lunes, 5 de mayo de 2014

GUITARRAS Y LA TÉCNICA 1


Amigos guitarristas, algunos me conocen, otros no. Llevo décadas tocando intermitentemente la guitarra y sé que en nuestro medio hay eximios guitarristas, una densidad de luthiers por habitante único en sudamérica y bandas de todo tipo y género musical. No tango nada que enseñarle a nadie en lo musical ni en lo que hace a la artesanía de los instrumentos. Pero mi especialidad es el electromagnetismo y como las guitarras eléctricas son, de alguna manera, dispositivos electromagnéticos, es en este campo que quiero hacer unos aportes producto de mi experiencia profesional y del hecho de que mal o bien, llevo muchos años lidiando con estos hermosos instrumentos. De a uno iré subiendo comentarios, algunos evaluaciones personales, otros fundamentos técnicos que les puede resultar interesantes. Espero que les sea de su interés y les sirva cuando llegue el momento de tomar alguna decisión sobre la compra, canje, o armado de un sistema de sonido para el instrumento en cuestión. Empecé con los comentarios técnicos que acompañaron la reparación de un micrófono de un Fender Jazz Bass de Pedro Gómez y que felizmente ya terminé y que mañana ya estará en manos de su dueño para oír los comentarios finales sobre como quedó. Voy a buscar los archivos con los textos y estarán disponibles en mi blog en breve.
Aquí, de muestra, un pequeño consejo que la mayoría ya sabe y me parece obvio mencionarlo, pero me motivó incluirlo cuando presencié hace poco exactamente lo contrario:
¿QUE GUITARRA COMPRAMOS?
Esta es la pregunta del millón. Y no tiene una respuesta. Depende de cada uno. Pero indefectiblemente, cuando estamos en el negocio y tenemos dudas respecto de varios probables instrumentos, vamos a querer probarlos. Hace poco vi un adolescente eligiendo una guitarra. Lo primero que pidió es una pedalera modelo tal que es la que él usa normalmente y la programó acorde a su uso. Y ahí le dio volumen a un equipo que pidió lo más similar al suyo y comenzó el show. Si vamos a procesar el sonido de la guitarra, estamos modificando el sonido "puro" del instrumento y en definitiva vamos a escuchar más el proceso que el instrumento mismo. Y si las pedaleras son del tipo digital, una SX de segunda selección sonará igual que una Les Paul '57 Custom. Lo correcto es enchufar la guitarra con un cable sin nada en el medio y en un equipo sin efectos y con los tonos planos, para poder variarlos desde el instrumento. Ese será el sonido puro del instrumento y es lo que nos permite comparar a la hora de comprar. Es más, Botafogo recomienda tocar la guitarra al aire, sin cable siquiera. Aquí desacuerdo con el barbudo porque no permite escuchar como capta el micrófono el sonido, ni la incidencia magnética de cuerdas ni la impronta de la madera en la generación de la forma de onda, algo único de cada instrumento. Si el argumento es que nunca tocás la guitarra de esa manera, mi respuesta será que no te rebanes los sesos ni gastando dinero de más. Cualquier instrumento que te resulte cómodo a la mano y sea calibrable, o sea, corregible sus errores de afinación, altura de cuerdas y altura de micrófonos, te servirá a tus objetivos. Si en algún momento de tu música necesitás un sonido sin efectos, eso es lo que debes escuchar a la hora de decidir una compra y te permitirá diferenciar cual de los instrumentos es más apto a tu oído, que es lo que importa en definitiva.
Abrazo, muchachos.
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jueves, 1 de mayo de 2014

LA SAGA DE PEDRO


Ayer recibimos el famoso alambre de 0,06 mm de diámetro para poder rearmar el mic del Fender Jazz Bass de Pedro Gómez.
Micrófono con Imanes a la vista - Cinta poliester
Desarmamos el mic sacando los viejos alambres para dejarlo listo para bobinar y nos damos con que el mic es de aquellos que mencionamos en los post anteriores. Está bobinado directamente sobre los imanes sin nada de por medio. Y eso explica la falla del mismo. Le comenté a Pedro que lo único raro del mic eran unas manchas aparentemente de una reacción química, como si algún bourbon u otro producto químico le hubieran penetrado. Pero teniendo en cuenta los comentarios en la red sobre los primeros micrófonos bobinados directamente sobre el alnico de los imanes y que presentaban con el tiempo reacciones químicas, creo que la razón de la falla quedó demostrada. Y eso encaja con la sintomatología descripta por Pedro, el mic se fue callando de a poco hasta morir. No es que se apagó de un día para otro, como un corte accidental del alambre, se fue contaminando hasta dejar de funcionar. Bueno, la cosa es que antes de introducir los alambres vimos que este problema se solucionaba con una cinta de papel o similar para aislar el alnico del alambre de cobre esmaltado. En nuestro caso disponemos de unos aislantes sintéticos de poliéster muy muy delgados del orden de 0,00625mm que nos permite envolver con varias vueltas a los imanes sin incidir en las dimensiones del micrófono, y siendo sintéticos no necesitan un barnizado previo. En la foto se observa el mic desarmado con los imanes a la vista y la cinta de poliester con que aislaremos.
Mic Aislado con Poliester listo para bobinar

Mic montado en torno semi-automático alta velocidad  
Con todas las precauciones del caso se sueldta el alambre al terminal correspondiente del mic asegurando de no dejar estaño ni otra protuberancia hacia el lado de adentro del mic porque esto cortaría el delicado alambre al intentar bobinarlo.
Usamos un torno del tipo semi-automático (hay que pilotearlo a mano) de alta velocidad. Este permite dar las 8000 vueltas que tiene el mic Fender en menos de 90 segundos. (alta velocidad para los standards míos, hay mucho más rápidos). Pero eso es solo recomendable en bobinas redondas o cuadradas. El mic es muy alargado y es algo delicado así que usamos velocidades mucho más bajas. En total me llevó 12 minutos terminar el micro con el cuidado del caso. El torno dispone de un cuentavueltas digital con memoria indispensable para un buen trabajo. Se observa el 0 antes de empezar y el 8000 indicando las espiras correctas al terminar. A simple vista el micro aparece lleno con la misma cantidad de alambre que el modelo original, esto es un buen síntoma de que no hubo pifies en la confección del mismo ni en la elección del alambre. Sacamos el mic del torno.
Luego procedemos a soldar con cuidado el final de la bobina al terminal correspondiente. Una vez soldado controlamos la resistencia del alambre y nos da 7,78 kOhms, prácticamente idéntico a los
Mic Terminado con sus 8000 espiras
7,8kOhms que dice Fender en sus catálogos. No se deliren por la precisión aquí, recuerden que este valor depende mucho de la temperatura ambiente. Los valores de catálogo se especifican generalmente para 20°C o 75°C cuando se trata de motores o transformadores. Hasta aquí un éxito.

Aquí el micro ya está casi listo para colocar de vuelta en el bajo. Pero vamos a darle una mano liviana de un barniz secado al aire para protegerlo algo mejor del ambiente. El único barniz secado al aire que dispongo es uno del tipo Glyptal para terminación, justamente para este tipo de aplicaciones superficiales. Es un barniz de color rojo así que el aspecto del mic cambiará, pero como no es visible ya que tiene una tapa plástica que le da la forma definitiva no hay problema con esto. Ya solo queda armar el bajo. Eso será mañana. Hoy es el día del trabajador, no nos olvidemos.      
Verificar el Valor de la Resistencia
Mic Recubierto por Barniz Glyptal Protector

domingo, 13 de abril de 2014

THE BLUES
Capítulo II

Como mencioné en el capítulo I, el blues se reconoce, por la mayoría de los autores, como surgiendo en la década de 1890 en las zonas rurales empobrecidas del sur. Retrocediendo desde 1890, la influencia de las raíces africanas y la memoria de la esclavitud en la  estructura musical del blues es motivo de especulación y es donde los estudiosos empiezan a desencontrarse.
Vamos a ir avanzando en sentido contrario, siguiendo el relato cronológico para que los lectores puedan darse una idea válida y personal sobre las posibles interpretaciones y así sacar las conclusiones que mejor concuerden con las propias sensaciones que este género despierta en cada uno.

LA RAZA

Independientemente de las controversias, es innegable que el blues es una forma de arte afro-americana. Y el análisis y el estudio de la historia del blues deben empezar por el tema racial. Algunos estudiosos insisten en que debe empezar y terminar en el tema de la raza. Vamos caminando la historia, retomando donde quedamos en el capítulo I.
El flujo de esclavos, que como mencionamos, comenzó en 1619 y siguió hasta bien entrado el siglo XIX. La historia norteamericana gusta mencionar el 1° de enero de 1808 como el fin de la trata de esclavos, porque ese día entró en vigencia la ley que prohibía la importación de personas con ese fin. Ley que fue fácilmente burlada por años, ya que la única autoridad de aplicación de la ley era la minúscula flota que USA tenía para ese entonces y los traficantes no tenían demasiados problemas en introducir a la gente proveniente de Äfrica por diferentes puertos ilegales. Y el comercio doméstico seguía de forma abierta por todos los estados del sur, donde la posesión de esclavos era legal. Así se comprueba en este aviso de 1829.


Aviso en Periódico anunciando
            la subasta de Esclavos en 1829, junto con arroz, agujas,
libros, cotillón y otros menesteres 

Lo importante de 1808 y de esa ley federal en particular, es que habilitaba a los estados a dictar leyes prohibiendo la esclavitud, cuya legalidad hasta entonces estaba protegida por la Constitución de los Estados Unidos. Así empezaron los estados del norte uno por uno a abolir la esclavitud y generando la diferencia que llevaría finalmente al sur a declararse independiente en 1860, luego del triunfo en las urnas de Abraham Lincoln.
Este flujo de cientos de miles de africanos durante más de dos siglos produjo con los años y las generaciones lo que a nosotros nos gusta llamar un “crisol” cultural donde confluyeron culturas africanas de diversas regiones y la variada cultura europea, sumada a las danzas campestres y baladas que ya se escuchaban entre los campesinos blancos. Todo esto, sumado al analfabetismo impuesto por los patrones a los esclavos que dejó escaso o nulo registro de sus actividades culturales, es lo que asombra y confunde a los estudiosos de las raíces musicales del blues.
Pero es innegable la raíz africana del blues. La inevitable mezcla e influencia de la cultura blanca en el desarrollo posterior que desemboca en el blues que conocemos hoy también es el germen que hace del doble sentido y del mensaje encriptado una constante dentro del género. En el sur profundo, donde la esclavitud tenía su epicentro, el canto del esclavo era motivo de confusión para los dueños de las plantaciones. Algunos lo estimulaban como estrategia para mantener los ánimos, disminuyendo las fugas y mejorando la productividad de sus esclavos. Mientras otros amos lo prohibían pensando que los dialectos empleados en las letras era una herramienta para pasar mensajes conspirativos entre ellos. Algo de cierto había en esto último y fue el origen del doble sentido en las letras que cantaban los negros cuando el inglés empezó a predominar como lenguaje cuando ya los esclavos eran segunda o tercera generación y los dialectos africanos se fueron perdiendo, no sin antes incorporar palabras, costumbres y personajes a la cultura de las nuevas generaciones.
Estas herramientas culturales les permitían a los esclavos tener un área de desenvolvimiento aislada de las garras de sus amos. Así floreció la música negra y para mediados del siglo XIX ya existían una interesante colección de canciones para acompañar el trabajo en el campo y también, con fuerte influencia europea, una gran variedad de canciones de tipo folclóricas y los famosos “spirituals” o canciones rituales y religiosas, ejecutadas con banjos, violines, flautas e instrumentos de percusión, panderetas, huesos, y cualquier medio al alcance de la mano.

MINSTREL

Quiero mencionar un género que floreció en el siglo XIX hasta el punto de convertirse en la primera expresión artística netamente norteamericana y que es el “Minstrel”. El minstrel es el precursor de lo que más adelante se conocerá como “vaudeville”. Era un género teatral satírico hasta lo grotesco donde actores blancos oscurecidos a fuerza de corcho quemado interpretaban a esclavos negros, exagerando y ridiculizando sus costumbres. Aparte de esa visión racista y segmentada, tendía el Minstrel a mostrar una vida alegre, despreocupada y divertida para los negros en las plantaciones sureñas.
Tan era así que un tema recurrente en los argumentos de los sketches era el negro que liberado o fugado de la plantación, sentía nostalgia por el amo y su vida anterior y no veía las horas de regresar a su “hogar”. Este género arrancó con bastante fuerza en la década de 1830, con grupos viajeros y producciones más bien pobres hasta ir creciendo en calidad, producción y libretos. Una de estas muestras musicales y de baile que tuvo gran éxito fue la obra de Thomas Dartmouth Rice llamada “Jump Jim Crow”, llevando el género del “blackface” o cara negra como se conocía popularmente a estos espectáculos, a un nivel completamente distinto. En la cúspide del éxito de esta obra, un crítico del diario The Boston Post escribió que “los dos personajes más populares de la actualidad son la reina Victoria y Jim Crow”. Tan grabado en el colectivo social quedó el nombre Jim Crow referido al personaje negro de la obra, que a finales de la década de 1870 cuando se empezó a aplicar las normas en el sur que permitían a los bares, hoteles, salas de espectáculo, medios de transporte y prácticamente cualquier lugar público a segregar a los negros, prohibiéndoles la entrada u obligándolos a ubicarse en sectores delimitados para ellos, estas normas pasaron a llamarse “políticas Jim Crow”.
Ya desde fines de la década de 1840 empezaron a aparecer actores negros en estas compañías y en 1855 apareció una compañía formada exclusivamente por actores, cantantes y bailarines afro-americanos. A diferencia de las compañías de blancos, que se promocionaban como muestras de la cultura, música y danzas de origen africano, la mayoría de los estudiosos ponen en duda que la música exhibida en esas muestras haya tenido influencia alguna de esas latitudes. En cambio, los grupos de afro-americanos que empezaron fuertemente a tallar en el mercado del Minstrel al finalizar la guerra civil, a pesar de influenciarse mucho en su contraparte blanco, incorporaron los spirituals y el gospel en los espectáculos, algo que los blancos nunca hicieron. También fueron aporte de las compañías negras los personajes femeninos, algo casi completamente ausente del Minstrel original blanco.
La mayoría del público del minstrel auténticamente negro eran afro-americanos, admirados e identificados con actores de su raza,  pero también blancos interesados en la cultura negra, en particular sus bailes y música y que no iban a poder ver en las compañías blancas de caras negras.
Ciertas compañías alcanzaron tanto éxito que fueron compradas por grandes empresarios blancos de Nueva York, incluso para asociarse con empresas francesas e inglesas y llevar el show por toda Europa. Para fines de siglo este género empezó a declinar, dando lugar al vaudeville, de origen europeo, que empezó su etapa de apogeo como se puede ver luego en las primeras películas de Chaplin y otros grandes directores de principio del siglo XX.
La Compañía de J.H. Haverly's nació como una compañía negra que fue comprada por un empresario blanco y se fue fusionando con otras hasta convertirse en la más grande, llegando a tener más de 100 personajes en el escenario, incluso acróbatas japoneses. Producción costosa, escenografías extravagantes, estos mega-espectáculos de los 1870 fueron sacando del circuito rentable a los grupos más chicos
Lo importante del Minstrel es que llevó una imagen de las peripecias del esclavo a las grandes ciudades del norte. Esto generó al principio una afinidad de clase, siendo el obrero urbano el primero en identificarse con el sufrimiento del esclavo negro de las plantaciones. En la época 1830-1840 estaban surgiendo los movimientos abolicionistas en el norte y esto fue una manera de simpatizar con la causa negra. Pero la insistencia distorsionada del mistral de “cara pintada” en mostrar que el negro era alegre, despreocupado, vago, desordenado, indisciplinado fue tallando otro sentimiento que en muchos casos sobrepasó la simpatía de clase del blanco pobre para convertirse en no ya una cuestión de clase, sino de raza. El trabajador blanco veía al negro como una mala competencia, un ser imposible de adaptar a la vida urbana y una amenaza. Así se identificaba mejor con su patrón blanco que con su colega de sufrimiento negro. Estos sentimientos cruzados, contradictorios, enfrentados y basados en el miedo y el desconocimiento formaron gran parte de la idiosincrasia tan difícil de catalogar que marca al americano medio incluso hasta nuestro presente. Y dentro de toda esa maraña de aspectos sociales, los afro-americanos se fueron abriendo camino, primero como esclavos, libertos o ciudadanos libres dentro de un contexto de esclavitud tolerada y legalizada, o disfrutando de una libertad impuesta por la guerra civil pero dentro de un contexto de odio y fuerte segregación, en particular a partir de 1877, año en que las tropas federales abandonaron el sur de la reconstrucción y dejaron a los negros a merced de sus antiguos amos, que de inmediato pusieron en efecto las normas “Jim Crow” para mantener a los negros en ghettos bastante delineados y fuera de sus ambientes.
Un simple bebedero podía estar regulado
según las razas
gracias a las leyes "Jim Crow"
El dueño de la plantación, para resolver el dilema de la mano de obra, ahora que sus esclavos fueron liberados, recurrió al arriendo de sus tierras a los propios negros recién liberados. Este sistema obligaba al trabajador afro-americano a endeudarse con su ex amo para proveerse de semillas, fertilizantes y otros insumos y que deberá devolver después con la cosecha. La vida en el campo en el día a día no cambió demasiado, salvo por el detalle de que el trabajador era formalmente libre. Y en un aspecto la situación era peor: si se perdía la cosecha por alguna inclemencia como sequía, inundación o langostas, el ex-esclavo quedaba endeudado con su antiguo amo, pudiendo perder sus pocas pertenencias o teniendo que volverse a emplear y trabajar gratis para cumplir con sus compromisos. En este contexto estamos llegando a fines del siglo XIX, donde ya podemos empezar a descubrir formas musicales que, partiendo de los acompasados cánticos de la plantación, de indudable raíz africana, el folclore negro y las danzas, sumadas a la influencia de los cantos religiosos como el gospel y los spirituals, y además las influencias estructurales de Europa incorporadas en las canciones y bailes que se expandieron y popularizaron con el itinerante Minstrel, darán forma a lo que pocos años después identificaremos como blues.

Puesto humildemente y de manera muy personal en un contexto histórico, en la próxima entraremos de lleno en el tema concreto de este género.
             

sábado, 5 de abril de 2014

BLUES
Un camino personal

Luis Octavio Corvalán – San Pedro de Colalao – Abril de 2014

A fines de los sesenta volví al país, luego de una década en USA. Mi hermana mayor se quedó ahí a vivir. Ella me mandó, junto con mi regreso, una cinta abierta de 6 horas con casi un centenar de temas que fueron lo más representativo del rock de los 60, para que yo pueda disfrutar de esa música que iba a ser difícil encontrar en las radios locales. Gracias a esa cinta pude rememorar la música que había escuchado hasta ese momento, pero también descubrir maravillas que se le habían escapado a mis escasos 12 años: Jeff Beck, Blind Faith, Cream, Jefferson Airplane, Jimi Hendrix, Traffic, Moody Blues, Donovan, Arlo Guthrie, Joni Mitchell, Mamas and the Papas y muchísimo más.
Al poco tiempo en Argentina empecé a empaparme del rock local. Y mi tarea fue hacerle conocer a ella lo que aquí se hacía, algo que le era imposible acceder desde el primer mundo. Recuerdo haberle mandado Artaud, de Luis Alberto Spinetta. Al tiempo me contesta preguntándome cómo un músico de rock argentino, porteño, podía componer un tema con sonido “delta”. Se refería a “Cementerio Club”. Yo no supe qué contestar, pero el tema me parecía lo más natural del mundo, y la autenticidad de Spinetta está fuera de toda discusión. ¿De qué sueño puede extraer Juan Escalante una maravilla como “Matinée”? ¿Por qué las versiones más conocidas de la leyenda Robert Johnson son las grabadas por un blanco londinense suburbano de clase media como Eric Clapton? ¿Por qué Santiago Caminos relata tan bien su barrio pero dando la sensación que pertenece a otra parte?
Algunas de estas preguntas encontrarán respuesta, o explicación, y otras conservarán la magia del misterio. Un recorrido por la historia de este género tan cautivante puede ser una aventura que deje aprendizajes y emociones que nos sirvan para transitar de manera más rica y colorida nuestra vida, tanto musical como personal. Al menos a mí me produjo algo así. Y la intención de este relato es eso: que al lector curioso le deje algo para pensar, sentir, o convertir en música si se trata de un músico o aportar algo a su sensibilidad de apreciarla si no lo es. Espero lograrlo. Bienvenidos al tren.

Génesis del Norte y el Sur.
El blues, al menos casi todos los investigadores concuerdan, se consolida para la década de 1890 como una expresión musical del ghetto rural del sur de USA. Entender como surge es repasar, aunque sea brevemente, la historia de esa parte del mundo hasta ese momento, y de ahí seguir el recorrido del blues hasta nuestros días.
El Mayflower arribando a América

Gente como uno.
Puedo dar fe que en la escuela primaria de USA se enseña que los primeros pobladores llegaron a USA provenientes de Inglaterra entre el 11 y 21 de noviembre de 1620 (no hay un registro contemporáneo de la fecha). Eran los peregrinos que a bordo del Mayflower escapaban de la persecución religiosa, ya que 1559 se había impuesto compulsivamente la religión anglicana en todo el reino y los disidentes eran perseguidos. Este pequeño grupo de familias llegó a las cercanías de lo que es hoy la ciudad de Boston, en el extremo noroeste de país para empezar de cero una sociedad con total libertad de fe, autogestionada y cuyos líderes se elegirían democráticamente entre los vecinos. Llegaron demasiado cerca del crudo invierno y no pudieron prepararse para las inclemencias. Ese primer invierno sobrevivieron gracias a la provisión de comida de los nativos y por eso cada año el tercer jueves de noviembre en USA se conmemora este gesto celebrando el día de Acción de Gracias, el feriado más importante del país.  

Sir Walter Raleigh
Somos los piratas
Pero para ser rigurosos, este no fue el primer grupo de ingleses en radicarse en territorio hoy de USA. Sir Walter Raleigh era un acomodado “dandy” de buena cuna y acceso a los mejores colegios de Inglaterra: Soldado, poeta, aventurero, descubrió debilidad por la piratería, a la que se dedicó para la época de 1580, tratando de robar barcos españoles que volvían del nuevo mundo con sus tesoros. No tuve éxito pero fue mimado por la reina Isabel I que le dio lo que sería su pomposa residencia campestre, además de las ya enormes posesiones en Irlanda que recibió como compensación por su papel aplastando una famosa sublevación en Munster producida entre 1579 y 1583.  Recibió en 1584 una licencia real para establecerse en el nuevo mundo y explotarlo comercialmente, en un intento de cortar el avance español por esas tierras. Así se estableció en la región de Virginia en 1585, 35 años antes que las buenas familias de Massachussets. Este emprendimiento, mucho más parecido a las aventuras españolas que conocemos bien, no tiene el glamour del duro trabajo a que se sometieron las familias peregrinas del norte. Abriéndose camino a sangre y fuego, empezaron en Virginia la explotación del tabaco y su contrabando a Europa, monopolio que había conseguido España en tratados con los otros países del viejo mundo. Tampoco la tuvo fácil, pero era otro clima, contaba con soldados, armamento y barcos y a pesar de las penurias iniciales, la colonia empezó la producción de tabaco y su envío a Inglaterra. De esta época negada en los libros escolares, hoy un episodio se hizo popular, y es la leyenda de Pocahontas, que no es motivo de nuestra historia, pero vale mencionarla.
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La dificultad de hacerse de mano de obra para las ya rentables plantaciones hizo que se importaran “trabajadores africanos” por primera vez en 1619. Como podemos sospechar, estos trabajadores fueron tratados como esclavos. No solo lo trataban como esclavos, sino que además, los emprendedores los declaraban como empleados registrados y se robaban el dinero de los supuestos sueldos haciéndolos pasar por gastos para defraudar a los accionistas ingleses copropietarios de las plantaciones. Luego en 1654 se regularía y legalizaría la tenencia de esclavos para terminar con estos escándalos. Por escándalo me refiero a que le roben a los accionistas, ya que poseer esclavos no sería considerado escandaloso hasta varios siglos después.




Dos Mundos Irreconciliables
Universidad de Harvard en el Siglo XVII
En estos dos episodios iniciáticos de la colonización de los Estados Unidos ya se aprecia una diferencia radical en los conceptos de trabajo y la producción que se desarrollarían en las regiones Norte y Sur del futuro país. A tal punto era el quiebre que terminó desembocando en una larga y sangrienta guerra civil que sacudiría toda la idiosincrasia y los cimientos mismos del país y cuyas secuelas aun hoy persisten.


Casa del dueño de una plantación
El norte se irá convirtiendo en una tierra de pequeños agricultores, comerciantes y artesanos que irán formando un mercado interno dinámico. En las cercanías de este primer emplazamiento, y a solo 16 años de arribado estos peregrinos ya se fundaba la Universidad de Harvard, hasta el día de hoy la más prestigiosa de Estados Unidos. La pequeña colonia ya tenía para entonces 17000 habitantes, un gobierno organizado y una corte de justicia de lo que se llamaba “Massachussets Bay Colony” o Colonia de la Bahía de Massachussets, hoy los alrededores de Boston, capital del estado de aquel nombre. Para el siglo XIX ya la región norte estaría gozando todos los adelantos de la revolución industrial con una población tanto rural como urbana participando activamente de la economía.
Familias esclavas cosechando algodón
El sur iría tomando en escala el modelo original de Virginia. Grandes plantaciones en manos de una oligarquía elitista y dueña de esclavos para la explotación de los campos de tabaco, algodón y caña de azúcar, entre otros. Y casi toda tarea cotidiana que requiera esfuerzo manual. Dueños que llevaban una vida de opulencia y placeres. Esclavos sin derechos, sin capacidad de consumo y sin lo más elemental de todo ser humano: su libertad.      

El viaje   
El comercio de esclavos estaba a cargo de emprendedores privados. El primer cargamento mencionado de 1619 llegó en un barco holandés, pero los había de varias nacionalidades. Estos emprendedores se armaban de un ejército privado, invadían ilegalmente zonas costeras de África y secuestraban a hombres, mujeres y niños, los subían a barcos encadenados y los transportaban por largos meses hasta llegar a destino donde se los vendía. En el trayecto morían en promedio la mitad de la carga, personas, familias. Una estrategia de algunos comerciantes de esclavos era obligarlos a cantar durante el trayecto, para mantenerlos con ánimo y así perder menos de la preciosa carga. Esta imagen no es difícil de reconstruir en nuestras mentes: hombres blancos con látigos obligando a negros encadenados a cantar. Pero solo se puede insinuar el tipo de lamento y profundidad de semejante música. Desgarro, terror, impotencia, enfermedad, oscuridad, hacinamiento, hambre, incertidumbre, obligado a salir de esas gargantas en forma de canto. ¿Qué marco musical nos podemos imaginar para semejante viaje y ejecutado por las propias víctimas en esas condiciones?

La maravilla que hoy sabemos contiene la música nativa africana fue trasladada en ese contexto compulsivamente al nuevo continente, privada de su libertad, de su alegría, de sus raíces y de su tierra. Sobre este paisaje, sobre este via crucis de cientos de miles de nativos africanos arrancados a la fuerza de su mundo durante más de dos siglos, venía también el ADN que daría forma al Blues. 
Hasta la próxima.

          

domingo, 10 de marzo de 2013

RUMBOS - Sobre la muerte de Chávez

Reflexiones Domingueras -  10-03-2013

Semana movidita si las hubo. Las conclusiones y los análisis están por todas partes, no quiero redundar en eso. Pero sí me gustaría mencionar algo que percibo desde la distancia, desde una altura tal que podamos abarcar nuestro querido continente y alrededores. La caída del muro de Berlín se celebró anticipada y erróneamente como el triunfo de las ideas individualistas y liberales sobre los conceptos integradores y socialistas, mal sintetizados por la guerra fría entre USA y la URSS. Digo mal sintetizadas porque esa guerra la protagonizaron dos superpotencias y sus cuitas poco y nada reflejaban las peripecias y necesidades de un sinnúmero de países "de a pie", más chicos, menos militarizados, menos desarrollados. Fukuyama proclamaba el fin de las ideas que no era otra cosa que decir, "dejen de pensar, mis ideas prevalecieron." En la práctica eso se tradujo en un "Consenso de Washington" que su propio nombre es una contradicción en sí misma, sabiendo que un país como Argentina, en Washington, no puede consensuar demasiado que digamos.
A caballo de eso se montaron los UCD y los más impresentables del peronismo para liquidar un país, que a los tropezones pero aceptablemente, había contenido a su sociedad hasta la llegada de la última dictadura con su circo de asesinos físicos, sociales y económicos que lisiaron de gravedad cualquier equilibrio logrado tras generaciones de esfuerzo.
Como eran de esperar, los experimentos económicos, que no se aplicaron en ningún "país serio del mundo" terminaron devastando desde los vulnerables como Jamaica y Argentina, hasta sólidas economías como Corea del Sur y Brasil, Rusia incluida. 

¿Cómo se salió de eso? Con política, con ideas, con sensibilidad y participación social. Las ideas no murieron, fueron anestesiadas para que la anti-política hiciera de las suyas. Hoy los grupos económicos son mucho más poderosos e influyentes que en la década del 70 y la gente, salvo puntuales excepciones, vive peor o con más dificultad que entonces.
Ver un continente movilizado, dolido, hermanado e intercambiando palabras de comprensión y aliento no puede ser mejor síntoma de los tiempos que corren. Estamos llenos de política, de ideas, de integración. Recuperamos el concepto de "tejido social". Yo no me salvo, o mi salvación no tendrá intensidad y sentido si mi prójimo se pierde en el camino. Es un "tejido", un entramado social donde el peor de los mensajes es una filosofía de "sálvese quien pueda" o la darwinniana de "sobrevive el más apto". Las oposiciones en general no comprendieron el cambio de época, dedicadas a denostar a los gobernantes están asombrosamente carentes de ideas, cuando es eso lo que se está demandando de ellas. Algún idea "nuestra", algo superador, algo acorde al siglo XXI. Importar experiencias de otros países, mejor fundados, con pasados más consistentes o con otro grado de desarrollo, con otras idiosincrasias no sirvieron y el votante ya sospecha de eso. El gran ejemplo Chile no pudo sacudirse de 17 años pinochetistas que los tiene todavía sin que logren diagnosticar sus males. Los grandes centros de opinión los tienen como ejemplo pero deben convivir con un obrero minero ganando 70 u 80 veces lo que gana un jubilado, empleos precarios y una educación solo accesible a los que pueden pagar. El otro ejemplo de liberalismo que sobrevive en el continente es Colombia, donde la izquierda se estigmatiza con una guerrilla tan absurda como demodé que cree que plantarse 50 años en la selva es sinónimo de movimiento o evolución social, con armas y todo. Patético, contraproducente y totalmente innecesario. Un ejemplo de lo que digo es el didáctico almuerzo con Mirtha que reapareció por los medios y que compartieron Chávez y Macri, allá por 2003. La mayor esperanza de la diestra vernácula hablando un rosario de lugares comunes sobre mirar al futuro, hacer las cosas bien y otras profundidades conceptuales mientras nuestro desaparecido bolivariano le daba una lección de contextualización histórica y de pertenencia imprescindible para cualquier proyecto político.
O el decadente análisis de Lilita que trata de convencernos que la masiva despedida a Néstor Kirchner era una puesta en escena, una obra de teatro. La bronceada candidata crónica no tiene idea de lo que pasa en la calle, o subestima al destinatario de sus locuras. Ambas posibilidades explican su desaparición política, a pesar de su permanencia mediática.
Podemos no coincidir en las ideas, en los personajes, en los métodos, pero el pueblo latinoamericano despertó de un letargo demasiado largo, hoy está de pie defendiendo lo logrado, y si a alguien no le gusta, tendrá que presentarse con algo superador, algo que lo convenza que lo ofrecido es mejor que el muy imperfecto presente que se tiene, y eso requiere pensar, elaborar y presentar IDEAS, conceptos, discursos. En una palabra, hacer POLITICA, nuevamente, como nunca se debió dejar de hacer. Desde Pericles hasta Obama, donde hay o hubo una democracia, al soberano hay que convencerlo, más aun cuando está despierto y atento.
Dije muchas veces, me felicito vivir en este continente, tan hermoso, tan injusto y tan golpeado, que tenemos mucho por hacer y es fácil y emocionante sentirse protagonista de estos cambios. Y al ser un continente inmensamente rico, los cambios se perciben rápido, no se pueden disimular o negar. Argentina era un país integrado y por ahí muchos pueden negar algún progreso, pero visitar Bolivia hoy y es un país completamente distinto a la Bolivia de los 90, por no ir demasiado atrás.
Debemos asumir nuestro rol de mandantes, se nos murió un mandatario, pero si conocemos el rumbo, no le podemos errar, somos los protagonistas, los que escribimos nuestra historia.
En estos días ejemplares, de tanto simbolismo y tanta significación, mi más emocionado saludo a los hermanos latinoamericanos.

AYER FUE OCTAVIO

Reflexiones Domingueras:   03-03-2013

Decía que ayer fue Octavio, porque para mí hoy es 3 de marzo, y el 2 de marzo hubiera cumplido 90 años. Se fue hace bastante, pero llevo conmigo una parte importante de él. Esto de leer en la cama, leer mucho, y lo que hago ahora mismo, escribir. No puedo escribir como él, pero puedo escribir, a diferencia de muchos colegas que se absorbieron en sus ingenierías y descuidaron las palabras, con honrosas excepciones. Gracias a mi viejo conocí una parte distinta del mundo y pude vivir mis "días ejemplares" desde una butaca privilegiada de la historia. Me gusta el término "días ejemplares" y en otra nota podremos hablar en detalle de lo que significa para mí. Lo saqué del título que le puso en castellano al único libro en prosa que escribió el gran Walt Whitman, que se lamaba "Specimen Days". Una importante editorial contrató a Octavio para que lo tradujera al castellano. De vez en cuando agarro uno de los tantos libros que escribió y lo leo, en algunos casos releo. Aunque sea de una especialidad que me es generalmente ajena, lo disfruto y lo entiendo. Sabiendo que son palabras elegidas por él, me puedo imaginar exactamente como hacerlas sonar en mi mente, con su voz, con su dicción perfecta. Y también lo tengo en audio, su modulación gardeliana, su guitarra y esporádicamente algún amigo acompañando. Hasta yo aparezco en un par de temas. El viejo se dio maña para trascender y a pesar de lo años que lleva ausente de cuerpo, está más presente que nunca. Elijo con más cuidado cuando escucharlo, porque todavía emociona si me pilla con la guardia baja. Pero leerlo es más inofensivo y permite un aprendizaje muy lindo. Didáctico hasta en las anécdotas.
Su capacidad de lectura era apabullante. No duraba más de 72 horas un mismo libro en su mesa de luz. Y si yo lo tomaba después podía ver infinidad de anotaciones al margen, subrayados y tachones a lo largo de las páginas. Analizaba con igual rigurosidad a una docena de poetas rusos como a su gran amigo y paisano Bernardo Canal Feijoó. Los hispanoamericanos eran su fuerte pero conocía soberbiamente la literatura universal, "desde Homero hasta Jorge Asís" como bromeaba, satirizando un espectro imposible que pretendían abarcar en ciertas cátedras de su querida y demasiado ingrata "Facultad". Se atrevió a escribir un libro para enseñar Inglés a gente que habla castellano. Las explicaciones estaban "en castellano" ya que era el idioma que dominaban los destinatarios del libro, algo completamente "blasfemo" para nuestros tradicionales "profesores de inglés" y que les producía un inexplicable escozor. Y me encantaba saberlo.
Acompañó a Borges con su guitarra y gracias a su inserción en diversos medios pude conocer y tratar a gigantes de la literatura y la música, como Ana María Matute, Miguel Angel Estrella, Hugo Díaz y tantos más.
Pude darle algunas tibias satisfacciones, creo. Mejores motivos para su orgullo demoraron demasiado en llegar. Me hubiera encantado oír sus opiniones sobre mis escritos recientes. Sus críticas y consejos me hubieron permitido un crecimiento que no puedo lograr solo. Pero noto su impronta, su influencia al escribir. Ser claro, entendible, tratar lo complejo con palabras simples, evitar la grandilocuencia y el vocabulario elitista y académico son elementos suyos que pude incorporar a mis limitados recursos.
Lejos de ser algo que uno arrastra, esta parte central de mi historia me aligeró la marcha, me dio mejores herramientas para pelearle a la vida y me dejó apuntando en la dirección correcta cuando llegó el momento de seguir solo. Me hubiera gustado tenerlo más cerca cuando lo tuve, pero es un orgullo y un gusto que me pude dar ser su hijo. Gracias papá.