde toda su vida, está innovando, inventando, buscando aprender y aplicar cosas nuevas. Me hace sentir vergüenza, yo aquí buscando la manera de trabajar menos. Tengo demasiadas inquietudes más allá del laburo. Pero me sorprendo muchas veces zambullido entre apuntes, libros y fórmulas investigando y aprendiendo más sobre mi especialidad. Es evidente que me gusta la música, la literatura, la historia, la política, las relaciones humanas. Pero también me gusta lo que elegí a los 18 años cuando decidí entrar a esa Facultad en particular y a esa carrera. Mi amigo me llama 2 o 3 veces por semana, un estereotipo de porteño de barrio con todo lo disfrutable y poco de lo molesto. Ayer discutimos sobre diferencias semánticas. A mi no me gusta la manera que él, y todos sus colegas, llaman a ciertos conceptos y le explicaba por enésima vez. Y él entiende y sabe que tengo razón, pero la costumbre, mala, lo lleva a no cambiar. Los jóvenes somos así, me dice, entendenos, somos duros. Vos sos un pibe, me dice, desde que nos conocimos, cuando la frase era absolutamente cierta. La vida tiene sus límites, y la perspectiva cambia a medida que nos acercamos a ellos. No es el mismo para todos y eso hace incierto el instante siguiente. Y hay un miedo latente a perder esos afectos. Saber que algún día tendremos que aprender a vivir sin ellos. Y por eso me emocioné tanto que aparezca Ignacio/Guido, a tiempo para Estela.

Todos los casos me emocionan, pero en este hay un pequeño adicional. Me hubiera oprimido el corazón, que justamente Estela, la que puso el pecho, el esfuerzo y su vida a la tarea de buscar nietos y con tanto éxito para muchos, se haya ido de este mundo sin encontrar el suyo. Y estando tan cerca. Mirá vos, como empezamos con la entropía y terminamos hablando de esto. En realidad solo quería mencionar que si no fuera por esa ininterrumpida pérdida de afectos con la que uno debe aprender a convivir, la vida sería bastante parecida a perfecta.        

viernes, 25 de julio de 2014

MENTES QUE BRILLAN

Las tribulaciones de la vida cotidiana me llevan a veces a pasear por el jardín, el de los senderos que se bifurcan, buscando definiciones que no logro encontrar en otras partes. Vida, muerte, realidad, fantasía aparentan cobrar sentido durante esas caminatas. A poco de andar, entre colores maravillosos, perfumes de flores indefinidas y bifurcaciones inesperadas, encuentro a un hombre sentado sobre una piedra leyendo un libro antiguo. Era el tipo de hombre que aparentaba emanar cierta sabiduría. Al verme acercar, baja el libro y me mira con amabilidad. Lo saludo cordialmente y se me da por preguntarle su actividad, cuando en realidad quería saber qué hacía ahí.
Soy físico teórico, responde, con un dejo de rubor, como pidiendo disculpas.
Que oportuno, respondí, porque me interné en este jardín preguntándome sobre la realidad, como entenderla, interpretarla.
La realidad, como la vemos, no existe, responde. Ante mi estupor, continúa. Todo el universo está compuesto por ondas. No hay realidad, como tal. Solo ondas y los campos por donde discurren. Campos de fuerzas, llamados bosones, campos de partículas, llamados fermiones. Y todo está compuesto de ondas.
Pero yo veo cosas y las puedo tocar.
Es así, es nuestra percepción. Si observamos con atención una onda, ésta se convierte en una partícula, pero si no la miramos, sigue siendo una onda.
¿Si la miro, veo una partícula, pero si no la miro, qué pasa?
La partícula no existe, al menos no en ese lugar, en ese momento.
¿Yo con mirar puedo alterar el presente, entonces?
No solo eso. Si la partícula que observa está en movimiento, proviene de otros puntos por donde pasó antes. Pero solo pasó por ahí si fue observada. Mirando no solo altera el presente, usted altera el pasado.
Quedé pensando unos segundos y no pude evitar decir:
Con todo respeto, eso me suena contrario a toda intuición, a toda lógica. Para ser franco, como teoría me parece absurda.
No se justifique amigo, a mi también me parece absurda y contra toda lógica. Pero en 80 años de ensayos, experiencias y observaciones jamás se contradijo esa teoría. Siempre se cumplió. Es como funciona la realidad, el universo.
Cuando pude reaccionar, me di cuenta que todavía estaba con la boca entreabierta. La transformé en una tímida sonrisa a manera de despedida y seguí mi camino. Mientras pensaba en lo que acababa de oír iba observando las maravillas de ligustros, flores y árboles que adornaban el jardín. Pensar que eran solo visiones que se acomodaban a medida que las miraba. Apareciendo solo en el instante que posaba la vista en ellas. Me di cuenta que paseaba por el Jardín de los Presentes. Todo era presente, instantáneo, volátil. Y pensé ¿cómo puede una teoría tan absurda estar tan acertada?
A poco de andar, en otro claro del jardín encontré un segundo hombre, sentado también en otra piedra grande, contemplando el paisaje hasta percatarse de mi presencia. Ilustrado el hombre, me daba la impresión.
¿Es usted físico? se me ocurrió preguntar por toda presentación.
No, para nada. Respondió.
Soy economista liberal. ¿Y usted?
Yo cuando paseo por aquí sólo divago sobre la realidad y esas cosas, no soy nada más.
Yo entiendo la realidad, si le sirve de algo.

Por supuesto, buen hombre, sería de gran ayuda.
La realidad la maneja el mercado. Las leyes de oferta y demanda. Si uno deja librada las fuerzas de la naturaleza, el hombre busca su progreso, realiza inversiones, surgen empresas, fábricas, productores. Si el estado no interviene con regulaciones e impuestos que todo lo distorsiona, se produce un círculo virtuoso de crecimiento, los empresarios se enriquecen, pagan buenos salarios a sus trabajadores, estos consumen y así los grandes beneficios de pocos se derraman sobre el conjunto de la sociedad, esta progresa y todos están felices. Y como todos tienen buenos sueldos y son felices, pueden construir sus propias casas, mandar a sus hijos a escuelas privadas y pagar por una buena salud, así el estado no debe preocuparse por esos temas y puede concentrarse en la seguridad, su principal tarea. Eso es lo natural, esa es la mejor realidad que todos debemos buscar.
Y si amigo. Debo confesar que su explicación tiene su lógica, suena muy coherente. 
Como era un tema del que sí escuché hablar por décadas, algo sabía al respecto. Y todavía con la cabeza alterada por las palabras del físico, se me ocurrió agregar.
Pero en 80 años de ensayos, experiencias y observaciones jamás se cumplió esa teoría.
Noté que el hombre me miraba sin ver, sabía que buscaba desesperadamente entre sus memorias el ejemplo concreto que contradiga lo que acabada de aseverar. Con una tibia sonrisa me di la vuelta para seguir mi placentero paseo.
Sin ocultar una sonrisa cada vez menos sutil, iba pensando íntimamente ¿cómo puede una teoría tan razonable estar tan equivocada?




viernes, 18 de julio de 2014

CRONICAS DE LA INFANCIA: "1959"

“Desde que tengo uso de razón” se escucha por ahí. Yo sospecho que razón empecé a tener allá por 1959, no se si el “uso”. Pero mis recuerdos más remotos comienzan allí. En Enero viajamos con la familia a USA, viaje del que no conservo recuerdo alguno, ni de la Argentina que abandonaba. Recién en abril de ese año empecé a conservar mis recuerdos. Se trataba de un viaje a Washington, donde recuerdo el monumento a Lincoln, su monumental estatua de mármol, sentado, majestuoso, mirando hacia el lago rectangular que ilustra mi muro del FB y al fondo el obelisco de George Washington. El Insituto Smithsoniano era el otro hito de ese día que quedó grabado. Un día de sol pero ventoso, con los sombreros de los varones, prenda obligada todavía, rodando por las veredas y el césped del museo. Recuerdo los autos del futuro, inspirados más en H.G.Wells o Ray Bradbury que en predicciones técnicas más realistas. Y un cohete, la novedad señora, erguido a la par de una de las naves, a la intemperie. Llegaba a la altura del techo del edificio de no más de 3 pisos, pequeño para los standares actuales, y con las siglas USAF, previo a la NASA, que quedaron impresas en mi retina años antes de aprender el abecedario.
Estos recuerdos comenzaron como flashes, como estos símbolos y números que aparecían aleatorios antes de tomar forma la película cuando los cines eran de celuloide. Pocos meses después, con algunos flashes memorables que algún día mencionaré en el medio, finalmente la película arranca y logré conservar un hilo de recuerdos casi ininterrumpido de mis primeros años de vida.
Para fines de ese año ya vivíamos en una casa de la calle Maple, en un pueblo de New Jersey. Imposible parecerse más a una típica película costumbrista de la época. Ahí empecé a interactuar con gente más allá de la propia casa.
Recuerdo en particular un amigo, que se acercó. Era de mi edad, 3 años. Yo hablaba el tucumano que aprendí desde chico y él hablaba un inglés de New Jersey. Conversábamos cada uno en su lengua sin percatarnos que no coincidían, sin que ello impidiera una fluida comunicación. Con el correr de los días nos hicimos inseparables.
Una aventura que se convirtió en rutina era dar una vuelta a la manzana, por la vereda, sin bajarnos a la calle. Era la manzana de él, frente a nuestra casa. Y él era el baqueano, el conocedor. El recorrido lo hacíamos cada uno en su vehículo, nada de ir de a pie. El tenía una bicicleta con las dos rueditas al costado. Yo tenía un triciclo, pero no uno cualquiera. Uno que mis viejos encontraron vaya a saber en que basural o venta de usados. Diferente, importante, nunca volví a ver algo así. Tenía, como su nombre lo indica, tres ruedas. Pero a diferencia de los triciclos infantiles normales, este era de tracción trasera. Si, tal cual. Disponía de unos pedales y corona como una bicicleta, una cadena y un piñon fijo solidario con las ruedas traseras. La rueda delantera era solo para la dirección. Ruedas infladas, silleta cómoda, yo sentía que era un Cadillac, notable vehículo.
El recorrido salía del frente de casa en sentido anti-horario. Íbamos en fila india, mi amigo indefectiblemente al frente y yo atrás. Me daba la sensación que alcanzábamos los confines del universo y volvíamos sanos y salvos a casa.
En uno de esos viajes, cuando estábamos en la esquina más alejada del recorrido, mi amigo se encuentra con un adulto que era evidentemente amigo de su familia. Comienza una charla amena y distendida, mientras nuestra caravana quedaba inmóvil. Pasaban los minutos y yo veía las bocas moverse alegres, intrascendentes, sin entender casi nada del contenido. Y en eso mi minúscula vejiga empieza a hacerse sentir. Yo empiezo a impacientarme pero mi infinita timidez y desconocimiento de cualquier código me inmoviliza. Sólo me limitaba a esperar. La charla continuaba y yo sufriendo en silencio. Años después al leer “El Corazón Delator” de E. A. Poe, la escena de los policías charlando distendidos en la cocina del asesino mientras él por dentro sufre y se aguanta la culpa y el ruido de su corazón por estallar me trajo a la memoria esos interminables minutos en esa esquina tan lejana de mi base natural.
No puedo saber simplemente confiando en ese recuerdo tan remoto, cuantos minutos trascurrieron, pero no había ningún indicio que esa charla estaba llegando a su fin. En un determinado momento la necesidad pudo más que la inseguridad. Maniobré mi nave pasando a la bicicleta de mi amigo y acelerando a fondo me dirigí lo más rápido posible en dirección a casa, casa donde había definitivamente aprendido a controlar esfínteres unos meses antes. Mi amigo, con una voz de angustia irreprimible, se despidió a los tropezones del amigo adulto y empieza a perseguirme en un sollozo descontrolado. Recién ahí pude percatar lo trascendente que era para él ir primero durante el recorrido, y la frustración que significaba haber sido superado. Yo disponía de una estabilidad y velocidad final que superaba sin esfuerzo la bicicleta de mi amigo, y la desesperación por llegar aumentaba mis naturales condiciones. Llegué frente a mi casa y crucé la calle con los recaudos del caso pero mi fisiología aun sin domar por completo pudo más. Mis pantalones de corderoy gris se mojaron completamente y ya aliviado de mis padecimientos, perdí todo vestigio de urgencia. Me senté en las escalinatas de madera de mi casa a mirar como mi amigo entraba a su casa en un solo alarido de desconsuelo, sin comprender hasta el día de hoy que fantasías o frustraciones lo atormentaban a tan corta edad. Yo aprendí, por mi lado, que no alcanzar los objetivos no era algo tan grave si en el intento se puso lo mejor de uno mismo. Remoto pero satisfactorio recuerdo que quise compartir con los amigos.

lunes, 5 de mayo de 2014

GUITARRAS Y LA TÉCNICA II

SUSTAIN (Parte 1)
Este es un tema que pude ser interesante para el guitarrista eléctrico. Primero, vamos a definir algunos aspectos mecánicos que intervienen en este proceso y luego analizar los aspectos generales.
En internet visité algunos sitios especializados en guitarras eléctricas y debo decir que andan por las ramas con este tema. No he leído un análisis serio que dé en la tecla.
El sustain es un proceso donde intervienen TODOS los elementos de nuestro sistema de sonido: guitarra, pedales, amp y parlantes.
Los principios físicos que intervienen son varios: el péndulo, la elasticidad, la acústica, dinámica, pero por sobre todos estos un gran principio físico, madre de todos los demás: la conservación de la energía.
La Hamaca y el Arco: aquí dos ejemplos cotidianos: la hamaca del jardín o del parque de diversiones es básicamente un péndulo: independientemente de cuan alto nos hamaquemos, el período o tiempo que nos lleva completar un ciclo (salir del punto A y regresar a él) será siempre el mismo. Pero con el tiempo, si no ejercemos algún aporte externo de energía, la hamaca o columpio se detiene. Hay rozamiento en sus puntos de apoyo y hay resistencia del aire que se opone al movimiento.
El Arco: aquí tenemos un pedazo de madera o fibra de vidrio o metal que mantenemos en una determinada posición mediante un hilo. Esta posición la llamaremos de reposo. Al tensar la cuerda, la madera o lo que sea se deforma. Internamente, las moléculas y las fibras se estresan gracias a la energía aportada por el brazo del arquero. Esta energía se almacena en estas moléculas que ahora están deformadas y cuando suelto la cuerda, vuelven violentamente a su posición anterior liberando esa energía y que se puede utilizar para desplazar una flecha o proyectil.
Esto nos ayudará a entender lo que tengo que decir.
El sustain de una guitarra eléctrica es un proceso particular y diferente al sustain en una guitarra clásica o acústica. Algunos puntos hay en común, pero hay una diferencia sustancial. En las guitarras eléctricas el sustain puede llegar a hacerse indefinido. Algo completamente inexistente en una guitarra sin amplificación.

La guitarra es básicamente un conjunto de cuerdas apoyadas en dos puntos y de un determinado largo. Si estiro una cuerda con una púa o con el dedo estoy replicando la situación de estirar un arco. Estoy tensando la cuerda y ésta tenderá a volver a su situación de reposo. Pero a diferencia del arco que tiene un hilo que limita su recorrido, aquí la cuerda comenzará un recorrido que la llevará más allá del reposo hasta tensarla nuevamente en sentido inverso y así comienza una oscilación idéntica a la de la hamaca. No importa cuanto estiremos la cuerda, siempre demorará igual tiempo en completar un ciclo. Siempre sonará a la misma nota musical. Al igual que la hamaca, hay elementos que intervienen para amortiguar esta vibración. Una es la elasticidad en los puntos de apoyo de la propia cuerda, un tema que profundizaremos cuando veamos la calibración de la guitarra, otra, la resistencia del aire (como en la hamaca), otro es el efecto de los imanes de los mics sobre las cuerdas metálicas que tienden a querer frenarla, otra es la amortiguación en los elementos de unión entre los dos puntos de apoyo: puente con cuerpo, cuerpo con mango, mango con clavija, cuerda con cejuela (o cejilla). En definitiva, la cuerda con el tiempo volverá a su estado de reposo. Cuanto más demore este proceso de alcanzar el reposo nuevamente, más “sustain” decimos que tiene una guitarra. O que durante más tiempo “sostiene” la nota. Pero indefectiblemente el sonido se apaga. Esto analizando exclusivamente la guitarra. Todo cambia cuando enchufamos los otros fierros. Eso lo vemos en el próximo post. 

GUITARRAS Y LA TÉCNICA 1


Amigos guitarristas, algunos me conocen, otros no. Llevo décadas tocando intermitentemente la guitarra y sé que en nuestro medio hay eximios guitarristas, una densidad de luthiers por habitante único en sudamérica y bandas de todo tipo y género musical. No tango nada que enseñarle a nadie en lo musical ni en lo que hace a la artesanía de los instrumentos. Pero mi especialidad es el electromagnetismo y como las guitarras eléctricas son, de alguna manera, dispositivos electromagnéticos, es en este campo que quiero hacer unos aportes producto de mi experiencia profesional y del hecho de que mal o bien, llevo muchos años lidiando con estos hermosos instrumentos. De a uno iré subiendo comentarios, algunos evaluaciones personales, otros fundamentos técnicos que les puede resultar interesantes. Espero que les sea de su interés y les sirva cuando llegue el momento de tomar alguna decisión sobre la compra, canje, o armado de un sistema de sonido para el instrumento en cuestión. Empecé con los comentarios técnicos que acompañaron la reparación de un micrófono de un Fender Jazz Bass de Pedro Gómez y que felizmente ya terminé y que mañana ya estará en manos de su dueño para oír los comentarios finales sobre como quedó. Voy a buscar los archivos con los textos y estarán disponibles en mi blog en breve.
Aquí, de muestra, un pequeño consejo que la mayoría ya sabe y me parece obvio mencionarlo, pero me motivó incluirlo cuando presencié hace poco exactamente lo contrario:
¿QUE GUITARRA COMPRAMOS?
Esta es la pregunta del millón. Y no tiene una respuesta. Depende de cada uno. Pero indefectiblemente, cuando estamos en el negocio y tenemos dudas respecto de varios probables instrumentos, vamos a querer probarlos. Hace poco vi un adolescente eligiendo una guitarra. Lo primero que pidió es una pedalera modelo tal que es la que él usa normalmente y la programó acorde a su uso. Y ahí le dio volumen a un equipo que pidió lo más similar al suyo y comenzó el show. Si vamos a procesar el sonido de la guitarra, estamos modificando el sonido "puro" del instrumento y en definitiva vamos a escuchar más el proceso que el instrumento mismo. Y si las pedaleras son del tipo digital, una SX de segunda selección sonará igual que una Les Paul '57 Custom. Lo correcto es enchufar la guitarra con un cable sin nada en el medio y en un equipo sin efectos y con los tonos planos, para poder variarlos desde el instrumento. Ese será el sonido puro del instrumento y es lo que nos permite comparar a la hora de comprar. Es más, Botafogo recomienda tocar la guitarra al aire, sin cable siquiera. Aquí desacuerdo con el barbudo porque no permite escuchar como capta el micrófono el sonido, ni la incidencia magnética de cuerdas ni la impronta de la madera en la generación de la forma de onda, algo único de cada instrumento. Si el argumento es que nunca tocás la guitarra de esa manera, mi respuesta será que no te rebanes los sesos ni gastando dinero de más. Cualquier instrumento que te resulte cómodo a la mano y sea calibrable, o sea, corregible sus errores de afinación, altura de cuerdas y altura de micrófonos, te servirá a tus objetivos. Si en algún momento de tu música necesitás un sonido sin efectos, eso es lo que debes escuchar a la hora de decidir una compra y te permitirá diferenciar cual de los instrumentos es más apto a tu oído, que es lo que importa en definitiva.
Abrazo, muchachos.
Me gusta · 

jueves, 1 de mayo de 2014

LA SAGA DE PEDRO


Ayer recibimos el famoso alambre de 0,06 mm de diámetro para poder rearmar el mic del Fender Jazz Bass de Pedro Gómez.
Micrófono con Imanes a la vista - Cinta poliester
Desarmamos el mic sacando los viejos alambres para dejarlo listo para bobinar y nos damos con que el mic es de aquellos que mencionamos en los post anteriores. Está bobinado directamente sobre los imanes sin nada de por medio. Y eso explica la falla del mismo. Le comenté a Pedro que lo único raro del mic eran unas manchas aparentemente de una reacción química, como si algún bourbon u otro producto químico le hubieran penetrado. Pero teniendo en cuenta los comentarios en la red sobre los primeros micrófonos bobinados directamente sobre el alnico de los imanes y que presentaban con el tiempo reacciones químicas, creo que la razón de la falla quedó demostrada. Y eso encaja con la sintomatología descripta por Pedro, el mic se fue callando de a poco hasta morir. No es que se apagó de un día para otro, como un corte accidental del alambre, se fue contaminando hasta dejar de funcionar. Bueno, la cosa es que antes de introducir los alambres vimos que este problema se solucionaba con una cinta de papel o similar para aislar el alnico del alambre de cobre esmaltado. En nuestro caso disponemos de unos aislantes sintéticos de poliéster muy muy delgados del orden de 0,00625mm que nos permite envolver con varias vueltas a los imanes sin incidir en las dimensiones del micrófono, y siendo sintéticos no necesitan un barnizado previo. En la foto se observa el mic desarmado con los imanes a la vista y la cinta de poliester con que aislaremos.
Mic Aislado con Poliester listo para bobinar

Mic montado en torno semi-automático alta velocidad  
Con todas las precauciones del caso se sueldta el alambre al terminal correspondiente del mic asegurando de no dejar estaño ni otra protuberancia hacia el lado de adentro del mic porque esto cortaría el delicado alambre al intentar bobinarlo.
Usamos un torno del tipo semi-automático (hay que pilotearlo a mano) de alta velocidad. Este permite dar las 8000 vueltas que tiene el mic Fender en menos de 90 segundos. (alta velocidad para los standards míos, hay mucho más rápidos). Pero eso es solo recomendable en bobinas redondas o cuadradas. El mic es muy alargado y es algo delicado así que usamos velocidades mucho más bajas. En total me llevó 12 minutos terminar el micro con el cuidado del caso. El torno dispone de un cuentavueltas digital con memoria indispensable para un buen trabajo. Se observa el 0 antes de empezar y el 8000 indicando las espiras correctas al terminar. A simple vista el micro aparece lleno con la misma cantidad de alambre que el modelo original, esto es un buen síntoma de que no hubo pifies en la confección del mismo ni en la elección del alambre. Sacamos el mic del torno.
Luego procedemos a soldar con cuidado el final de la bobina al terminal correspondiente. Una vez soldado controlamos la resistencia del alambre y nos da 7,78 kOhms, prácticamente idéntico a los
Mic Terminado con sus 8000 espiras
7,8kOhms que dice Fender en sus catálogos. No se deliren por la precisión aquí, recuerden que este valor depende mucho de la temperatura ambiente. Los valores de catálogo se especifican generalmente para 20°C o 75°C cuando se trata de motores o transformadores. Hasta aquí un éxito.

Aquí el micro ya está casi listo para colocar de vuelta en el bajo. Pero vamos a darle una mano liviana de un barniz secado al aire para protegerlo algo mejor del ambiente. El único barniz secado al aire que dispongo es uno del tipo Glyptal para terminación, justamente para este tipo de aplicaciones superficiales. Es un barniz de color rojo así que el aspecto del mic cambiará, pero como no es visible ya que tiene una tapa plástica que le da la forma definitiva no hay problema con esto. Ya solo queda armar el bajo. Eso será mañana. Hoy es el día del trabajador, no nos olvidemos.      
Verificar el Valor de la Resistencia
Mic Recubierto por Barniz Glyptal Protector

domingo, 13 de abril de 2014

THE BLUES
Capítulo II

Como mencioné en el capítulo I, el blues se reconoce, por la mayoría de los autores, como surgiendo en la década de 1890 en las zonas rurales empobrecidas del sur. Retrocediendo desde 1890, la influencia de las raíces africanas y la memoria de la esclavitud en la  estructura musical del blues es motivo de especulación y es donde los estudiosos empiezan a desencontrarse.
Vamos a ir avanzando en sentido contrario, siguiendo el relato cronológico para que los lectores puedan darse una idea válida y personal sobre las posibles interpretaciones y así sacar las conclusiones que mejor concuerden con las propias sensaciones que este género despierta en cada uno.

LA RAZA

Independientemente de las controversias, es innegable que el blues es una forma de arte afro-americana. Y el análisis y el estudio de la historia del blues deben empezar por el tema racial. Algunos estudiosos insisten en que debe empezar y terminar en el tema de la raza. Vamos caminando la historia, retomando donde quedamos en el capítulo I.
El flujo de esclavos, que como mencionamos, comenzó en 1619 y siguió hasta bien entrado el siglo XIX. La historia norteamericana gusta mencionar el 1° de enero de 1808 como el fin de la trata de esclavos, porque ese día entró en vigencia la ley que prohibía la importación de personas con ese fin. Ley que fue fácilmente burlada por años, ya que la única autoridad de aplicación de la ley era la minúscula flota que USA tenía para ese entonces y los traficantes no tenían demasiados problemas en introducir a la gente proveniente de Äfrica por diferentes puertos ilegales. Y el comercio doméstico seguía de forma abierta por todos los estados del sur, donde la posesión de esclavos era legal. Así se comprueba en este aviso de 1829.


Aviso en Periódico anunciando
            la subasta de Esclavos en 1829, junto con arroz, agujas,
libros, cotillón y otros menesteres 

Lo importante de 1808 y de esa ley federal en particular, es que habilitaba a los estados a dictar leyes prohibiendo la esclavitud, cuya legalidad hasta entonces estaba protegida por la Constitución de los Estados Unidos. Así empezaron los estados del norte uno por uno a abolir la esclavitud y generando la diferencia que llevaría finalmente al sur a declararse independiente en 1860, luego del triunfo en las urnas de Abraham Lincoln.
Este flujo de cientos de miles de africanos durante más de dos siglos produjo con los años y las generaciones lo que a nosotros nos gusta llamar un “crisol” cultural donde confluyeron culturas africanas de diversas regiones y la variada cultura europea, sumada a las danzas campestres y baladas que ya se escuchaban entre los campesinos blancos. Todo esto, sumado al analfabetismo impuesto por los patrones a los esclavos que dejó escaso o nulo registro de sus actividades culturales, es lo que asombra y confunde a los estudiosos de las raíces musicales del blues.
Pero es innegable la raíz africana del blues. La inevitable mezcla e influencia de la cultura blanca en el desarrollo posterior que desemboca en el blues que conocemos hoy también es el germen que hace del doble sentido y del mensaje encriptado una constante dentro del género. En el sur profundo, donde la esclavitud tenía su epicentro, el canto del esclavo era motivo de confusión para los dueños de las plantaciones. Algunos lo estimulaban como estrategia para mantener los ánimos, disminuyendo las fugas y mejorando la productividad de sus esclavos. Mientras otros amos lo prohibían pensando que los dialectos empleados en las letras era una herramienta para pasar mensajes conspirativos entre ellos. Algo de cierto había en esto último y fue el origen del doble sentido en las letras que cantaban los negros cuando el inglés empezó a predominar como lenguaje cuando ya los esclavos eran segunda o tercera generación y los dialectos africanos se fueron perdiendo, no sin antes incorporar palabras, costumbres y personajes a la cultura de las nuevas generaciones.
Estas herramientas culturales les permitían a los esclavos tener un área de desenvolvimiento aislada de las garras de sus amos. Así floreció la música negra y para mediados del siglo XIX ya existían una interesante colección de canciones para acompañar el trabajo en el campo y también, con fuerte influencia europea, una gran variedad de canciones de tipo folclóricas y los famosos “spirituals” o canciones rituales y religiosas, ejecutadas con banjos, violines, flautas e instrumentos de percusión, panderetas, huesos, y cualquier medio al alcance de la mano.

MINSTREL

Quiero mencionar un género que floreció en el siglo XIX hasta el punto de convertirse en la primera expresión artística netamente norteamericana y que es el “Minstrel”. El minstrel es el precursor de lo que más adelante se conocerá como “vaudeville”. Era un género teatral satírico hasta lo grotesco donde actores blancos oscurecidos a fuerza de corcho quemado interpretaban a esclavos negros, exagerando y ridiculizando sus costumbres. Aparte de esa visión racista y segmentada, tendía el Minstrel a mostrar una vida alegre, despreocupada y divertida para los negros en las plantaciones sureñas.
Tan era así que un tema recurrente en los argumentos de los sketches era el negro que liberado o fugado de la plantación, sentía nostalgia por el amo y su vida anterior y no veía las horas de regresar a su “hogar”. Este género arrancó con bastante fuerza en la década de 1830, con grupos viajeros y producciones más bien pobres hasta ir creciendo en calidad, producción y libretos. Una de estas muestras musicales y de baile que tuvo gran éxito fue la obra de Thomas Dartmouth Rice llamada “Jump Jim Crow”, llevando el género del “blackface” o cara negra como se conocía popularmente a estos espectáculos, a un nivel completamente distinto. En la cúspide del éxito de esta obra, un crítico del diario The Boston Post escribió que “los dos personajes más populares de la actualidad son la reina Victoria y Jim Crow”. Tan grabado en el colectivo social quedó el nombre Jim Crow referido al personaje negro de la obra, que a finales de la década de 1870 cuando se empezó a aplicar las normas en el sur que permitían a los bares, hoteles, salas de espectáculo, medios de transporte y prácticamente cualquier lugar público a segregar a los negros, prohibiéndoles la entrada u obligándolos a ubicarse en sectores delimitados para ellos, estas normas pasaron a llamarse “políticas Jim Crow”.
Ya desde fines de la década de 1840 empezaron a aparecer actores negros en estas compañías y en 1855 apareció una compañía formada exclusivamente por actores, cantantes y bailarines afro-americanos. A diferencia de las compañías de blancos, que se promocionaban como muestras de la cultura, música y danzas de origen africano, la mayoría de los estudiosos ponen en duda que la música exhibida en esas muestras haya tenido influencia alguna de esas latitudes. En cambio, los grupos de afro-americanos que empezaron fuertemente a tallar en el mercado del Minstrel al finalizar la guerra civil, a pesar de influenciarse mucho en su contraparte blanco, incorporaron los spirituals y el gospel en los espectáculos, algo que los blancos nunca hicieron. También fueron aporte de las compañías negras los personajes femeninos, algo casi completamente ausente del Minstrel original blanco.
La mayoría del público del minstrel auténticamente negro eran afro-americanos, admirados e identificados con actores de su raza,  pero también blancos interesados en la cultura negra, en particular sus bailes y música y que no iban a poder ver en las compañías blancas de caras negras.
Ciertas compañías alcanzaron tanto éxito que fueron compradas por grandes empresarios blancos de Nueva York, incluso para asociarse con empresas francesas e inglesas y llevar el show por toda Europa. Para fines de siglo este género empezó a declinar, dando lugar al vaudeville, de origen europeo, que empezó su etapa de apogeo como se puede ver luego en las primeras películas de Chaplin y otros grandes directores de principio del siglo XX.
La Compañía de J.H. Haverly's nació como una compañía negra que fue comprada por un empresario blanco y se fue fusionando con otras hasta convertirse en la más grande, llegando a tener más de 100 personajes en el escenario, incluso acróbatas japoneses. Producción costosa, escenografías extravagantes, estos mega-espectáculos de los 1870 fueron sacando del circuito rentable a los grupos más chicos
Lo importante del Minstrel es que llevó una imagen de las peripecias del esclavo a las grandes ciudades del norte. Esto generó al principio una afinidad de clase, siendo el obrero urbano el primero en identificarse con el sufrimiento del esclavo negro de las plantaciones. En la época 1830-1840 estaban surgiendo los movimientos abolicionistas en el norte y esto fue una manera de simpatizar con la causa negra. Pero la insistencia distorsionada del mistral de “cara pintada” en mostrar que el negro era alegre, despreocupado, vago, desordenado, indisciplinado fue tallando otro sentimiento que en muchos casos sobrepasó la simpatía de clase del blanco pobre para convertirse en no ya una cuestión de clase, sino de raza. El trabajador blanco veía al negro como una mala competencia, un ser imposible de adaptar a la vida urbana y una amenaza. Así se identificaba mejor con su patrón blanco que con su colega de sufrimiento negro. Estos sentimientos cruzados, contradictorios, enfrentados y basados en el miedo y el desconocimiento formaron gran parte de la idiosincrasia tan difícil de catalogar que marca al americano medio incluso hasta nuestro presente. Y dentro de toda esa maraña de aspectos sociales, los afro-americanos se fueron abriendo camino, primero como esclavos, libertos o ciudadanos libres dentro de un contexto de esclavitud tolerada y legalizada, o disfrutando de una libertad impuesta por la guerra civil pero dentro de un contexto de odio y fuerte segregación, en particular a partir de 1877, año en que las tropas federales abandonaron el sur de la reconstrucción y dejaron a los negros a merced de sus antiguos amos, que de inmediato pusieron en efecto las normas “Jim Crow” para mantener a los negros en ghettos bastante delineados y fuera de sus ambientes.
Un simple bebedero podía estar regulado
según las razas
gracias a las leyes "Jim Crow"
El dueño de la plantación, para resolver el dilema de la mano de obra, ahora que sus esclavos fueron liberados, recurrió al arriendo de sus tierras a los propios negros recién liberados. Este sistema obligaba al trabajador afro-americano a endeudarse con su ex amo para proveerse de semillas, fertilizantes y otros insumos y que deberá devolver después con la cosecha. La vida en el campo en el día a día no cambió demasiado, salvo por el detalle de que el trabajador era formalmente libre. Y en un aspecto la situación era peor: si se perdía la cosecha por alguna inclemencia como sequía, inundación o langostas, el ex-esclavo quedaba endeudado con su antiguo amo, pudiendo perder sus pocas pertenencias o teniendo que volverse a emplear y trabajar gratis para cumplir con sus compromisos. En este contexto estamos llegando a fines del siglo XIX, donde ya podemos empezar a descubrir formas musicales que, partiendo de los acompasados cánticos de la plantación, de indudable raíz africana, el folclore negro y las danzas, sumadas a la influencia de los cantos religiosos como el gospel y los spirituals, y además las influencias estructurales de Europa incorporadas en las canciones y bailes que se expandieron y popularizaron con el itinerante Minstrel, darán forma a lo que pocos años después identificaremos como blues.

Puesto humildemente y de manera muy personal en un contexto histórico, en la próxima entraremos de lleno en el tema concreto de este género.