sábado, 5 de abril de 2014

BLUES
Un camino personal

Luis Octavio Corvalán – San Pedro de Colalao – Abril de 2014

A fines de los sesenta volví al país, luego de una década en USA. Mi hermana mayor se quedó ahí a vivir. Ella me mandó, junto con mi regreso, una cinta abierta de 6 horas con casi un centenar de temas que fueron lo más representativo del rock de los 60, para que yo pueda disfrutar de esa música que iba a ser difícil encontrar en las radios locales. Gracias a esa cinta pude rememorar la música que había escuchado hasta ese momento, pero también descubrir maravillas que se le habían escapado a mis escasos 12 años: Jeff Beck, Blind Faith, Cream, Jefferson Airplane, Jimi Hendrix, Traffic, Moody Blues, Donovan, Arlo Guthrie, Joni Mitchell, Mamas and the Papas y muchísimo más.
Al poco tiempo en Argentina empecé a empaparme del rock local. Y mi tarea fue hacerle conocer a ella lo que aquí se hacía, algo que le era imposible acceder desde el primer mundo. Recuerdo haberle mandado Artaud, de Luis Alberto Spinetta. Al tiempo me contesta preguntándome cómo un músico de rock argentino, porteño, podía componer un tema con sonido “delta”. Se refería a “Cementerio Club”. Yo no supe qué contestar, pero el tema me parecía lo más natural del mundo, y la autenticidad de Spinetta está fuera de toda discusión. ¿De qué sueño puede extraer Juan Escalante una maravilla como “Matinée”? ¿Por qué las versiones más conocidas de la leyenda Robert Johnson son las grabadas por un blanco londinense suburbano de clase media como Eric Clapton? ¿Por qué Santiago Caminos relata tan bien su barrio pero dando la sensación que pertenece a otra parte?
Algunas de estas preguntas encontrarán respuesta, o explicación, y otras conservarán la magia del misterio. Un recorrido por la historia de este género tan cautivante puede ser una aventura que deje aprendizajes y emociones que nos sirvan para transitar de manera más rica y colorida nuestra vida, tanto musical como personal. Al menos a mí me produjo algo así. Y la intención de este relato es eso: que al lector curioso le deje algo para pensar, sentir, o convertir en música si se trata de un músico o aportar algo a su sensibilidad de apreciarla si no lo es. Espero lograrlo. Bienvenidos al tren.

Génesis del Norte y el Sur.
El blues, al menos casi todos los investigadores concuerdan, se consolida para la década de 1890 como una expresión musical del ghetto rural del sur de USA. Entender como surge es repasar, aunque sea brevemente, la historia de esa parte del mundo hasta ese momento, y de ahí seguir el recorrido del blues hasta nuestros días.
El Mayflower arribando a América

Gente como uno.
Puedo dar fe que en la escuela primaria de USA se enseña que los primeros pobladores llegaron a USA provenientes de Inglaterra entre el 11 y 21 de noviembre de 1620 (no hay un registro contemporáneo de la fecha). Eran los peregrinos que a bordo del Mayflower escapaban de la persecución religiosa, ya que 1559 se había impuesto compulsivamente la religión anglicana en todo el reino y los disidentes eran perseguidos. Este pequeño grupo de familias llegó a las cercanías de lo que es hoy la ciudad de Boston, en el extremo noroeste de país para empezar de cero una sociedad con total libertad de fe, autogestionada y cuyos líderes se elegirían democráticamente entre los vecinos. Llegaron demasiado cerca del crudo invierno y no pudieron prepararse para las inclemencias. Ese primer invierno sobrevivieron gracias a la provisión de comida de los nativos y por eso cada año el tercer jueves de noviembre en USA se conmemora este gesto celebrando el día de Acción de Gracias, el feriado más importante del país.  

Sir Walter Raleigh
Somos los piratas
Pero para ser rigurosos, este no fue el primer grupo de ingleses en radicarse en territorio hoy de USA. Sir Walter Raleigh era un acomodado “dandy” de buena cuna y acceso a los mejores colegios de Inglaterra: Soldado, poeta, aventurero, descubrió debilidad por la piratería, a la que se dedicó para la época de 1580, tratando de robar barcos españoles que volvían del nuevo mundo con sus tesoros. No tuve éxito pero fue mimado por la reina Isabel I que le dio lo que sería su pomposa residencia campestre, además de las ya enormes posesiones en Irlanda que recibió como compensación por su papel aplastando una famosa sublevación en Munster producida entre 1579 y 1583.  Recibió en 1584 una licencia real para establecerse en el nuevo mundo y explotarlo comercialmente, en un intento de cortar el avance español por esas tierras. Así se estableció en la región de Virginia en 1585, 35 años antes que las buenas familias de Massachussets. Este emprendimiento, mucho más parecido a las aventuras españolas que conocemos bien, no tiene el glamour del duro trabajo a que se sometieron las familias peregrinas del norte. Abriéndose camino a sangre y fuego, empezaron en Virginia la explotación del tabaco y su contrabando a Europa, monopolio que había conseguido España en tratados con los otros países del viejo mundo. Tampoco la tuvo fácil, pero era otro clima, contaba con soldados, armamento y barcos y a pesar de las penurias iniciales, la colonia empezó la producción de tabaco y su envío a Inglaterra. De esta época negada en los libros escolares, hoy un episodio se hizo popular, y es la leyenda de Pocahontas, que no es motivo de nuestra historia, pero vale mencionarla.
Anuncio de Venta de
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La dificultad de hacerse de mano de obra para las ya rentables plantaciones hizo que se importaran “trabajadores africanos” por primera vez en 1619. Como podemos sospechar, estos trabajadores fueron tratados como esclavos. No solo lo trataban como esclavos, sino que además, los emprendedores los declaraban como empleados registrados y se robaban el dinero de los supuestos sueldos haciéndolos pasar por gastos para defraudar a los accionistas ingleses copropietarios de las plantaciones. Luego en 1654 se regularía y legalizaría la tenencia de esclavos para terminar con estos escándalos. Por escándalo me refiero a que le roben a los accionistas, ya que poseer esclavos no sería considerado escandaloso hasta varios siglos después.




Dos Mundos Irreconciliables
Universidad de Harvard en el Siglo XVII
En estos dos episodios iniciáticos de la colonización de los Estados Unidos ya se aprecia una diferencia radical en los conceptos de trabajo y la producción que se desarrollarían en las regiones Norte y Sur del futuro país. A tal punto era el quiebre que terminó desembocando en una larga y sangrienta guerra civil que sacudiría toda la idiosincrasia y los cimientos mismos del país y cuyas secuelas aun hoy persisten.


Casa del dueño de una plantación
El norte se irá convirtiendo en una tierra de pequeños agricultores, comerciantes y artesanos que irán formando un mercado interno dinámico. En las cercanías de este primer emplazamiento, y a solo 16 años de arribado estos peregrinos ya se fundaba la Universidad de Harvard, hasta el día de hoy la más prestigiosa de Estados Unidos. La pequeña colonia ya tenía para entonces 17000 habitantes, un gobierno organizado y una corte de justicia de lo que se llamaba “Massachussets Bay Colony” o Colonia de la Bahía de Massachussets, hoy los alrededores de Boston, capital del estado de aquel nombre. Para el siglo XIX ya la región norte estaría gozando todos los adelantos de la revolución industrial con una población tanto rural como urbana participando activamente de la economía.
Familias esclavas cosechando algodón
El sur iría tomando en escala el modelo original de Virginia. Grandes plantaciones en manos de una oligarquía elitista y dueña de esclavos para la explotación de los campos de tabaco, algodón y caña de azúcar, entre otros. Y casi toda tarea cotidiana que requiera esfuerzo manual. Dueños que llevaban una vida de opulencia y placeres. Esclavos sin derechos, sin capacidad de consumo y sin lo más elemental de todo ser humano: su libertad.      

El viaje   
El comercio de esclavos estaba a cargo de emprendedores privados. El primer cargamento mencionado de 1619 llegó en un barco holandés, pero los había de varias nacionalidades. Estos emprendedores se armaban de un ejército privado, invadían ilegalmente zonas costeras de África y secuestraban a hombres, mujeres y niños, los subían a barcos encadenados y los transportaban por largos meses hasta llegar a destino donde se los vendía. En el trayecto morían en promedio la mitad de la carga, personas, familias. Una estrategia de algunos comerciantes de esclavos era obligarlos a cantar durante el trayecto, para mantenerlos con ánimo y así perder menos de la preciosa carga. Esta imagen no es difícil de reconstruir en nuestras mentes: hombres blancos con látigos obligando a negros encadenados a cantar. Pero solo se puede insinuar el tipo de lamento y profundidad de semejante música. Desgarro, terror, impotencia, enfermedad, oscuridad, hacinamiento, hambre, incertidumbre, obligado a salir de esas gargantas en forma de canto. ¿Qué marco musical nos podemos imaginar para semejante viaje y ejecutado por las propias víctimas en esas condiciones?

La maravilla que hoy sabemos contiene la música nativa africana fue trasladada en ese contexto compulsivamente al nuevo continente, privada de su libertad, de su alegría, de sus raíces y de su tierra. Sobre este paisaje, sobre este via crucis de cientos de miles de nativos africanos arrancados a la fuerza de su mundo durante más de dos siglos, venía también el ADN que daría forma al Blues. 
Hasta la próxima.

          

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