Luis Octavio Corvalán
Septiembre de 2012
Prólogo
Esto
es por lejos lo más difícil que me propuse escribir. Principalmente por tener
que enfrentar lo que los comunicadores llaman “sentido común”. Expresado como
una construcción cultural y no un hecho objetivo. El sentido común se ha
construido, elaborado, establecido en nuestro medio por costumbre, tradición,
pero más que nada por autoría de un grupo o grupos influyentes que establecen
para el resto de la comunidad valores, creencias y comportamientos justamente
“establecidos”.
Yo
me crié en un medio predominantemente católico apostólico y romano. Plantearme
frente a eso con una visión alternativa fue un hecho traumático en mi vida y de
hecho lo hice como una introspección, evitando hacerlo público para no ofender
o para que no me juzguen. Por el contrario, las personas de mi entorno y los
dirigentes y opinadores que se consideran poseedores de este sentido común,
nunca dejaron de expresar sus ideas, sus ritos y sus decisiones contemplando
sus creencias sin ningún tipo de complejos ni recados, e incluso imponiéndolas
al resto.
Pasaron
décadas hasta que decidí expresar por escrito las conclusiones que pude extraer
de mis creencias inculcadas desde la cuna, virtual “sistema operativo” con que
arribamos a nuestra vida consciente, y las razones profundas y meditadas que me
alejaron de aquellas y me trajeron hoy a este lugar en que me encuentro, en paz
y a gusto.
Si
bien es algo personal y no busco repercusiones ni mucho menos masividad,
necesito dejarlo al menos al alcance de curiosos y allegados, como una manera
de aportar al libre pensamiento, a la tolerancia y la convivencia. Y para
los amigos que me quieren, una manera de conocer, entender y probablemente valorar
mis convicciones.
Capítulo I
El Sistema Operativo.
Hace
pocos años, la BBC de Londres llamó a concurso para elegir una fotografía que
resuma el espíritu de las fiestas de fin de año y usarla como la foto oficial
del medio para la
ocasión. Fue elegida ganadora una imagen de un pesebre con la
natividad y dando un lugar preponderante en la imagen a los tres reyes magos,
compuestas por tres chicos de 4 años, un cristiano, un musulmán y un judío.
Esto, a criterio de la BBC era un mensaje de tolerancia, integración y paz que
merecía ser destacado.
No
discutiré la validez de dicho mensaje, pero me interesa plantear una situación
paralela y preguntarle al lector como le suena a su “sentido común”.
Imaginemos
la misma situación, pero digamos que se eligieron 3 chicos de 4 años: un
librecambista, un existencialista y un socialdemócrata. ¿Cómo nos suena eso al
oído? Todos responderán que es un absurdo. ¿Cómo alguien de 4 años puede tener
un conjunto de ideas formadas para definirse en una de esas categorías? Pero nos
resulta de lo más normal y hasta tierno saber que se trata de un cristiano, un
musulmán y un judío.
Es
una tradición milenaria absolutamente aceptada que los padres eduquen e
inculquen desde la cuna misma sus creencias religiosas y su escala de valores.
No es menos complejo el conjunto de ideales, valores e historias que
necesitamos aprender para tener una cabal comprensión de lo que es ser un
cristiano que lo necesario para ser un existencialista o socialdemócrata, por
repetir los ejemplos. Sin embargo un chico de 4 años ya carga con el rótulo.
Una
familia moderna y comprensiva, preocupada por el bienestar y felicidad de su
prole, no tiende a imponer la carrera o profesión que su hijo/a elige, pero no
duda en transmitirle sus creencias religiosas. Tan es esto así en todas la
comunidades, que aún hoy después de siglos y siglos de evolución de las ideas,
las religiones están bastante claramente distribuidas geográficamente por el
mundo. Este conjunto de creencias perduran generación tras generación. Si esto
es positivo o negativo, depende de cada punto de vista. Yo expresaré el mío a
lo largo de estas páginas.
Estoy
abocado en un trabajo paralelo, a analizar frases y conceptos breves que fui
escuchando y recolectando a lo largo de mi vida que tuvieron una influencia en
mi formación y en la consolidación de una manera de ver las cosas y pensar. Una
que se me viene a la mente ahora es “non
progredi est regredi”. Frase obvia que significa “no progresar es
regresar”. Dije obvia, porque no requiere mayor explicación, casi un axioma,
algo que damos por sabido. Todos queremos progresar, evolucionar, alcanzar
cierta tranquilidad en la vida, dejar algo mejor para los hijos. Bueno, quizá
no todos, pero una amplia mayoría, intuyo.
Ahora,
¿cómo conciliamos este aparente “sentido común” compartiendo escenario con un
conjunto de ideas que permanecieron inamovibles durante milenios? Por lo menos
me parece algo forzado.
Imaginemos
que nos comportamos con las ideas religiosas de manera parecida a lo que
hacemos con otros conjuntos de ideas y se las vamos acercando a nuestros hijos
de manera paulatina a medida que sus capacidades de comprensión se van
consolidando. Tratemos de ser sinceros con nosotros mismos y ahora respondamos
a la pregunta: ¿las ideas religiosas hubieran sobrevivido milenios como lo
hicieron? Y la pregunta del millón: ¿eso sería mejor o peor de lo que tenemos
hoy?
Este
planteo muy general lo dejemos en suspenso y pasemos al capítulo siguiente:
Capítulo II:
Una semana muy ocupada.
Aquí
voy a contar mi perspectiva actual, después de madurar en muchos sentidos,
predominantemente el cronológico, sobre las enseñanzas religiosas que me
tocaron en suerte.
Como
dije, nací en un medio católico. Los católicos, muy a su pesar, pertenecen a
una más de las varias religiones judeo-cristianas que existen. Gracias a dos
situaciones imperiales históricas muy importantes, la romana a principios de
nuestra era y la española durante el modernismo, es la más extendida
geográficamente. Pero como todas las demás de su tipo, sus creencias están
resumidas en la Biblia.
Siendo los católicos, probablemente entre los cristianos, los
que menos leen la Biblia, me tomo el atrevimiento aquí de contar un poco la
columna vertebral del relato que sobresale de ella.
Dios
crea al mundo, todas las cosas y por penúltimo, crea al hombre. Lo pone en un
lugar paradisíaco literalmente, le da todas las comodidades, vida eterna, y
cuanto placer se le ocurra salvo uno. Le pone una tentación al alcance de la
mano y una prohibición expresa. Luego, y resalto la palabra, porque
cronológicamente viene después, viéndolo solo en ese paraíso, crea por último a
la mujer.
Lo
cuento de esta manera para resaltar el hecho de que la prohibición, que luego
su violación se convertiría en el pecado original, vino antes de la creación de
la mujer, Eva. O sea, el pecado original no tiene una connotación sexual, como
los monjes medievales nos insistieron en hacernos creer, simplemente porque la
prohibición estaba establecida antes de la aparición de Eva, o sea, antes de
definir los sexos distintos.
Y
entonces ¿cuál era esa prohibición tan importante para Dios que estos chicos
violaron? Para no agregar subjetividades, vamos al Génesis:
“pero del árbol del conocimiento del
bien y del mal no deberás comer, pues si lo haces, ese día con seguridad
morirás”. Gen 2:17
Muchos
lo recordarán, otros ya lo sabían, pero no me extraña que muchos de ustedes estuvieran
en menor o mayor medida convencidos que el pecado original era Adán y Eva
consumiendo el acto sexual expresamente prohibido. No lo es, no está insinuado
metafóricamente, no se puede interpretar así ni con mucha buena voluntad.[1]
Expresado
esto volvamos a las opciones del pobre Adán y su nueva compañera. No violar la
prohibición le garantizaba una vida fácil y eterna en la más completa ignorancia.
Si a mí hoy, me dan la opción de vivir una vida feliz y fácil de mil años o una
vida de 75 años con cierto esfuerzo, pero con la libertad de cultivar mi mente,
evolucionar en las ideas y fundamentalmente poder “…discernir entre el bien y el mal” mi decisión es inmediata, no me
presenta dudas: dame el sufrimiento, el esfuerzo, el dolor, la mortalidad, pero
dame el conocimiento!
El
cerebro humano es algo fascinante. Los propios evolucionistas tienen problemas
en explicar como algo tan complejo y con tanta capacidad vino a parar en un ser
de tan reciente desarrollo que no necesitaba tantas funciones, imaginación y
creatividad para su subsistencia. Una manera de explicarlo lo dan los
programadores de computación. La computadora fue creada como un auxiliar de
cálculo, para cumplir funciones básicamente matemáticas, y de última eso es lo
que hace. Sin embargo, partiendo de esa capacidad logramos hacer maravillas con
ellas que no estaban ni en los más delirantes sueños de sus creadores.
Carl
Sagan hace notar algo muy curioso respecto al pasaje del Génesis que citamos.
El uso que el hombre le dio a su cerebro a partir del acceso al conocimiento,
hizo que éste se desarrollara a tal velocidad, en términos evolutivos, junto
con el tamaño de la cabeza que lo aloja, que no le dio tiempo al resto del
cuerpo a adaptarse al cambio, y consecuencia de eso el parto en el ser humano
es muy doloroso, a diferencia de cualquier otra especie. ya que el espacio
disponible en el esqueleto de la mujer primeriza es demasiado pequeño.
Cuando
leemos en el Génesis el rosario de calamidades que caerán sobre la pareja por
haber cometido el pecado original de comer del árbol del conocimiento vemos
incluida explícitamente la frase dirigida a Eva: “…parirás con dolor”. Notable.
El
llamado “Viejo Testamento” arranca con esta historia y se interna en un
laberinto de relatos históricos, anecdóticos y en particular una serie de leyes
que dan el fundamento filosófico al judaísmo. Por ahora dejemos esto en
suspenso y pasemos a otras creencias.
Capítulo III
Las
tres grandes religiones monoteístas mencionadas cuando contamos lo de los
chicos como Reyes Magos, tienen además del único Dios, algo más en común:
tienen un libro. Y en cada religión el libro contiene además de la historia,
una serie de patrones de conducta, leyes y consejos que los creyentes deben
seguir y que los condicionaron a tal punto que en muchos casos van a la guerra
para imponer esas ideas.
Las
creencias de la Grecia antigua pasaron a convertirse en motivo de estudio
histórico, muy pintoresco y fascinante. Pero hoy nadie se toma en serio sus
personajes como dioses o seres superiores con agenda y directivas para la humanidad. Hay , sin
embargo, una rica mitología con todo tipo de relaciones e historias que
vinculan estos personajes entre sí y con los hombres. En este caso no hay un
libro sagrado o escritura asociado a estos dioses y probablemente más
importante, éstos no imponían o aconsejaban patrones de conducta o estilos de
vida o una serie de leyes a respetar. Eran personajes bastante surtidos, cada
uno con una función más o menos reconocible. Algunos aseguraban buenas
cosechas, otros guiaban a los barcos en mar abierto, otros se encargaban de la
lluvia, protegían ciudades específicas, estimulaban la procreación, la potencia
sexual, proveían entretenimiento, etc. Si uno quería preguntarse por el sentido
de la vida, el rol del hombre en la tierra y otras cosas por el estilo podía
libremente recurrir a otras fuentes. Esto contribuyó a la proliferación de
ilustres pensadores, academias, maestros, escritores y artistas que cimentaron
toda la cultura occidental. Fue la cuna del libre pensamiento. Fue el puntapié
inicial de un desarrollo sostenido en el mundo de las ideas, el arte, la política
y las ciencias que duró muchos siglos. Después podemos analizar, si da el
espacio y el tiempo, los motivos por los cuales gran parte de este desarrollo
se perdió durante un milenio. Simplemente muestro como se puede evolucionar en
el mundo de las ideas cuando no tenés un patrón estático, un libro, al que
debemos adecuarnos independientemente del paso del tiempo.
Capítulo IV
Aquí
retomamos la Biblia.
Vimos como al comienzo de los tiempos la pareja original cometía
el pecado original. Y acordemos, tomando como prueba el propio Génesis, que
este pecado consistió en alimentarse de conocimiento[2].
Dios se pasa muy enojado con el hombre durante, digamos en términos bíblicos,
unos cuatro mil años. Lapso en el cual no dejó de demostrarlo, haciendo caer
sobre la especie, y el pueblo judío en particular, muertes, hambrunas, sequías,
inundaciones, genocidios y otros males. No vamos a entrar en detalles porque no
salimos nunca.
Llegamos
al año cero, pleno apogeo del Imperio Romano, y como todos sabemos, nace Jesús.
Salteamos su infancia y las anécdotas y nos concentremos en el mundo de las
ideas que este personaje fenomenal de la historia nos plantea, ya que en este
libro mi intención es justamente eso, debatir las ideas.
Desde
la perspectiva de valores e ideas, en este caso las mías, debo confesar,
repasemos lo pasado hasta aquí: un Dios todopoderoso crea un mundo, pone en el
al hombre, le da debilidades, libre albedrío y evidentemente curiosidad y lo
inserta en un paraíso donde además de todos los frutos imaginables, en su
centro hay un árbol del conocimiento y una expresa orden de no comer de él.
Pasado lo previsible, Dios se enoja, los expulsa a Adán y Eva del paraíso y le
impone a toda su descendencia la carga y la culpa de ese pecado original,
impidiendo el acceso al cielo y cualquier otro beneficio que eso hubiera traído
aparejado.
A
Dios no se le pasa en cuatro mil años el malestar y básicamente lo que necesita
es castigar. Hay algo flotando en el antiguo testamento constantemente y es la
relación entre pecado y castigo. Solo con el castigo se expía el pecado.
Ahora
vamos al año treinta. Jesús empieza a peregrinar de pueblo en pueblo con un
grupo de seguidores, cuya “mesa chica” son 12 apóstoles elegidos entre pobres
pescadores, campesinos y uno que otro empleado público. Evidentemente es un
conocedor del “Tora”, los 5 libros del Antiguo Testamento donde están
expresadas las Leyes de Moisés, entre otras cosas. Pero paralelamente a
manifestarse fiel al mandamiento, va sutil pero constantemente estirando los
límites en unos casos y expresamente violando leyes en otros.
Es
interesante zambullirse en algunos ejemplos. Durante uno de estos peregrinajes,
sus seguidores atraviesan un campo sembrado y para saciar el hambre van
arrancando los granos, los limpian con sus manos y los comen. Un fariseo que
los mira los acusa de violar la Ley, ya que era sábado (sabbath) y estaba
expresamente prohibido realizar cualquier tarea. Jesús le responde, y de paso
dice a todos los presentes: “el sábado está hecho para el hombre, no el hombre
para el sábado”[3]. En
términos actuales esto equivale a decir que el hombre tiene el derecho de descansar el sábado, no es
una imposición o una obligación no trabajar. Puede sonar a un episodio menor,
pero Jesús acaba de contradecir la interpretación de la ley válida hasta ese
momento.
Otro
ejemplo y uno de mis favoritos, porque exalta lo que quiero transmitir aquí, es
el relato de la mujer adúltera. Dice el evangelio de Juan (el único que lo
menciona) que una mujer, sorprendida en pleno adulterio, es llevada por un
grupo de hombres a Jesús con la intención de matarla mediante la lapidación,
algo expresamente contemplado en la
ley. No faltaban entre el grupo los que querían ver a Jesús,
sabiéndolo bondadoso, violar expresamente la ley, para acusarlo en
consecuencia. Jesús, muy creativamente, logra no hacer cumplir la ley sin tener
que explícitamente violarla. Cuenta la anécdota que Jesús escribía en la arena
con su dedo y no contestaba las consultas de los hombres. Esto se repitió
durante varios minutos mientras los hombres insistían con saber su opinión. Al
final Jesús, sin dejar de escribir, dice su célebre frase: “…aquél que esté libre de pecado arroje la primera piedra”. Los
hombres se miran entre ellos, desconcertados, y lentamente se alejan sin llevar
a cabo la ejecución anhelada. Cuando Jesús queda solo con la mujer, ahí levanta
la vista y le pregunta “¿dónde están los
que te acusan?” A lo obvio, Jesús agrega “entonces Yo no te acuso, ve y no peques más”. Juan 7:53-8:11 [4]
En
este relato se encierra un concepto absolutamente revolucionario: vincula
pecado con arrepentimiento. Aquí hablamos del Hijo de Dios, que está aquí para
sufrir y morir porque Dios Padre solo entiende el pecado vinculado al castigo.
No hay otra manera de sacarse el cepo del pecado original que no sea a través
del castigo. Aquí está Jesús, cuatro mil años después, supuestamente el mismo
Dios pero hecho hombre, que camina el mundo, siente hambre, frío, convive con
la miseria y el sufrimiento humano que nos trae un concepto completamente
humano y contradictorio con el divino, infinitamente superador en su concepción
y espiritualidad: al pecado se expía con arrepentimiento. Esto abre una puerta
a la rectificación, al aprendizaje, a la redención, a la superación y al
crecimiento como persona, como pueblo, como comunidad. Es alinearse con una
idea que tiró Aristóteles 350 años antes “de
los errores se aprende”. No puedo exagerar la profundidad e importancia que
este concepto tiene, transmitido por Jesús en persona, más considerando las
iniquidades que se hicieron en su nombre siglos después.
Capítulo V
La Pena de Muerte
Aquí quiero mencionar un pasaje central de la vida de Jesús que todos los evangelios reflejan, aunque con variaciones importantes. El evangelio de Marcos es el más antiguo según los eruditos y Mateo y Lucas lo usaron de guía para escribir los suyos. El de Marcos refleja un Jesús taciturno y preocupado en todo su proceso de detención, juzgamiento, tortura y muerte. En ese lapso prácticamente no pronuncia palabra, recorre el calvario con la cruz en completo silencio, no comenta nada durante su agonía y solo en el momento de morir, levanta la cabeza al cielo y grita con angustia: “Señor, señor, ¿por qué me has abandonado?”
Ya para el evangelio de Lucas hay un cambio de actitud bastante radical. En este relato, en una aparente intención de ubicar a un Jesús en completo dominio de su destino, su actitud ante la misma situación es bastante distinta. Aquí dialoga con el sumo sacerdote, con Poncio Pilato, y en su camino hacia el Gólgota, consuela a una mujer, habla con los soldados que lo clavan a la cruz, dialoga con ambos reos crucificados junto a él, y en el momento de morir dice completamente resignado: “Padre, en tus manos encomiendo mi alma”.
Para mí lega interpretación, la versión de Marcos me parece más verosímil. Para justificar esto quiero mencionar el episodio inmediatamente previo a su detención. Luego de la última cena, Jesús camina hasta el Monte de los Olivos y se aparta de sus apóstoles para rezar. Les ordena que permanezcan despiertos, algo que sus seguidores no logran cumplir, después de una cena cargada de comida y vino. En su rezo, Jesús se llena de angustia y transpira sangre, algo que solo puede indicar un estado muy alterado frente a un destino terrible que se le avecina. En esta situación se dirige a su padre para pedirle con la famosa frase: “Padre, quítame de encima esta pesada carga”.
¿Como me suena esto a mí? Jesús, que se supone es Dios, pero hecho hombre, que ha convivido en la tierra con sus pares, ha pasado escasez, frío, hambre, cansancio, tiene una perspectiva humana que Dios padre no la tuvo nunca. Así como decidió que no había que castigar a la mujer adúltera, y perdonar el pecado de una manera más profunda y espiritual que mediante el castigo físico, le está pidiendo a su padre resolver sus cuitas de otra manera. Seguro que las había, pero solo una persona sensible, verdaderamente misericordiosa y caritativa puede entender esa situación y producir un cambio tan radical, dejar de lado los dogmas, el orgullo, la “todopodrosería” y perdonar a la humanidad evitando la tortura y muerte de su propio hijo.
Sabemos por los evangelios, que Dios padre no contesta a su hijo y deja seguir el camino de las profecías con todo el drama que eso significó para Jesús.
Aquí hay un hijo que acepta el criterio de su padre, aun sabiéndose portador de un mensaje superador, infinitamente más correcto y conceptualmente revolucionario que sentó las bases de una doctrina que se esparciría por el mundo como ninguna otra.
En mí humilde visión de los hechos, Jesús debería haber, en ese momento, roto su vínculo con el padre, consolidar su mensaje revolucionario, y dejar muy en claro que los valores expresados en sus años de enseñanza poco y nada tenían que ver con las historias de violencia, venganza, masacres y berrinches tan populares en el Antiguo Testamento.
Los años y siglos posteriores a la muerte de Jesús nos muestra un relato cada vez más en manos de conservadores y gente vinculada a los poderosos que van adaptando los hechos de manera de suavizar algunos pasajes, conciliándolos con una especie de status quo que nadie quería modificar demasiado. A tal punto que la doctrina central del Catolicismo hoy se basa en las interpretaciones de grandes teólogos antiguos y medievales más que en las propias escrituras.
Hasta aquí lo que quería mencionar respecto del cristianismo y los motivos que me llevaron a alejarme de la Iglesia Católica Apostólica y Romana, en la que fui criado.
Diseccionar cada autor, propuesta, conjunto de ideas e incorporarlas como propias en la medida que conforman mi sentido común o son compatibles con el carácter de mí espíritu, es la tarea más ardua y hermosa que me he propuesto en la vida.
Capítulo VI
Otras Ideas
Como mencioné en el prólogo, uno de los objetivos de poner por escrito estas ideas era trazar un mapa de los caminos recorridos hasta llegar a lo que actualmente tengo como ideas y como ese camino me marcó y terminó forjando en la persona que soy.
De lo expuesto hasta aquí puedo resumir que tomé muchas ideas, conceptos y enseñanzas de los clásicos griegos, en particular su manera de cuestionar la realidad y tratar de entenderla mediante la contemplación, el libre pensamiento, o pensamiento crítico y el diálogo. Sentaron las bases de la filosofía, la física, la medicina, la geometría analítica y tantas disciplinas más. Pude leer varios autores, desde Aristóteles hasta Ptolomeo y es sorprendente lo vigente de muchos de sus planteos.
Cronológicamente el otro gran aporte lo hizo el cristianismo, algo que detallé ya de qué manera y como lo interpreté.
La edad media fue una etapa de la que saqué poco probablemente por ser la que menos conozco, pero objetivamente su producción intelectual fue pobre. Salvo algunos personajes nobles y destacados como el de Carlomagno, que intentó adelantar el renacimiento 700 años pero fracasó por no estar dadas las condiciones, debo confesar que no pude rescatar de este período grandes ideas.
El Renacimiento. La Ilustración.
Otro cantar es lo que ocurre en los últimos 500 años. Aquí, ya a fines del medioevo con el invento de Gütemberg (1453) comienza una lenta pero constante divulgación de ideas y conocimientos. Las universidades en Europa empiezan a darnos intelectuales e investigadores. También aficionados y talentosos independientes van abriendo el abanico de conocimientos que ya no solo no se perderán para la historia sino que permitirán un paulatino y cada vez más acelerado acopio de ideas y conceptos que nos depositan en este vertiginoso presente.
Pero no todo es tan lineal y lubricado como suena. Cada idea nueva, cada propuesta o descubrimiento, va acompañada de gran resistencia al cambio, escepticismo o directamente represión, por amenazar lo establecido hasta ese momento. Desde Copérnico, pasando por Galileo, Newton, los pensadores franceses, Marx, Darwin, Freud, Einstein e infinidad de contemporáneos, cada aporte iba acompañado de su respectiva biblioteca de detractores.
[1] Han sobrevivido muchas versiones del Génesis, pero sobre este verso en particular casi no hay discrepancia y las palabras “árbol” y “conocimiento” son literales. Interpretaciones posteriores, como
[2] No
siendo un experto en la Biblia ni mucho menos, y no conociendo el hebreo
antiguo, me llevo de las interpretaciones de varios estudiosos de Princeton que
son a mi entender los que más profundamente han analizado los textos originales
y todos concuerdan en que el término usado en este pasaje del Génesis
corresponde a “knowledge”, o “conocimiento”. En traducciones castellanas se
emplea a veces el término “sabiduría” o incluso el menos feliz “ciencia”.
[3] En una versión literal de
Lucas dice “el hombre es el Señor del sábado…”
[4] Los estudiosos mencionan este pasaje
completo como insertado en el evangelio de Juan, ya que en el manuscrito griego
más antiguo y mejor conservado no figura. Su estilo y vocabulario es muy
distinto al resto del Evangelio. Pero aparentemente era una anécdota muy
difundida entre los primeros cristianos y muy probablemente reflejaba un hecho
real en la vida de Jesús. Fue agregada al evangelio de Juan en alguna de las
transcripciones al latín en el segundo siglo. Entre las versiones que
sobrevivieron hasta nuestros días, hay una muy interesante que dice que Jesús
estaba escribiendo en la arena los pecados de cada uno de los hombres
presentes, razón por la cual tan pacíficamente desistieron de su cometido.
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