domingo, 10 de marzo de 2013

AYER FUE OCTAVIO

Reflexiones Domingueras:   03-03-2013

Decía que ayer fue Octavio, porque para mí hoy es 3 de marzo, y el 2 de marzo hubiera cumplido 90 años. Se fue hace bastante, pero llevo conmigo una parte importante de él. Esto de leer en la cama, leer mucho, y lo que hago ahora mismo, escribir. No puedo escribir como él, pero puedo escribir, a diferencia de muchos colegas que se absorbieron en sus ingenierías y descuidaron las palabras, con honrosas excepciones. Gracias a mi viejo conocí una parte distinta del mundo y pude vivir mis "días ejemplares" desde una butaca privilegiada de la historia. Me gusta el término "días ejemplares" y en otra nota podremos hablar en detalle de lo que significa para mí. Lo saqué del título que le puso en castellano al único libro en prosa que escribió el gran Walt Whitman, que se lamaba "Specimen Days". Una importante editorial contrató a Octavio para que lo tradujera al castellano. De vez en cuando agarro uno de los tantos libros que escribió y lo leo, en algunos casos releo. Aunque sea de una especialidad que me es generalmente ajena, lo disfruto y lo entiendo. Sabiendo que son palabras elegidas por él, me puedo imaginar exactamente como hacerlas sonar en mi mente, con su voz, con su dicción perfecta. Y también lo tengo en audio, su modulación gardeliana, su guitarra y esporádicamente algún amigo acompañando. Hasta yo aparezco en un par de temas. El viejo se dio maña para trascender y a pesar de lo años que lleva ausente de cuerpo, está más presente que nunca. Elijo con más cuidado cuando escucharlo, porque todavía emociona si me pilla con la guardia baja. Pero leerlo es más inofensivo y permite un aprendizaje muy lindo. Didáctico hasta en las anécdotas.
Su capacidad de lectura era apabullante. No duraba más de 72 horas un mismo libro en su mesa de luz. Y si yo lo tomaba después podía ver infinidad de anotaciones al margen, subrayados y tachones a lo largo de las páginas. Analizaba con igual rigurosidad a una docena de poetas rusos como a su gran amigo y paisano Bernardo Canal Feijoó. Los hispanoamericanos eran su fuerte pero conocía soberbiamente la literatura universal, "desde Homero hasta Jorge Asís" como bromeaba, satirizando un espectro imposible que pretendían abarcar en ciertas cátedras de su querida y demasiado ingrata "Facultad". Se atrevió a escribir un libro para enseñar Inglés a gente que habla castellano. Las explicaciones estaban "en castellano" ya que era el idioma que dominaban los destinatarios del libro, algo completamente "blasfemo" para nuestros tradicionales "profesores de inglés" y que les producía un inexplicable escozor. Y me encantaba saberlo.
Acompañó a Borges con su guitarra y gracias a su inserción en diversos medios pude conocer y tratar a gigantes de la literatura y la música, como Ana María Matute, Miguel Angel Estrella, Hugo Díaz y tantos más.
Pude darle algunas tibias satisfacciones, creo. Mejores motivos para su orgullo demoraron demasiado en llegar. Me hubiera encantado oír sus opiniones sobre mis escritos recientes. Sus críticas y consejos me hubieron permitido un crecimiento que no puedo lograr solo. Pero noto su impronta, su influencia al escribir. Ser claro, entendible, tratar lo complejo con palabras simples, evitar la grandilocuencia y el vocabulario elitista y académico son elementos suyos que pude incorporar a mis limitados recursos.
Lejos de ser algo que uno arrastra, esta parte central de mi historia me aligeró la marcha, me dio mejores herramientas para pelearle a la vida y me dejó apuntando en la dirección correcta cuando llegó el momento de seguir solo. Me hubiera gustado tenerlo más cerca cuando lo tuve, pero es un orgullo y un gusto que me pude dar ser su hijo. Gracias papá.

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