viernes, 25 de marzo de 2016

SEMANA TRAGICA

Relato libre sobre eventos desconocidos de la Semana Santa
Luis Octavo Corvalán
Marzo de 2016

Parte 1: La llegada

Simón acomodó el tronco y se sentó. Aprendió la distancia justa. Muy cerca y recibía un silencio incómodo que podía durar toda la noche. Demasiado lejos y se condenaba a un anonimato intrascendente y se perdía las novedades. Siempre había novedades. A esta distancia sabía que Jesús se largaba a hablar solo, pero sabiendo que Simón, para entonces llamado Pedro, podía escucharlo claramente. Ese diálogo indefinido, sin interlocutor establecido, fue la manera que tenía Pedro de llegar un poco más allá de las palabras destinadas a toda la tropa y poder escarbar adentro de esa mente brillante que tanto le costaba entender. 
Comenzaba a caer la noche pero quedaba tiempo para llegar a las casas de los amigos que los esperaban. Pero la decisión fue acampar afuera y entrar a la ciudad recién con las luces de la mañana. Había que cumplir algunas formas, y eso irritaba particularmente a Jesús, que había dedicado su vida adulta a violarlas. Le importaba el fondo, un mensaje, enseñanzas que rompían con siglos de costumbres que incluso como tales ya se habían distorsionado mal. 
El silencio duró algunos minutos, hasta que se escuchó el primer comentario, casi un susurro. “No va a ser fácil”, alcanzó a oír Pedro. Sabía que se refería a la jornada siguiente y los días posteriores. Jerusalén se podía, en tiempos normales. Era un pueblo bullicioso pero manejable. Pero esta semana era distinta. Con las presencia de Herodes y la de Pilatos con sus soldados, los visitantes y mercaderes que aprovechan la situación, Pedro estaba intranquilo. Muchas cosas podían salir mal. No entendía la razón, pero como tantas cosas que no entendía, aceptaba que algún motivo importante debía haber para llegar a Jerusalén justo para estas pascuas. Para mostrar que estaba compenetrado de la situación atinó a comentar: “Conseguimos el burro.”
            Alcanzó a ver de reojo como Jesús movía de un lado a otro la cabeza en señal de fastidio. Largos años de caminatas, de conocer gente, países, de ver el sufrimiento de cerca, de sentir hambre, amor y odios, se había hecho demasiado hombre. Volvía a Jerusalén después de dos décadas. Y no era ya el mismo, aquel niño que podía asombrar por sus conocimientos, recitar los libros, poner en contexto las parábolas con tan solo 12 años. Ahora eso pasó a segundo plano, incluso mucho era motivo de descarte. Talión, los muertos, el sábado, las lapidaciones. Cuanta energía errada, cuanto había por revisar, por cambiar. Quería un nuevo hombre, una buena nueva, un mundo diferente. Y de esos sueños, el burro era la menor de sus preocupaciones. Mateo era el que cuidaba esos detalles. Los consideraba hitos necesarios, para llamar la atención. Jesús en cambio los padecía. Se imaginaba que siglos entrados, la gente lo recordaría por el burro, por las palmas, por la ceremonia. Pero Jesús quería que sean sus ideas las que perduren. Y para ello el burro era un estorbo. 
            En eso llegó un mensajero. Confirmaba un dato que Jesús tenía por seguro: su madre y Magdalena ya estaban en la ciudad. Ese mensaje significaba otro más encriptado e importante: que Magdalena se había reunido con Claudia. 
Claudia Prócula, la mujer del prefecto Poncio Pilatos, era amiga de Magdalena y simpatizaba con la causa. Sabía, por su amiga, que Roma y sus autoridades no eran motivo de las enseñanzas de Jesús y no estaban bajo amenaza. Las autoridades religiosas, con Caifás a la cabeza, tenían sus motivos de preocupación. Lo que Claudia desconocía por entonces eran los negocios en común que ilegalmente mantenían su marido y Caifás, tema que estallaría unos años más tarde cortando abruptamente las carreras de ambos.
El resto de la compañía se durmió rápido y la noche ya se había cerrado haciendo desaparecer el horizonte. En la otra dirección, la silueta de la ciudad tibiamente iluminada demarcaba el límite entre el cielo y la tierra, límite que Jesús en más de una ocasión intentó relativizar. Era una de esas cosas que a Simón Pedro le costaba entender. Unos minutos más tarde miró en dirección de Jesús esperando de un momento a otro un comentario que aporte algo más de información, pero ya estaba acostado y profundamente dormido. Y ahí se le vino a la memoria nuevamente la única y breve frase que su maestro había pronunciado: “no va a ser fácil”.


Parte 2: Caifás y Poncio Pilatos

-Prefecto, lo espera Caifás.
Suspiro de fastidio.
-Espero que se haya bañado esta vez. Hacelo pasar.
Aparece vestido con todos los atributos, la capa con incrustaciones cubriendo la cabeza en una pompa innecesaria para la ocasión.
-Yusef, que alegría verte nuevamente.
-Debo esperar las Pascuas para que dignes visitarme, Poncio.
-Me dijeron mis fuentes que Cesarea queda a igual distancia de Jerusalén que Jerusalén de Cesarea.
-Eso es un rumor que generaron tus soldados, amigo. Vos tenés actividades aquí que te necesitan, yo en Cesarea solo puedo contemplar el mar y comer en exceso, en gran parte por tu culpa.
-Deberías ir ahora, tenemos arte, comercio, mujeres. Imposible aburrirte. El mundo no termina en estas murallas.
Caifás adopta un tono serio, arrima su cabeza a la del Prefecto y dice:
-Tenemos que resolver lo del Nazareno. Se está convirtiendo en un problema.
-Estoy al tanto, Yusef, pero eso es problema tuyo, no el mío.
-Pero si dejo pasar su arrebato del templo, eso afectará mis intereses. Yo recaudo de lo que allí ocurre. Y sabemos ambos que ese dinero nos es útil.
-Mirá Yusef, es cierto. Tenemos actividades que compartimos y tu aporte es ese dinero. Pero si yo dedico mi tiempo, mi poder y mis soldados para asegurar tu renta, ¿cuál es entonces tu aporte a nuestro negocio? Para eso me hago cargo del templo y recaudo yo. ¿Crees que no puedo?
-Se hace llamar el Rey de lo Judíos. Eso es intolerable, Pilatos. ¿Quién te dice que no va a ir por vos después?
-¿Venir por mí? Mirá a tu alrededor Yusef. Yo soy Roma, yo soy César. Un simple Nazareno que ni un sable porta no es amenaza para mí. Para vos, que te cagaste en las patas cuando ese Lázaro supuestamente resucitó, es un problema, no para mí.
-Estamos juntos en mucho, Poncio. Vos me necesitás para terminar el acueducto. Contás con mi dinero, y es mi pellejo el que se arriesga entregando esos fondos que le pertenecen al templo. Yo creo en tu palabra que los fondos vendrán de Roma el año entrante y podré reponer, pero soy yo el que está expuesto.
-Yo pude haberte despedido y haber nombrado un nuevo sacerdote, como hicieron los cuatro que me precedieron. Pero te mantuve ahí porque te creía un tipo razonable y me prometiste colaboración. Y que mantendrías tranquilo a tus seguidores. ¿Recordás el escándalo de las estatuas? Tus hordas me persiguieron hasta Cesarea y rodearon mi casa más de una semana. No ordené a mis soldados que los maten porque soy un tipo razonable. Y por suerte uno de esos tuvo la brillante idea de parlamentar y llegamos a un acuerdo. Retiré los símbolos de Roma para no ofenderlos y la cosa terminó ahí. Eso fue hace 5 años. Si por unos símbolos de mierda reaccionaron así, imaginate si ahora mato a uno de sus ídolos. Solo para darte el gusto, tranquilizarte. No me involucraré en tus asuntos. Si para vos es un problema, resolvelo con tu gente, con tus tribunales, no me importa. Roma no tomará cartas en este asunto, no durante las Pascuas. Tengo pocos soldados, demora semanas o un mes recibir refuerzos de Siria. No me compliqués la vida.
-Está bien. No pelearé contigo. Voy a ver que puedo hacer con mi gente. Pero al menos te pido la colaboración de media docena de soldados armados si decidimos detenerlo, anda siempre con un grupo de al menos 10 seguidores, a veces más.
-Eso ya lo dispones, pero no me lo arriesgues en situaciones desfavorables. Si vas a detenerlo, esperá a que quede solo.
-Gracias. Ahí le dejé a tu asistente dos vasijas de un vino como la gente, no ese vinagre que te traen de Grecia.
-¿No será ese vino que tu amigo el Nazareno fabrica de apuro, como me contó Claudia?
Mientras Caifás se alejaba preocupado se alcanzó a oír la carcajada de Poncio Pilatos que celebraba su propia ocurrencia. 


Parte 3: La misión de Judas

-¿Por qué ahora, Jesús?
-Es la hora Judas, ya es tiempo.
-Pero no entiendo por qué tiene que ser de esta manera.
-Te soy sincero, amigo, yo tampoco tengo claro por qué. Esta parte no es mi lucha, pero es mi destino.
-¿Y cual era la lucha, entonces?
-Lo anterior. Los pueblos, los caminos polvorientos, los pobres, los enfermos, las largas charlas. Eso era lo mío. Era lo nuestro.
-Sigo sin entender por qué estamos aquí, por qué te fascina Jerusalén.
-¿Fascinarme? Jerusalén es conflicto, es guerra, es muerte. Pasarán los siglos y dentro de estas murallas nos seguiremos matando. Yo estuve aquí de niño, por última vez. Tenía 12 años y tuve que huir como un criminal. Apenas pude despedirme de mi madre. Pasaron 20 años hasta que tuve el estómago para volver. Y lo más probable que no salga vivo de esta. No es fascinación precisamente, Judas. Y a vos también te estoy condenando, amigo del alma. Lamentablemente sos el único que puede comprender la tragedia que nos acecha. Pedro ni entiende lo que hablo, si no fuera por Marcos que le explica todo. Los demás les falta mucho. Van a entender, pero no en estas horas.
            Apoyando la mano en el hombro de Judas, Jesús continua:
-Tenés la complejidad que necesito para la dura misión que te toca. Vas a ir al centro mismo de la muerte y les dirás exactamente donde encontrarme. No puede pasar de mañana.
-No me van a creer, la traición es muy obvia.
-Diles que lo haces por dinero. Toda traición cierra con dinero. Ahí te creerán.
-Lo haré porque creo en la confianza que depositaste en mí. No es a mí al que creo, creo en tu sabiduría. Tampoco entiendo, pero lo haré. Y es a pesar que la misión que me pides excede en largo mi capacidad.
-¡¡Mi misión excede mi capacidad!!- bramó Jesús. -No entiendo lo que viene, solo sé que es mi misión. Tengo dudas, tengo miedo. Pero es lo que debe ser. Todos vamos a entender después, cuando estemos del otro lado. Debes creer en esto Judas, tus amigos te abandonarán, te repudiarán, pero yo estaré a tu lado. 

            En la planta alta de la casa estaban todos reunidos. Hacía mucho que no estaban cómodos, sentados, compartiendo una cena en una mesa. La charla era distendida, festiva. Jesús estaba, sin embargo, bastante callado, para variar la costumbre. Y Judas Iscariote sumido en un preocupado silencio. Antes de que los vinos hicieran efecto, Jesús habló:
-Hemos venido un largo camino hasta aquí. Han sido buenos y persistentes en este ministerio. Me han acompañado incluso en situaciones que sé que no entendieron. Esto que estuve haciendo ustedes lo aprendieron, lo asimilaron. Quiero que continúen con esta tarea cuando yo no esté.
-Maestro, ¿nos vas a dejar?
-Se acerca la hora en que debo regresar. Pero me quedo en cada uno de ustedes. Miren este pan que estamos compartiendo, tomen un pedazo cada uno y al comerlo están comiendo una parte mía. Vean esto como una comunión de todos nosotros. Una manera de concluir en un solo cuerpo, una sola idea. Ese es nuestro poder, el poder de la iglesia, de nuestra comunidad. Aquí comienza un nuevo tiempo, y son ustedes los encargados de llevar este mensaje a los confines del mundo. Que este vino sea mi sangre, que fluirá en cada uno de ustedes. Que con mi muerte se derramará, y de esa manera todos renaceremos a un nuevo mundo. Vinimos para cambiar, para terminar con la historia y empezar una nueva vida y construir un mundo diferente.
            Todos miraban asombrados, sabiendo que algo importante estaba por ocurrir. Solo Judas miraba la mesa, sin decir una palabra, sin levantar la vista. Jesús viendo su inacción se levantó violentamente y se dirigió hacia él. Judas se incorporó sobresaltado imaginando una agresión inminente. Jesús lo toma de la túnica, a la altura del cuello y mirándolo a los ojos le dice en voz baja pero con agresión:
-Hermano, vos tenés algo que hacer. Y lo que tienes que hacer, hazlo ahora.
            Judas tenía los ojos humedecidos, pero antes que se hiciera más evidente, dio la vuelta y se marchó.
            Todos quedaron en silencio mirando a Jesús, que permanecía de pie con la vista en la puerta abierta y la oscuridad de la noche de Jerusalén que nada bueno auguraba.


Parte 4: Olivos

            Avanzaba la noche en el Jardín de los Olivos. Sobre el cantar de los grillos solo se percibía a la distancia los ronquidos de algunos de los seguidores. Andrés, Bartolomeo, Pedro, todos que se habían comprometido a la vigilia.
-Padre, aquí estoy cumpliendo tu palabra, no la mía- recitaba Jesús.
-Vine al mundo por tu voluntad, recorrí países, aprendí a ser hombre, a sufrir. El hombre con todas sus limitaciones, sus bondades, su miseria, su dolor y su hambre. Vi gente pecar no por mala sino por no tener alternativa. Son producto de tu plan, son tu creación. Yo pasé por las mismas tribulaciones. Aquí estoy, estamos, cumpliendo tus deseos. Conozco lo que se viene, y me pesa como ningún peso que tuve. Es un rol el que cumplo, sin siquiera entender completamente su significado.
            Un largo silencio iba acompañado de gruesas gotas de sudor que al caer eran sudor pero al impactar el suelo era sangre. Por primera vez Jesús estaba sumido en un mar de dudas y profunda soledad. Como si lo hubieran empujado a un escenario desconocido, hostil.
-Te pido Padre si hay algo que puedas hacer para sacarme de encima esta pesada carga. No sé si estoy preparado para lo que me espera. Si tan solo hubiera otra manera.
            Los grillos y ronquidos empezaron a ser sobrepasados por el sonido de botas y cadenas que se acercaban a través del bosque. Antorchas iluminaban los metálicos rostros de soldados y un sacerdote que los acompañaba. Se detuvieron a pocos pasos de Jesús, que se incorporó.
            Apareciendo detrás de los soldados, Judas Iscariote se abre paso y acercándose a Jesús le susurra trémulo al oído:
-Aquí estoy Maestro, como me lo pediste.
-Hermano Judas, te pedí la más cruel de las asignaciones y cumpliste. Conmigo estás en paz y perdóname por hacerte compartir este suplicio.
            Terminado el silente intercambio, Judas lo besa en la mejilla.    

            A los pocos instantes el séquito se alejaba llevándolo a Jesús consigo. Judas quedó mirando la escena con gruesas lágrimas que bañaban su rostro. En su mano derecha aferraba un pequeño saco de monedas. Fue lo último que vio. Uno de los soldados que permaneció oculto se le acercó por la espalda, rodeó su cuello con una cuerda y la ajustó hasta que Judas, sin aire, se desplomó. Temprano a la mañana siguiente lo encontraron colgando de la rama de un árbol, con la misma cuerda todavía aferrada a su cuello.    

Bibliografía:
- El Evangelio de Marcos
-El Evangelio de Lucas
-El Evangelio de Juan
-El Evangelio de Judas Iscariote
-El Evangelio de Felipe
-Tito Flavio Josefo - Las Antigüedades de los Judíos
-Filo de Alejandría - Obras Completas
-Bart D. Erhman - Did Jesus Exist? - 2012
-Bart D. Erhman - Studies in the Textual Criticism of the New Testament - 2006
-Bargil Pixner - With Jesus in Jerusalem - 1996

sábado, 5 de marzo de 2016

LA TUMBA ERRONEA DE DI CAPRIO

Cuando James Cameron concibió su romántica Titanic, bautizó a su protagonista Jack Dawson. Y para ubicarlo en el gran barco sin dejar registro lo hace ganar el pasaje de tercera clase a Nueva York a escasos minutos de la partida en un juego de naipes entre apostadores compulsivos. Así se suma a una trama que culminaría en el célebre hundimiento y en su propia muerte. 
En 1912 la catástrofe del Titanic fue, como no podía ser de otra manera, una noticia de impacto mundial. Los sobrevivientes, unos 700 de una partida de más de 2200 almas, fueron rescatados por el barco Carpatia, como todos recuerdan si vieron la peli. Pero el día 18 de abril, algo más de 48 horas de producida la tragedia, y por pedido del gobierno británico, desde Halifax, capital de la provincia canadiense de Nova Scotia y ciudad más próxima al lugar de la tragedia, parten dos barcos menores al sitio del hundimiento con intención de recoger la mayor cantidad de cadáveres posibles para su correcto entierro y/o devolución a los familiares que así lo reclamen. De las más de 1500 víctimas estos dos barcos recuperaron solo 450 cadáveres. Unos 150 fueron inhumados en el mar mismo, demasiado mutilados por efecto del frío y los animales acuáticos y con la intención de evitar angustias mayores a los familiares. Los restantes, algo más de 300, fueron llevados a Halifax. Se los numeró en forma correlativa. Los que fueron reclamados por la familia se enviaron a Londres, USA y otros países. Pero 123 no fueron reclamados por su familia y aun hoy permanecen enterrados en el cementerio de Halifax. Entre las tumbas de las víctimas del Titanic hay una identificada con el número 227 y el nombre "J. Dawson". Desde el estreno de la película de Cameron esta tumba siempre tiene flores y mensajes. Durante un par de años fue todo un revuelo de fanáticas que visitaban diariamente la tumba del supuesto héroe de la historia.
El personaje realmente enterrado ahí era uno de los trabajadores del depósito de carbón, esos que trabajan paleando bajo la línea de flotación y son reclutados apenas unos días antes de zarpar, de a decenas, a tal punto que, para no demorar el trámite solo piden la inicial de su nombre antes del apellido. "J" en la tumba y en el carnet de afiliado que permitió identificar a la infortunada víctima representa "Joseph" o Joe, y no Jack, como el personaje de di Caprio. No creo que sus pesadas tareas en el barco por los m

jueves, 21 de enero de 2016

CUARTO PISO

Relato Veraniego

Se despertó a una hora indefinida. El fuerte olor a limpio de la sábana le resultó extraño. La oscuridad total solo aportaba al desconcierto. Estaba en la bodega de un barco, en una cama por primera vez en dos meses, pero no lo recordaba. Lo más concreto que tenía para aferrarse a la realidad era el sueño que había tenido hace instantes. Era la recreación exacta de lo vivido 72 horas antes. Estaba en el monte, como llamaban a la loma, parapetado tras unas rocas, a pocos metros de la guarida excavada en el duro terreno y que había sido su hogar todo ese tiempo. Su grupo era la última línea de defensa. Si caían, sería solo cuestión de horas para que Puerto Argentino vuelva a manos del invasor. Pero se tenía confianza. No era un simple conscripto, era un infante de marina. El y sus compañeros venían de dos años de instrucción, bien entrenados, alimentados y bien pertrechados. Mira infrarroja, fusil de mayor calibre y alcance que el enemigo. Lo pudo ver avanzar en la noche con bastante anticipación. Si tan solo los miles de otros soldados desplegados en las islas hubieran tenido su formación, seguridad en si mismo y su entrenamiento, la guerra ya se habría ganado. Esa noche, recreada por flashes desordenados en su sueño, había herido al menos a tres, quizá uno muerto. Luego de la derrota, ya rendido y sin su arma, tuvo que desfilar frente al enemigo. A diferencia de la mayoría, disimulaba su agotamiento y caminaba erguido, miraba de frente, orgulloso de estar ileso y sabiendo que su uniforme infundía respeto entre la tropa enemiga.  Recuperado de la desorientación inicial, se sabía en el barco que lo estaba llevando a la Isla de Ascensión. Sentado en la cama y en la oscuridad, decidió que la Marina sería su vida. Nada de volver al mundo civil. Había encontrado su vocación, había estado en batalla, se había ganado el respeto del enemigo, de sus compañeros y había descubierto una autoestima que nunca antes había sentido. El regresaba con sus compañeros, los que sobrevivieron, como parte de un ejército derrotado. Pero en esa oscuridad absoluta, en medio del Atlántico, él tenía una sensación de triunfo personal que no se atrevía a compartir.
Los años venideros fueron tumultuosos para las fuerzas armadas. Pero él se encerró en su profesionalismo. Respetado en la fuerza por su desempeño en Malvinas, su porte intimidante y su capacidad de aprender, al poco tiempo ya era un oficial de carrera que vivía sin excesos pero cómodamente, de su vocación.

Una noche de junio de 1982 había visto la muerte cara a cara, había estado en batalla con un enemigo formidable. Las luces de la mañana todavía lo encontraron resistiendo cuando llegó la orden de replegarse. Todo lo que vino después le resultaba liviano. Sentía que la vida transcurría sin esfuerzo alguno, que era intocable, que estaba un poco por encima del resto. Y por su actividad iba siempre acompañado por su arma. Una distinta a la usada esa noche, pero arma al fin. Ya era una parte suya.
Ahora ya arrimándose a cumplir 30, con mujer y una hija, tenía todo para sentirse pleno. Solo el contexto, el país, dejaba mucho que desear. Había retornado la democracia hace varios años pero todo era difícil. El se mantuvo al margen de los conflictos carapintadas. Se encerró en su profesionalismo y en la cadena de mandos. No le gustaba la política. Tampoco quería saber nada que lo identifiquen con la dictadura. El había cumplido los 22 en Malvinas y desde ahí arrancaba su historia, al menos eso pretendía. No se consideraba un “héroe de Malvinas” como decían algunos. Combatiente, se definía. Tampoco excombatiente. Si la patria lo requería, estaba preparado para el combate. Por eso no aceptaba lo de excombatiente.
Ese verano decidió tomarse una vacaciones en serio. Pequeño burguesas le hubieran parecidos a sus ex compañeros de la secundaria. Merecidas, pensaba él. Depto de 3 ambientes en Mar del Plata. Segunda quincena. La primera noche, con su mujer e hija ya dormidas luego del largo viaje y un par de horas en la playa, decide quedar despierto un buen rato más. Con el living-comedor a oscuras, abre la ventana y se sienta con medio cuerpo afuera. Enciende un cigarrillo y le invade una sensación de realización. Lo había logrado. Una ambición modesta, una vocación que le permitía vivir de lo que le gustaba, una familia, casa en un barrio y un auto. No le faltaba nada, y antes de cumplir los 30.
Justamente desde la ventana, donde fumaba tranquilo, orgulloso, podía ver cuatro pisos más abajo, cerca de la esquina, el techo de su auto. Un 504 bastante nuevo, no cero kilómetro, pero muy decente. El techo verde metalizado brillaba, a pesar de estar algo sucio, bajo el amarillo intenso de la lámpara. Llevaba ya un rato contemplando el auto, detalle que cerraba el panorama exitoso que había construido en su cabeza, cuando ve acercarse una persona. Inmediatamente le llama la atención. Se acerca a la puerta del conductor, mira disimuladamente a ambos lados, y saca del bolsillo algo que comienza a introducir en la cerradura.
En un instante desaparece la imagen pasiva y de catálogo que había construido en su cabeza retornó el monte, el casco, el enemigo, las balas trazantes, los años de entrenamiento, el enemigo, la guerra, el enemigo. Instantes muy breves pero transcurridos como en una cámara lenta interminable. Mientras el cigarrillo caía al piso del living con la misma mano tomaba su arma que llevaba en el cinto, a su espalda. Sin decir una palabra (eso es de policías, no de soldados), apuntó al intruso que a todo esto alcanzó a abrir la puerta del auto y disparó tres veces. Seguidos, secos, acompasados. El hombre se desplomó sobre la calle. El marino se largó escaleras abajo los 4 pisos y en menos de un minuto estaba en la calle. Ya había varios curiosos a la vuelta del hombre que le impidieron verlo de inmediato. Pero si pudo ver el auto. Había algo extraño, las ruedas, el paragolpes, algo le resultaba poco familiar. Levantando la vista lo ve. Auto de por medio, más cerca de la esquina, alcanza a reconocer su Peugeot 504, estacionado, tranquilo, intacto. Mismo color pero un poco más viejo que el auto estacionado con la puerta abierta. A la par, el hombre tendido, muerto, con su llavero todavía en la mano.  


(inspirado en una noticia real)      

jueves, 7 de enero de 2016

DESESPERADA POR TUS GOLPES

SOBRE LA PELI FIFTY SHADES OF GREY
            Esta frase del título pertenece a mi entrañable amigo y hermano Luis Albornoz. Y se refiere con ironía y sorna a esa cultura de objetivizar a la mujer, como los deplorables programas de Tinelli y tanta revista del corazón que hace de cómplice, y la aceptación de ese rol asignado por algunas mujeres. El motivo de estas líneas me traerá más dolores de cabeza que mis opiniones políticas, si eso fuera posible. Hace un par de noches pude ver (en casa y por descuido) el film “50 shades of Grey”, nombre complicado de traducir pero que literalmente quiere decir “50 sombras de grises” y que solo cobra sentido si el apellido del protagonista y el nombre del imperio que posee fuera “Grises”.
            Daré crédito por ignorancia al libro, cuyos lectores manifiestan superior a la película. Pero el concepto central no debe diferir demasiado. El film tiene una impecable fotografía en interiores, deja bastante que desear en tomas externas. Los protagonistas son de segundo orden y se nota claramente. En un tema tan delicado las expresiones pasarían a un primer plano y lo gestual debería trascender a un libreto pobre por donde se lo mire. Pero no estamos hablando de grandes nombres y el director no dispone de ese lenguaje o directamente no lo percibe. De haberlo hecho hubiera afilado el lápiz a la hora del casting. Esto en cuanto a lo técnico.
            Ahora pasemos al mensaje. Aquí hay una celebración grosera del poder adquisitivo y encima de esa incorrección (desde mi punto de vista) va como aderezo la transformación de la mujer en un simple capricho pasajero. El personaje masculino es una amalgama perfecta de Ricardo Arjona y Mauricio Macri, parafraseando al primero. Un hombre, joven ideal de 27 años soltero y multimillonario, tiene caprichos que solo se entienden en su condición de tal. Un empleado provincial categoría 14 recibiría una merecida bofetada con solo insinuar alguno de los caprichos que se le toman en serio a este individuo de ficción. Un hombre que vive ejerciendo el poder de manera discrecional gracias a su posición de dominio dentro de su propio imperio solo se excita si puede trasladar ese dominio absoluto al plano sexual. Y para ello necesita una partenaire que acepte todas sus condiciones, que como buen empresario, las expresa en forma de contrato.
            La frustración que me transmite no pasa ni por asomo por la impunidad y la demostración de capacidad adquisitiva del protagonista que transciende cómodamente lo material, sino por la complicidad que recibe por parte del personaje femenino, que accede por curiosidad y placer a asumir un rol del que estoicamente algunos tratamos de evitar para este género tan maltratado históricamente. Y que tanto libro como película haya tenido el éxito que tuvo entre el público femenino me hace pensar que los avances de las ideas son más lentos que lo supuesto. Que en pleno siglo XXI se intente demostrar algún tipo de valor a este juego de sumisión y mostrarlo como una transgresión progresista tipo libertad sexual dan ganas de gritar “Torquemada volvé, te perdonamos”. Ya no se si sueno anticuado o demasiado moderno. Pero mi conclusión es esta: una mala película de un peor concepto.         

domingo, 27 de septiembre de 2015

La Muerte de San José. Jesús y Dios, ¿un solo corazón?

Es clásico en los evangelios el faltante de toda mención a Jesús por un largo período que, cual exilio de Perón, dura unos 18 años. La última mención de la juventud es a los 12 años y el famoso berrinche en el Templo. Luego aparece para un lavado de cabeza con Juan el Bautista aproximadamente a sus 30 años. Nada se menciona en el medio. Por sus discursos y su actividad se puede deducir que anduvo por oriente, ya que muchas de sus enseñanzas se parecen más a las ideas que circulaban en India por entonces que las del Antiguo Testamento y las costumbres hebreas. Poner la otra mejilla es uno de tantos ejemplos que contrastan con las anécdotas de los libros del Antiguo Testamento, cargadas con venganzas de todo tipo.
En uno de los evangelios ocultos, esos que no llegaron a integrar el Nuevo Testamento, se menciona, sin embargo, una aparición de Jesús intempestiva en medio de ese período del que los 4 evangelios no hacen mención alguna. Y es cuando don José muere. No recuerdo cual evangelio (perdí el libro prologado por Borges) pero probablemente haya sido el Protoevangelio de Santiago, escrito cerca del año 150 y del que se conocen más de 140 manuscritos. Cuenta que José llevaba ya un período largísimo de tiempo muy enfermo y ya estaba agonizando. Cuando Jesús llega se da con un cuadro típico de un enfermo terminal de aquellos tiempos. A la familia rodeando al enfermo esperando el desenlace se sumaban en este caso un séquito de ángeles que revoloteaban por la habitación sin saber que hacer, ya que se trataba nada menos que del padre terrenal de Jesús, el ungido. Esta indefinición por parte de estos personajes subalternos del cielo enviados para aparentemente acompañar el alma de José al otro mundo, explicaba la eterna agonía de José que no moría de una vez a pesar de su irremediable condición. Jesús, al hacerse presente, habla con José, hace las paces y se despide. Luego, dirigiéndose a los ángeles, les dice que está todo bien y que porsigan con su tarea. Al cabo de este episodio José muere y se va al cielo.
Aquí aparecen una serie de señales muy curiosas que merecen señalar. A pesar que algunos creyentes no les guste, voy a expresar lo que yo saco de este episodio. Jesús, como mencioné antes, tiene una formación que choca de bruces con algunas leyes del Antiguo Testamento. Hay un conflicto que subyace a lo largo de los relatos con su padre, el Dios de la Biblia. Lo que se lee entre líneas el genial José Saramago lo hace explícito en su formidable ficción “El Evangelio según Jesucristo”. Aquí hay una resistencia a lo largo del relato de Jesús de aceptar su rol de carne de cañón para el perdón de los pecados del hombre. No comprende su rol y se resiste a él. En los evangelios blanqueados, en particular en el de Juan, hay un episodio muy dramático que deja al descubierto este conflicto y transcurre minutos antes de ser detenido Jesús, en el Monte de los Olivos cuando pide sin rodeos al padre que le “saque este peso de encima”. No quiere ese rol para él. Y en el episodio de José hay una muestra más de esta diferencia: Jesús no es Dios. Jesús, al igual que Hércules y otros personajes de la antigüedad que fueron producto de la cruza de un dios y un humano, no es lo mismo que el dios, es otro personaje. El erudito de la Universidad de Princeton Bart Erhman justamente dedica un libro a explicar cuando Jesús se convierte en Dios. Esto pasa más de un siglo después de estos eventos. Mientras tanto, durante su vida, todo hace pensar que Jesús era una persona y muy diferente a su padre. Y él conserva en la tierra una cuota de poder que es respetada o al menos temida por el piquete de ángeles que no se animan a llevarse el alma de José sin su consentimiento. La muerte de José queda así documentada en este evangelio y Jesús interrumpe su famosa desaparición de 18 años al hacerse presente en ese momento. La primera vez que lo leí me hice la fantasía que Jesús promediaba sus 20 cuando muere José, pero investigando más tarde de otras fuentes aparentemente ocurre muy próximo a su reaparición, cerca de sus 30.

Unos quince siglos después, María de Jesús de Ágreda (1602-1665-foto), una monja española, un buen día empezó a escribir una monumental obra de cuatro tomos con la historia de María, la madre de Jesús. Esta obra, según esta monja, fue dictada en sueños por la propia protagonista, convirtiendo este largo relato en la autobiografía de María, para los que creen en ella. Sin entrar a cuestionar la validez del documento, la mera historia del mismo y su existencia conforman un hermoso e intrigante contexto que invita a la lectura. El texto fue reconocido por Papas y teólogos a lo largo de estos cuatro siglos. Y a mí lo que más me impresionó es que esta monja del siglo XVII, sin gran erudición ni acceso a los evangelios ocultos de los primeros siglos, relata con detalle lo que pasó a conocerse como la “alegre muerte de San José”. Cuenta como José estuvo ocho años cargando su enfermedad, sus conversaciones con la familia, la aparición de Jesús y los diálogos con su padre. También destaca la presencia de los ángeles y el estado dubitativo de los mismos. El problema lo soluciona el propio Jesús en términos muy parecidos a los relatados en el evangelio, pero aquí con diálogos y situaciones más detalladas. Ambos relatos sobre la muerte, tan distanciados en tiempo y espacio, asombran por la superposición de la situación. A su muerte, José contaba con 108 años, esto en sintonía con el Evangelio de Felipe y otros relatos como las del propio Santiago. Los detalles de como José, ya anciano, termina a cargo de la joven María, además de estar detallados en estos Evangelios, aparece reproducida en el Corán.  A los curiosos les sugiero que busquen las lecturas, tanto de los Evangelios Apócrifos como “La Mística Ciudad de Dios”, como se llama la obra de la Venerable Sor María de Jesús de Ágreda, como pasó a ser conocida María Coronel de Arana, su nombre de nacimiento. Yo confieso que estas lecturas me apasionan más que Games of Thrones o el Señor de los Anillos que tanto furor hacen en la actualidad. Yo tengo mis dudas y respeto tanto a los que creen como a los que piensan que todo esto es pura fábula. Pero la mera posibilidad que algo de esto haya ocurrido ya es motivo de un sano asombro que me resisto a abandonar.        

sábado, 11 de julio de 2015

LETRAS DE MOLDE


El aplomo de los años me permitió, paradójicamente, disfrutar mi niñez, desde la distancia. Crecí rodeado de libros, entre otras cosas. Y me doy cuenta que antes de aprender a leer y escribir, aprendí a escribir a máquina. Mi viejo tenía su oficina. Un cuarto grande, enfrentado con el living. La casa, una construcción magnífica de 1812, en Canadá, frente al Río San Lorenzo. En esos años la declararon monumento histórico. Cuando él estaba en la Universidad, dando clases, yo entraba a su estudio, agarraba una hoja de papel, indefectiblemente amarilla, la colocaba en su máquina de escribir y comenzaba a teclear aleatoriamente. Tenía 4 años. En esa época no había fotocopiadoras y Octavio, cada vez que escribía algo que le interesaba, colocaba carbónico y hacía al menos una copia en simultáneo con el original. Lo vi escribir hasta por quintuplicado. Y por eso tenía resmas de hojas blancas y otras amarillas para las copias. Esas eran las mías. Trababa la máquina, enredaba la cinta, la rebobinaba sin ningún sentido, dejaba mis dedos manchados de tinta por toda la cubierta gris de la Royal que tuvo por años. Hoy el destino la puso en mis manos. Aun funciona. Importantes libros sobre literatura hispano americana se escribieron con esa máquina. Cuando aparecieron las primeras letras en la escuela, ya me eran familiares. Mi mundo escrito empezó de molde. Eran las familiares, la de la máquina. Mis hermanas que me llevaban algunos años, escribían en cursiva. Algo absolutamente incomprensible para mí. Veía sus cuadernos y me parecían garabatos escritos en una línea continua, sin solución de continuidad. No relacionaba esas líneas largas llenas de curvas con mis conocidas letras de molde que estaban todas separadas, una de otra. Preguntaba qué era eso y ambas me contestaban “son deberes”. Cuando quedaba solo, agarraba cuadernos en blanco y garabateaba cualquier cosa en cada hoja, con la excusa de estar haciendo “deberes”. No relacionaba eso para nada con la “escritura”.  
            Para cuando aprendí el abecedario y como escribir las palabras, ya estaba ducho en escribir a máquina. Mis primeros escritos y breves relatos eran indefectiblemente hechos con la Royal. En papel amarillo.
            Cuando mi viejo estaba en casa, mi actividad se desarrollaba por los otros rincones. No había que molestar, me daba cuenta sin que nadie me lo explicara. Los sonidos de mi infancia, como esas célebres grabaciones de Janis Joplin de 1963, transcurrían con el rítmico teclear de la máquina de escribir de fondo. Mi viejo no me enseñó a escribir, pero no le hizo falta. El solo convivir con esa costumbre de leer y escribir absolutamente todos los días que él tenía, por gusto y por profesión, debe haber penetrado por mis poros por años. Un buen día, debe haber sido allá por mediado de los 80, luego de 30 años de estar leyendo cosas, apareció ese impulso por escribir. Recuerdo una tarea por encargo. Escribir un análisis de 10 hojas sobre un libro a elección, pero que trate algún tema económico. Empecé con cierto entusiasmo, leyendo, investigando. En el proceso cambié de libro, luego se fue sumando el material, el tema me absorbió y terminé escribiendo un libro de investigación de 60 páginas. Y desde entonces no pude parar. Nada demasiado serio, ni largo, ni muy concreto. Algunos libros técnicos, sin editar, historias sin terminar, cientos de artículos, comentarios, anécdotas. Hago padecer a mis amigos del FB con algunos, otros van directo a mis blogs, la mayoría descansan en una carpeta de “Escritos Propios” que se replican en mis notebooks y discos rígidos de respaldo. Por eso, digo, de viejo puedo apreciar lo crucial que fueron mis primeros, primerísimos años, esos previos a cualquier jardín o primaria, cuando deambulaba aburrido por casa en los largos meses del crudo invierno canadiense, rodeado de libros que no podía aun leer, teniendo papel y máquina de escribir para escribir lo que nadie podría entender, escuchando Ray Charles, Harry Belafonte, Perry Como y Elvis Presley, entre otros. Realmente para cuando desperté al mundo, tenía el rumbo correcto largamente establecido. Lástima el tiempo que me llevó valorarlo en toda su dimensión.    
   

domingo, 5 de julio de 2015

ST. JOHN'S CHRONICLES - Capítuo 3

ESCÉPTICO
Hace ya un par de años largos, cuando comencé con mi muro, subí un par de anécdotas vividas en la última de las escuelas que me tocó asistir en mi larga década por USA y Canadá. Transcurría 1968, apogeo de la guerra fría. Año trágico si los tuvo los EEUU. Ese año fueron asesinados Martin Luther King y Robert Kennedy. Lennon definiría estos hechos junto a otros eventos como "the dream is over". Producir cambios no era fácil.
En la escuela primaria viví, y me enteré por mis hermanas que en la secundaria pasaba igual, las histéricas paranoias producto de la guerra fría con la URSS. Puedo citar cientos de frases, lecturas, vivencias, todas bajo el barniz de ese conflicto ideológico. Hoy quiero contar de un par de ellos que significó un entredicho con mi maestra de 6to grado en un caso, y en otro asumido en mi acostumbrado silencio.
En geografía estudiábamos los estados de la unión, uno por uno, como si fueran unidades aisladas de toda región o entorno. Así me pude especializar en la economía, la producción y la población de Georgia, por ejemplo, y desconocer por completo lo que ocurría en la vecina Florida.
En geografía mundial pasaba lo mismo. Estudiábamos en detalle la geografía y las costumbres de Taiwán, país por entonces reconocido como China por los USA, negando la existencia de la China continental, nada menos. Varios compañeritos míos tenían hermanos peleando en Vietnam, por entonces. Así que la maestra no podía obviar el tema demasiado. Un día, a mis 11 años, con mi temprana inquietud y mar de dudas, le pregunto por qué teníamos (lo decía así) que ir a pelear en ese pequeño país del confín del mundo, suponiendo el centro ahí en mi escuela. La maestra contestó sin ninguna duda: "porque si no lo frenamos ahí vendrán a atacarnos aquí". En el acto visualice´a los vietnamitas desembarcando en las costas de California, algo que me pareció absolutamente absurdo. La quedé mirando a la maestra con cara de "¿en serio me lo estás diciendo?". Ella quedó en silencio, luego bajó la mirada y siguió con el tema del día. Pequeños gestos que me ganaron el mote de "rebelde" dentro de un grado bastante anodino. Otra cosa que "aprendí" en las lecciones de geografía fue la existencia del extenso tren trans-siberiano. Hoy conozco muchos detalles de su azarosa construcción arrancando desde los tiempos del zar. Pero en ese momento era la novedad. Un detalle del relato me sorprendió: viajar de Moscú hasta el Pacífico tardaba una semana en tren, si todo era normal. Pero la maestra nos hizo resaltar que la vía era una sola. Así que había que esperar a que el tren llegue a un extremo para recién poder otro tren dirigirse en sentido contrario. Esto en un ramal de 9300 kms!!! Yo desde los 8 años me pasaba largas horas caminando por unas vías que pasaban a 2 cuadras de casa cuando vivía en un pueblo del medio oeste, y sabía perfectamente que las vías eran una sola en la mayoría de los tramos rurales. Eso no impedía un normal tráfico de trenes. Y ya había visitado la Marco que a mis casi 60 años me acusa exactamente de lo mismo si hago una defensa de un sistema público de salud o si cuestiono sus vencidas teorías. Viendo en retrospectiva mi infancia comprendo mejor mi visión crítica a cualquier información que recibo y si bien algunas cosas de mi infancia no repetiría, otras, como estos cuestionamientos, me producen orgullo, siendo un pibe bastante indefenso en un medio distorsionado por tensiones que no tenía por qué comprender a esa edad.
Ferrocarril Trans-Siberiano
Argrentina en dos oportunidades y el trayecto de Bs. As. a Tucumán lo conocía solo por La Estrella del Norte. Tren que paraba en Rosario, Rafaela y La Banda y siempre en cada uno de esos lugares pasaba algún tren de carga o pasajeros en sentido contrario. Y hasta en algún lugar intermedio pasaba un tren al lado en sentido contrario. Guardé un prudente silencio ante la explicación de la misma maestra para no ser señalado de "comunista" que era el mote que uno se ganaba si cuestionaba cualquiera de estas afirmaciones. Por esto me causa tanta gracia mis absurdos debates con 

martes, 20 de enero de 2015

NI EN LAS DESGRACIAS

En general me resisto a este tipo de notas. Intento ser prudente y buscar directrices que arrimen mi punto de vista a una visión potable para un sector más amplio de amistades y potenciales lectores de mi muro. Mi punto de vista crudo y sin filtros es bastante más extremo y responde a un mundo más ideal que el que lamentablemente tenemos. Al pararme en un sitio más real doy la impresión de coincidir con posturas que, sin ser lo que yo pienso, son, de alguna manera, menos distintas que otras opciones presentes en esta realidad argentina. En el intercambio de ideas a través de mi muro y el muro de amigos y parientes, que lleva ya algunos años, pude llegar a algunas conclusiones. Sé que a muchos le molestará lo que voy a decir, pero no es una sensación, es una conclusión que saqué de repasar cientos de mensajes, comentarios y posts diversos. Este gobierno hizo buenas políticas, según mi parecer. Otras cosas quedaron muy cortas. Y es una característica del peronismo. Es una herramienta de corrección de injusticias, para ser generoso, pero no una herramienta de transformación profunda. Eso es lo que yo espero y a esta altura de mi vida perdí las esperanzas que el peronismo sea el vehículo indicado. A ser franco, nunca las tuve. 
Y para respaldar esta conclusión un ejemplo concreto: una medida necesaria, sin duda, y fundamental del primer gobierno de Perón, fue el Estatuto del Peón Rural. Este fue una herramienta que limitaba la discrecionalidad con que el patrón de estancia podía tratar a sus empleados, algo obsceno que ocurría desde antes de Martín Fierro. Muy bien, medida para aplaudir. Ahora bien, ¿cuántas hectáreas en manos de pocas familias privilegiadas de la Argentina se transfirieron a trabajadores rurales, como manera de crear un auténtico mercado interno y sacar a esforzados trabajadores de su endémica condición de pobres e incorporarlos a una clase media creciente y necesaria en todo país que se precie de igualitario? Ninguna. Con todo el apoyo popular, reservas de dinero, apoyo de ejército e iglesia, Congreso y Corte Suprema, no hacer una mínima transformación de fondo es simplemente porque no estaba en la agenda. Y sigue sin estar. Escuchaba en los 70 la frase “la revolución inconclusa” en referencia al derrocamiento de Perón en 1955 y dejar trunco vaya a saber que revolución. Ya entonces yo respondía que no hay tal “inconclusión”, ya que la revolución como tal jamás se planteó.
Y mis esperanzas de verlas son nulas. Simplemente de ver el grado de reacción y enojo que producen simples medidas paliativas como la AUH o jubilaciones a gente que no tiene aportes, más aun un plan de asistencia.
Dicho esto, como para no ser tildado de “planero” o “idiota útil del gobierno”, aclaro a los conservadores y opositores de cualquier cambio, o a los mismos simpatizantes de esta gestión que creen que llegamos al mejor de los mundos, que mis ideas van mucho más allá de esta realidad. Si por defender algunas medidas recibo las puteadas que recibo, no quiero pensar los calificativos que me haré merecedor si digo lo que realmente quiero para enderezar definitivamente este país.
Mi intención, sin embargo, fue ir tirando ideas y comentarios como para despertar en el interlocutor la inquietud de al menos plantear o discutir algunos temas. Remontándome al descubrimiento de América, el proceso colonial, la revolución, las guerras de independencia, la organización nacional, el sufragio universal y los tironeos de poder del siglo XX que llevaron a 50 años de golpes de estado y niveles de violencia sorprendentes para un país que se vanagloria de ser pacífico. Salvo honrosas excepciones, las respuestas a cualquier planteo abundan en epítetos, frases en mayúsculas y signos de admiración seriales. Y me doy la libertad de interpretar estas reacciones. Creo, respetuosamente, que los hechos, la historia, las evidencias y la realidad actual estorban, de alguna manera, en la construcción del imaginario que estas personas tienen. Se han hecho una imagen en la cabeza que no admiten cuestionar. Y si uno plantea contextos históricos, hechos de la realidad o razones para cuestionar esa particular manera de ver, la reacción es el enojo, la puteada y la intemperancia. Crispación. Palabra acuñada para definir el estado de ánimo inducido por Cristina Fernández hacia el resto de la sociedad. Hoy veo que el enojo y la impaciencia parte de, no digamos “la oposición” sino de la gente de a pie que por una razón u otra no está a gusto con esta gestión. Yo comprendo que exista gente no conforme, yo muchas veces viví gestiones que no me agradan. Pero lo patético de la oposición y la incapacidad de generar alternativas atractivas y competitivas electoralmente hace que el gobierno, luego de 12 años de gestión, conserve todavía buena salud electoral, y eso lleva a mayor intolerancia, odio y reacción. Y en este caso, el gobierno no tiene la culpa. Se sabe que en política, los lugares que no se ocupan lo ocupan otros. Y no apareció un personaje o movimiento político que haya logrado ubicarse en el centro de la escena, o durar en él más de unas pocas semanas. Es lo que hay. Es pobre, lo sé, por eso planteo la discusión política. Y solo recibo ladridos.
La muerte de este fiscal, penosa, dudosa, política, conmovedora, lejos de invitar al análisis, ha despertado una catarata de conclusiones a priori que no se sustentan en la realidad, simplemente conforman la idea ya asumida de que todo lo malo que pasa en el país es responsabilidad del gobierno. Si aumenta el pan, si la ciudad se inunda o si el fiscal muere. Algunas cosas son responsabilidad del gobierno, otras no. Y hay otros poderes que influyen y actúan políticamente. No se castiga a un delincuente y la culpa es de Cristina. Nadie dice que la culpa es del Poder Judicial. Un poder que escapa a la voluntad popular casi por completo. Y está compuesto por personas, con ideas, con capacidad de ser influenciadas, con agenda. Es más fácil y tranquilizante decir es “el gobierno” sin siquiera recordar lo aprendido en la secundaria que decía que el gobierno tiene tres patas, y el ejecutivo es solo una. Eso tranquiliza porque reafirma el concepto que tenemos de que es el gobierno el responsable de todos los males. Indagar circunstancias es ocioso, van a desvirtuar nuestra conclusión previa y minar nuestra construcción de lugar. Y eso molesta. Así creo yo que funcionan las mentes de muchos. Y creo que es la misma razón por la cual recibo puteadas como respuesta a planteos de debate, ideas, de usar la razón, o simplemente pedir paciencia antes de saltar a conclusiones. Y termino con lo que ya dije muchas veces. La clase política es tan mediocre, corrupta y falta de ideas porque es un fiel reflejo de lo que somos como ciudadanos. De onda lo digo. Y no me importa que me puteen. Si lo digo respetuosamente, me putean igual. He dicho.

domingo, 11 de enero de 2015

SIN CALCULADORA

Relatos Veraniegos III

No es poco frecuente para mi ir a un almacén u otro negocio y comprar un par de cosas que cuestan, por ejemplo, 12 y 7 pesos y ver sacar una calculadora, teclear los números para recién decirte, es 19. Comprendo y soy tolerante, tengo el oficio de calculista y los números me son familiares, pero por ahí es lindo emplear la cabeza, más que nada para tener una idea más acabada de la realidad, aunque sea de forma aproximada, y sin rebanarnos los sesos. Como es verano y muchos tienen un poco más de tiempo libre, quiero proponerles un ejercicio para mostrar criterios de cálculo aplicado a algo cotidiano y que nos permiten tener una idea aproximada de ciertas magnitudes. Ahí va:
Supongamos que un día leemos la noticia: "En el Gran San Miguel, de cada 200 niños que nacen a diario, el 15% sufren X carencia". Algo que uno puede leer y seguir nuestro camino, o interesarnos medianamente. Mi primera curiosidad sería preguntarme, ¿cómo saben que son 200 los niños que nacen a diario? Sin duda consultan algún registro, es lo más fácil. Ahora yo, desde mi casa, sin acceso a los registros, ¿puedo saber si la noticia es acertada, una exageración, se quedan corto? Veamos. Para simplificar las cosas, supongamos que el Gran San Miguel tiene una población de 1 millón de habitantes. Esto es bastante acertado. A partir de este dato podríamos estimar cuántas son mujeres, el promedio de edad, los años fértiles, la probabilidad de embarazo, etc, etc. Esto sería analizar las causas de los nacimientos. Muy complejo. Veamos los efectos: el aumento de población. Aquí tenemos un criterio más fácil. En los últimos 50 años la población aumentó aproximadamente un 10% cada 10 años. Podemos suponer entonces que cada año aumentó a groso modo un 1%. Si tenemos un millón de habitantes, esto significa que cada año nacen 10 mil pibes más respecto de las personas que mueren. De esa manera justificamos el aumento de población que observamos. Por día nacerán 10000/365 chicos, siempre por encima de las muertes. No queremos usar calculadora. Veamos como podemos resolver de manera aproximada esta división. Si el año tuviera 333 días sería fácil, ya que 10 mil dividido en 333 nos da 30. Y si en año tuviera 400 días también, la división es fácil y el resultado da 25 niños. Puedo estimar que 365 cae casi a mitad de camino entre 333 y 400, por lo tanto en el GSM nacen a diario unos 27-28 niños más respecto de las personas que mueren. Faltaría saber cuantos mueren por día. Y aquí también podemos partir de los datos poblacionales. Digamos que el promedio de vida en nuestro medio es de 75 años. Esto multiplicado por 365 nos da cuantos días en promedio vive cada hombre. 75 x 365 parece difícil sin calculadora, pero recurramos al mismo artificio de recién. Si el año tuviera 400 días es fácil: 75 x 400 = 30000 días, promedio de vida. Si el año tuviera 333 días, esto es lo mismo que multiplicar por 1000 y dividir por 3, cosas fáciles de hacer: 75 x 1000 nos da 75000, eso dividido en 3 nos da 25000 días. El hombre vive en promedio algo intermedio entre 25000 y 30000 días. Digamos que un hombre promedio en el GSM vive 27500 días y luego, lamentablemente muere. Invirtiendo el razonamiento podemos decir: si reunimos un grupo de 27500 personas, en promedio se nos morirá una por día. En el Gran San Miguel dijimos que hay un millón de personas. Entonces por día mueren 1 millón dividido en 27500 personas. Esto, sin calculadora, lo podemos estimar de la siguiente manera: Un millón dividido en 25000 nos da 40, un resultado que podemos calcular mentalmente. Un millón dividido en 30000 nos da 33,3 personas. La división que necesitamos hacer de 1000000/27500 cae justo en el medio de estos dos valores. Digamos, para redondear, que ese resultado es 37. Son las personas que mueren a diario en el GSM. Y como ya sabíamos que a diario nacen entre 27 y 28 niños más que el número de personas que fallecen cada día, ya podemos saber cuantos nacimientos hay cada día en el Gran San Miguel. Es simplemente 37 + 28 = 65. En el radio urbano de nuestra capital y alrededores nacen cada día, en promedio 65 niños. Y sin recurrir ni a registros ni a elaborados cálculos. Volviendo a la nota que leímos en el diario, ahora sabemos que en realidad el promedio de nacimientos diarios es de 65, y decir que "de cada 200 niños que nacen a diario..." es un dato erróneo, más de 3 veces superior a la realidad. Este ejemplo inventado, es sin embargo, exactamente representativo de muchas noticias que efectivamente se publican, algunas de las cuales ya subí como ejemplo a mi muro. Pero la intención era además, mostrar como con algo de intuición, un poco de creatividad y aprovechando el tiempo libre que el verano permite, podemos, como quien no quiere la cosa, obtener información sobre el mundo que nos rodea. Espero que les haya resultado de algún interés. Feliz domingo a los amigos

sábado, 6 de diciembre de 2014

EL PLACER DE LO PROHIBIDO

A fines de los 70 yo cursaba en la UNT. Y en uno de esos años Tucumán fue sede del Campeonato Argentino de Básquet, el “más argentino de los campeonatos” como se lo conocía. Yo estudiaba con mi gran amigo de toda la vida, Lorenzo, y además me refugiaba en su casa, en Ranchillos, días enteros. Mi amigo era aficionado al deporte de la canastita, y a mí también me gustaba. Tucumán ya había llegado a semi-finales, o algo parecido, así que decidimos ir a ver los partidos de esa noche.
La sede del campeonato era la cancha del Club All Boys, de calle Uruguay al 1500. Y siguiendo una costumbre muy de pueblo, mi amigo tenía un contacto que nos iba a permitir ingresar sin la entrada. No es que hayan estado agotadas, ni que fueran prohibitivas de caras, pero par una par de estudiantes universitarios algo golpeados por la realidad, la posibilidad de entrar sin pagar no dejaba de ser atractiva. El facilitador era un amigo de Ranchillos recientemente ingresado a la fuerza policial y que esa noche iba a estar asignado al operativo de seguridad del evento. Así que todo estaba arreglado. Era un trámite.
Arribamos a la hora señalada, cuando ya estaba por empezar el partido previo al que nos interesaba, que era el que jugaba Tucumán, con sus estrellas del momento, entre ellas el Negro Romano, el Checha Figueroa y etcéteras, como diría Dolina. Nos hacemos presentes en la esquina de 12 de Octubre e Italia, en la época en que el alumbrado público consistía, en el mejor de los casos, de una pantalla con un foco de 300W en la esquina y con suerte otro ídem a la media cuadra. Hasta mis recuerdos se me aparecen en blanco y negro. Y efectivamente, el contacto se presenta a los pocos minutos. Habla con mi amigo, y salimos caminando detrás de él en dirección a la entrada principal, sobre calle Uruguay a mitad de cuadra. Charlaban distendidos durante la cuadra y media que nos llevó llegar a la puerta principal mientras yo acompañaba en silencio. El amigo, de uniforme, se arrima a la puerta, habla en voz baja con uno de los custodios, y alcanzo a ver el típico gesto negativo con la cabeza, mientras explica vaya a saber qué cosa, para finalmente señalar en dirección de calle Lucas Córdoba. El amigo de mi amigo regresa, nos hace retroceder y nos cuenta que por ahí será imposible entrar, hay mucho control de la organización, gente de Buenos Aires. Le informaron que nos haga ingresar por el portón de calle Lucas Córdoba, reservado para vehículos de la organización y custodiado por efectivos de la provincia. Caminamos la cuadra que nos separan del portón y el policía amigo lo golpea, atiende un colega y se produce otro diálogo que desde mi óptica era casi calcado del anterior. La negativa con la cabeza con el agravante que ya ni siquiera le propone una alternativa. Nuestro amigo regresa un poco apesadumbrado comentando que es imposible entrar por ahí, que hay mucho control.
Mientras volvíamos hacia la esquina de Lucas Córdoba y Uruguay yo hago la sugerencia algo inocente “y si compramos las entradas y entramos de una vez?”. Antes de que alguien me conteste aparece un patrullero. Un Torino algo maltrecho, de un color azul envejecido idéntico al de esos buzos que nos hacían comprar para educación física, que ya desde la vidriera de La Tropical parecían viejos. El amigo policía, a esta altura ya convertido en pariente cada vez más cercano, se acerca al chofer del Torino y le empieza a hablar. A los pocos segundos se abren la puerta del acompañante y una de las traseras. Un frío helado me recorre instintivamente la columna. Se bajan dos policías sin ningún tipo de carencia nutricional y nuestro amigo nos dice “suban”. Ante la mirada atónita de Lorenzo y la mía, nos aclara: “ellos van a ingresar por el portón, vayan en el auto y se bajan adentro”. Entro por la puerta de atrás y mi amigo por la de adelante. Quedamos los dos sentaditos al medio de los asientos, flanqueados cada uno por dos servidores públicos convenientemente armados para la ocasión. Sin mediar palabra, el Torino se dirige al portón que nos acababa de negar la entrada. El portón se abre de par en par y el Torino avanza. Cuando llega el chofer a la altura del portón, se acerca un uniformado y mira adentro del vehículo. Y dice con voz firme que no deja lugar a rebatidas: ustedes 4 entran, esos dos se bajan aquí. Los policías del auto nos miran y dicen “lamento muchachos, hicimos lo que pudimos”.
Regresando con ya varias derrotas a cuestas hacia Uruguay y Lucas Córdoba volvemos a ver a nuestro policía amigo que nos pregunta “qué pasó”. Le contamos lo ocurrido y yo insisto con lo de comprar la entrada y dejar de joder. A todo esto el partido previo ya había terminado y Tucumán ya estaba por salir a la cancha. Pero este flamante cabo amigo se sentía en la obligación de cumplir con su promesa y no iba a rendirse tan fácilmente. Mientras pensaba qué recurso faltaba implementar, vemos aproximarse un colectivo de larga distancia entre la multitud. Nuestro pariente adoptivo, ni lerdo ni perezoso, detiene al ómnibus y se acerca a conversar con el chofer. Acto seguido la puerta se abre. Y el amigo nos dice: “suban, es la delegación de Entre Ríos, ellos van a ver el partido y entran sin pagar”. Ya curados de espanto y sin cara alguna, trepamos al colectivo para encontrarnos con una docena y media de chicos promediando el metro noventa y cinco y todos con unas camperas blancas con las letras “Entre Ríos” en cursiva. El colectivo avanza media cuadra y se detiene al frente de la puerta principal donde nos rechazaron la primera vez. El chofer abre la puerta y la delegación baja trotando y pasan libre por la puerta, que se despejó para la ocasión. Entre los atléticos lungos nos largamos con mi amigo, en ropa de calle, tratando de actuar un trote lo más profesional que nuestras raquíticas realidades nos permita para no desentonar tanto con el resto del grupo. Antes de arribar siquiera a la puerta un par de custodios nos sacan de la fila al grito de “estos no son”, dejándonos a nuestra suerte entre un grupo numeroso de oportunistas que se amontonaban alrededor del ingreso esperando vaya a saber qué ocasión para entrar. Terminado el ingreso de los entrerrianos, la puerta se vuelve a cerrar y la policía intenta dispersar a la muchedumbre, entre la que quedamos depositados. Y sin mediar palabra aparece un grupo de uniformados al mando de una media docena de Dobermans que logra la dispersión que los bastones al principio no lograron. Yo, actuando con orgullo y haciéndome al conocedor de perros, me alejo a paso normal y despreocupado, y mientras vuelvo la cabeza para mostrar mi temple al policía, veo que un can erguido en sus dos patas y sostenido por la correa me respiraba a escasos 10 cms de mi cara mientras hacía sonar sus dientes como un cocinero chino picando para un wok.
A esa altura ya Tucumán estaba jugando el último partido de la noche. Y ya era innegable que nuestra estrategia para entrar sin pagar había fracasado de todas las maneras imaginables. Nunca volvimos a encontrar al preocupado facilitador. Aproveché que los revendedores ya estaban intranquilos con los remanentes de entradas sin vender y pude conseguir un par a menos del precio oficial. Así, derrotados pero aceptando la realidad, encaramos la puerta principal con las entradas en la mano y nos dejaron entrar sin problemas, sin siquiera reconocernos de nuestros intentos anteriores. Para cuando llegamos a ubicarnos en las tribunas de madera, ya promediaba el segundo cuarto. Demás está decir que nunca logré engancharme en el partido. La aventura para entrar a la cancha me había dejado exhausto.

domingo, 12 de octubre de 2014

EL CAMINO DE LA FÍSICA (I)

Reflexiones Domingueras
12-10-2014
Isaac Newton, a mi entender, junto con James Clerk Maxwell y Albert Einstein, son los tres exponentes más destacados de la física.
Newton definió en un solo libro las bases de la cinemática, la mecánica, la dinámica, las leyes de gravitación universal y hasta la óptica dando una base a toda la disciplina. Incluso definió las bases del cálculo diferencial e integral para demostrar sus teoremas. Maxwell definió las leyes del electromagnetismo que iban a permitir el desarrollo de prácticamente todas las innovaciones que vinieron después, incluyendo los trabajos de Einstein. Siendo el trabajo más importante de este último seguramente su teoría de la relatividad, donde destruye la idea absoluta del tiempo, vinculándolo y haciéndolo depender (relativo) del espacio.
Newton define un concepto que llama “cantidad de movimiento” y lo toma de una idea de Galileo, el otro grande previo a Newton. Matemáticamente la cantidad de movimiento se expresa como el producto de masa por velocidad: m.v
Newton le da mucha trascendencia a este valor al enunciar su idea de inercia (de inerte). Cuando no se aplican fuerzas externas, la cantidad de movimiento de un sistema se mantiene constante. Y si un cuerpo en movimiento impacta a otro, la cantidad de movimiento es lo que define las consecuencias de ese impacto.
Emilie du Châtelet
Pocas décadas después de Newton, una joven y rebelde francesa llamada Emilie du Chatelet cultivaba las artes y las ciencias y protegía de las autoridades a probablemente el máximo exponente de Francia del siglo XVIII: Voltaire, amigo de la infancia. Apasionada de los trabajos de Newton y de las matemáticas, Madame du Chatelet se anima a contradecirlo, incluso afirmando que Newton se equivocó. Ella logra demostrar que el efecto de un objeto impactando a otro no depende de su masa y su velocidad, sino de la masa y el cuadrado de la velocidad. La forma de expresar esto ahora tiene que ver no con la conservación de la “cantidad de movimiento” m.v sino con la conservación del concepto de energía: E = m.v2. Esta definición no es original de Emilie sino del intelectual alemán Gottfried Liebniz, el eterno rival de Newton y según muchos autores, el verdadero padre del cálculo diferencial. Pero los experimentos y la contundencia de las publicaciones de la francesa terminan zanjando la polémica de una vez por todas a favor del alemán.
Un siglo después, Maxwell, al describir la propagación de las ondas electromagnéticas años antes de que efectivamente se logró emitirlas, calculó que se propagarían a la velocidad de la luz y que esta velocidad era la máxima velocidad físicamente posible, un valor absoluto de la naturaleza. Esto demostraba de paso que la luz no era otra cosa que una onda electromagnética. Esta velocidad máxima absoluta es lo que obsesionó a Einstein por años hasta que logró dar forma a su célebre teoría que, entre otras cosas, vincula la energía con la masa, haciéndolos conceptos (para expresarlo en términos de Domingo Cavallo) convertibles: energía se puede convertir en masa y masa se puede convertir en energía. Si quiero convertir una cierta masa completamente en energía, esta energía tendrá el valor de E = m.c2, la famosísima ecuación de Einstein, donde c es la velocidad de la luz, la máxima y absoluta velocidad del universo. Y vemos que esta ecuación no difiere en nada de la ecuación que proponía Emilie du Chatelet 150 años antes.
Las formas matemáticas de la física tienen un grado de simpleza y de belleza que han ido floreciendo a través de los siglos y los maravillosos descubrimientos y teorías parecen repetir las formas como una coincidencia recurrente. Los descubrimientos de los últimos años explican un poco mejor estas similitudes y coincidencias al unir los fenómenos en uno solo: todo se trata de ondas. Para los que han disfrutado de este relato en la próxima vamos a describir como esto desemboca en la famosa y millonaria búsqueda del bosón de Higgs y la pésimamente bautizada “partícula de Dios”.

sábado, 9 de agosto de 2014

MELANCÓLICOS ANONIMOS

 Simplemente pensar, en nada justamente. Mi vida estos últimos dos meses ha sido algo vertiginosa, pa mi gusto. Pero no me debo quejar, ya que es una construcción adrede.
Pocos horas separan la llegada a casa desde algún confín, en este caso la ciudad de Concepción, donde anoche tocamos con los Peces Gordos en un show muy gratificante (vivo en San Pedro, nos queda lejos) y partir de nuevo hacia otro lado, el lunes a la madrugada rumbo al Salar de Olaroz.
Entonces hoy decidí sentarme en el fondo de casa, notebook en mano y contemplar. Escribir. Parecido a no hacer nada, para algunos. Yo tengo mis dudas, tampoco me la creo que estoy haciendo “algo”.
La entropía es un concepto físico molesto. Sirve para poco, pero llega a incomodar más allá de la física misma, en particular, la filosofía. El universo tiende al caos. Es más probable un vaso roto a uno sano. ¿Por qué? Porque el proceso de romper un vaso es un paso sencillo. Una vez roto, volverlo al estado sano es casi imposible. Y de lograrse, requiere muchos pasos complejos. Dicho eso, me lleva a pensar que nuestra casa está en un estado físico muy probable. Lo de escribir en el fondo no solo responde al amor por la naturaleza, es casi el único lugar posible. A la tarea de acomodar libros iniciada hace semanas, se suma que hoy estamos pintando. Y ayer podamos un árbol. Así que sentado entre ramas, estantes y cajas al aire libre, mientras que puertas adentro la casa parece una de esas fotografías de Bagdad luego de una visita de George W, escribir parece solo una excusa para no hacer demasiado, en un intento que mis pocas horas de quietud no se volatilicen en tareas necesarias pero evitables.
En realidad la suma de tareas es circunstancial. No suelo ser tan exitoso en mi trabajo ni es cosa de todos los días salir a tocar en otras partes con mi banda. Escribiendo esto se me vino a la mente la definición del intelectual del desprendimiento con lo ajeno, don Carlos Saúl cuando atribuía todo a “una casualidad permanente”. Algo de eso hay aquí, se me late.
Tengo un amigo, alguien que me enseñó mucho, que tiene su taller en Pompeya. Ese rincón de Buenos Aires entre tanguero, industrial, algo decadente, con aroma a Riachuelo que visito casi exclusivamente cuando voy a visitarlo a él. Tiene 85 años y sigue trabajando. Yo lo cargo comparándolo con el Juez Fayt. Y no solo repite un trabajo que hace desde toda su vida, está innovando, inventando, buscando aprender y aplicar cosas nuevas. Me hace sentir vergüenza, yo aquí buscando la manera de trabajar menos. Tengo demasiadas inquietudes más allá del laburo. Pero me sorprendo muchas veces zambullido entre apuntes, libros y fórmulas investigando y aprendiendo más sobre mi especialidad. Es evidente que me gusta la música, la literatura, la historia, la política, las relaciones humanas. Pero también me gusta lo que elegí a los 18 años cuando decidí entrar a esa Facultad en particular y a esa carrera. Mi amigo me llama 2 o 3 veces por semana, un estereotipo de porteño de barrio con todo lo disfrutable y poco de lo molesto. Ayer discutimos sobre diferencias semánticas. A mi no me gusta la manera que él, y todos sus colegas, llaman a ciertos conceptos y le explicaba por enésima vez. Y él entiende y sabe que tengo razón, pero la costumbre, mala, lo lleva a no cambiar. Los jóvenes somos así, me dice, entendenos, somos duros. Vos sos un pibe, me dice, desde que nos conocimos, cuando la frase era absolutamente cierta. La vida tiene sus límites, y la perspectiva cambia a medida que nos acercamos a ellos. No es el mismo para todos y eso hace incierto el instante siguiente. Y hay un miedo latente a perder esos afectos. Saber que algún día tendremos que aprender a vivir sin ellos. Y por eso me emocioné tanto que aparezca Ignacio/Guido, a tiempo para Estela.

Todos los casos me emocionan, pero en este hay un pequeño adicional. Me hubiera oprimido el corazón, que justamente Estela, la que puso el pecho, el esfuerzo y su vida a la tarea de buscar nietos y con tanto éxito para muchos, se haya ido de este mundo sin encontrar el suyo. Y estando tan cerca. Mirá vos, como empezamos con la entropía y terminamos hablando de esto. En realidad solo quería mencionar que si no fuera por esa ininterrumpida pérdida de afectos con la que uno debe aprender a convivir, la vida sería bastante parecida a perfecta.