martes, 25 de septiembre de 2012

Desarmando el pasado para construir un futuro.


Luis Octavio Corvalán
Septiembre de 2012

Prólogo

Esto es por lejos lo más difícil que me propuse escribir. Principalmente por tener que enfrentar lo que los comunicadores llaman “sentido común”. Expresado como una construcción cultural y no un hecho objetivo. El sentido común se ha construido, elaborado, establecido en nuestro medio por costumbre, tradición, pero más que nada por autoría de un grupo o grupos influyentes que establecen para el resto de la comunidad valores, creencias y comportamientos justamente “establecidos”.
Yo me crié en un medio predominantemente católico apostólico y romano. Plantearme frente a eso con una visión alternativa fue un hecho traumático en mi vida y de hecho lo hice como una introspección, evitando hacerlo público para no ofender o para que no me juzguen. Por el contrario, las personas de mi entorno y los dirigentes y opinadores que se consideran poseedores de este sentido común, nunca dejaron de expresar sus ideas, sus ritos y sus decisiones contemplando sus creencias sin ningún tipo de complejos ni recados, e incluso imponiéndolas al resto.
Pasaron décadas hasta que decidí expresar por escrito las conclusiones que pude extraer de mis creencias inculcadas desde la cuna, virtual “sistema operativo” con que arribamos a nuestra vida consciente, y las razones profundas y meditadas que me alejaron de aquellas y me trajeron hoy a este lugar en que me encuentro, en paz y a gusto.  
Si bien es algo personal y no busco repercusiones ni mucho menos masividad, necesito dejarlo al menos al alcance de curiosos y allegados, como una manera de aportar al libre pensamiento, a la tolerancia y la convivencia. Y para los amigos que me quieren, una manera de conocer, entender y probablemente valorar mis convicciones.

Capítulo I

El Sistema Operativo.

Hace pocos años, la BBC de Londres llamó a concurso para elegir una fotografía que resuma el espíritu de las fiestas de fin de año y usarla como la foto oficial del medio para la ocasión. Fue elegida ganadora una imagen de un pesebre con la natividad y dando un lugar preponderante en la imagen a los tres reyes magos, compuestas por tres chicos de 4 años, un cristiano, un musulmán y un judío. Esto, a criterio de la BBC era un mensaje de tolerancia, integración y paz que merecía ser destacado.
No discutiré la validez de dicho mensaje, pero me interesa plantear una situación paralela y preguntarle al lector como le suena a su “sentido común”.
Imaginemos la misma situación, pero digamos que se eligieron 3 chicos de 4 años: un librecambista, un existencialista y un socialdemócrata. ¿Cómo nos suena eso al oído? Todos responderán que es un absurdo. ¿Cómo alguien de 4 años puede tener un conjunto de ideas formadas para definirse en una de esas categorías? Pero nos resulta de lo más normal y hasta tierno saber que se trata de un cristiano, un musulmán y un judío.  
Es una tradición milenaria absolutamente aceptada que los padres eduquen e inculquen desde la cuna misma sus creencias religiosas y su escala de valores. No es menos complejo el conjunto de ideales, valores e historias que necesitamos aprender para tener una cabal comprensión de lo que es ser un cristiano que lo necesario para ser un existencialista o socialdemócrata, por repetir los ejemplos. Sin embargo un chico de 4 años ya carga con el rótulo.
Una familia moderna y comprensiva, preocupada por el bienestar y felicidad de su prole, no tiende a imponer la carrera o profesión que su hijo/a elige, pero no duda en transmitirle sus creencias religiosas. Tan es esto así en todas la comunidades, que aún hoy después de siglos y siglos de evolución de las ideas, las religiones están bastante claramente distribuidas geográficamente por el mundo. Este conjunto de creencias perduran generación tras generación. Si esto es positivo o negativo, depende de cada punto de vista. Yo expresaré el mío a lo largo de estas páginas.

Estoy abocado en un trabajo paralelo, a analizar frases y conceptos breves que fui escuchando y recolectando a lo largo de mi vida que tuvieron una influencia en mi formación y en la consolidación de una manera de ver las cosas y pensar. Una que se me viene a la mente ahora es “non progredi est regredi”. Frase obvia que significa “no progresar es regresar”. Dije obvia, porque no requiere mayor explicación, casi un axioma, algo que damos por sabido. Todos queremos progresar, evolucionar, alcanzar cierta tranquilidad en la vida, dejar algo mejor para los hijos. Bueno, quizá no todos, pero una amplia mayoría, intuyo.
Ahora, ¿cómo conciliamos este aparente “sentido común” compartiendo escenario con un conjunto de ideas que permanecieron inamovibles durante milenios? Por lo menos me parece algo forzado.
Imaginemos que nos comportamos con las ideas religiosas de manera parecida a lo que hacemos con otros conjuntos de ideas y se las vamos acercando a nuestros hijos de manera paulatina a medida que sus capacidades de comprensión se van consolidando. Tratemos de ser sinceros con nosotros mismos y ahora respondamos a la pregunta: ¿las ideas religiosas hubieran sobrevivido milenios como lo hicieron? Y la pregunta del millón: ¿eso sería mejor o peor de lo que tenemos hoy?
Este planteo muy general lo dejemos en suspenso y pasemos al capítulo siguiente:
  
Capítulo II:

Una semana muy ocupada.

Aquí voy a contar mi perspectiva actual, después de madurar en muchos sentidos, predominantemente el cronológico, sobre las enseñanzas religiosas que me tocaron en suerte.
Como dije, nací en un medio católico. Los católicos, muy a su pesar, pertenecen a una más de las varias religiones judeo-cristianas que existen. Gracias a dos situaciones imperiales históricas muy importantes, la romana a principios de nuestra era y la española durante el modernismo, es la más extendida geográficamente. Pero como todas las demás de su tipo, sus creencias están resumidas en la Biblia. Siendo los católicos, probablemente entre los cristianos, los que menos leen la Biblia, me tomo el atrevimiento aquí de contar un poco la columna vertebral del relato que sobresale de ella.
Dios crea al mundo, todas las cosas y por penúltimo, crea al hombre. Lo pone en un lugar paradisíaco literalmente, le da todas las comodidades, vida eterna, y cuanto placer se le ocurra salvo uno. Le pone una tentación al alcance de la mano y una prohibición expresa. Luego, y resalto la palabra, porque cronológicamente viene después, viéndolo solo en ese paraíso, crea por último a la mujer.
Lo cuento de esta manera para resaltar el hecho de que la prohibición, que luego su violación se convertiría en el pecado original, vino antes de la creación de la mujer, Eva. O sea, el pecado original no tiene una connotación sexual, como los monjes medievales nos insistieron en hacernos creer, simplemente porque la prohibición estaba establecida antes de la aparición de Eva, o sea, antes de definir los sexos distintos.    
Y entonces ¿cuál era esa prohibición tan importante para Dios que estos chicos violaron? Para no agregar subjetividades, vamos al Génesis:
“pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no deberás comer, pues si lo haces, ese día con seguridad morirás”. Gen 2:17
Muchos lo recordarán, otros ya lo sabían, pero no me extraña que muchos de ustedes estuvieran en menor o mayor medida convencidos que el pecado original era Adán y Eva consumiendo el acto sexual expresamente prohibido. No lo es, no está insinuado metafóricamente, no se puede interpretar así ni con mucha buena voluntad.[1]
Expresado esto volvamos a las opciones del pobre Adán y su nueva compañera. No violar la prohibición le garantizaba una vida  fácil y eterna en la más completa ignorancia. Si a mí hoy, me dan la opción de vivir una vida feliz y fácil de mil años o una vida de 75 años con cierto esfuerzo, pero con la libertad de cultivar mi mente, evolucionar en las ideas y fundamentalmente poder “…discernir entre el bien y el mal” mi decisión es inmediata, no me presenta dudas: dame el sufrimiento, el esfuerzo, el dolor, la mortalidad, pero dame el conocimiento!
El cerebro humano es algo fascinante. Los propios evolucionistas tienen problemas en explicar como algo tan complejo y con tanta capacidad vino a parar en un ser de tan reciente desarrollo que no necesitaba tantas funciones, imaginación y creatividad para su subsistencia. Una manera de explicarlo lo dan los programadores de computación. La computadora fue creada como un auxiliar de cálculo, para cumplir funciones básicamente matemáticas, y de última eso es lo que hace. Sin embargo, partiendo de esa capacidad logramos hacer maravillas con ellas que no estaban ni en los más delirantes sueños de sus creadores.
Carl Sagan hace notar algo muy curioso respecto al pasaje del Génesis que citamos. El uso que el hombre le dio a su cerebro a partir del acceso al conocimiento, hizo que éste se desarrollara a tal velocidad, en términos evolutivos, junto con el tamaño de la cabeza que lo aloja, que no le dio tiempo al resto del cuerpo a adaptarse al cambio, y consecuencia de eso el parto en el ser humano es muy doloroso, a diferencia de cualquier otra especie. ya que el espacio disponible en el esqueleto de la mujer primeriza es demasiado pequeño.
Cuando leemos en el Génesis el rosario de calamidades que caerán sobre la pareja por haber cometido el pecado original de comer del árbol del conocimiento vemos incluida explícitamente la frase dirigida a Eva: “…parirás con dolor”. Notable.

El llamado “Viejo Testamento” arranca con esta historia y se interna en un laberinto de relatos históricos, anecdóticos y en particular una serie de leyes que dan el fundamento filosófico al judaísmo. Por ahora dejemos esto en suspenso y pasemos a otras creencias.


Capítulo III

La Grecia Clásica:

Las tres grandes religiones monoteístas mencionadas cuando contamos lo de los chicos como Reyes Magos, tienen además del único Dios, algo más en común: tienen un libro. Y en cada religión el libro contiene además de la historia, una serie de patrones de conducta, leyes y consejos que los creyentes deben seguir y que los condicionaron a tal punto que en muchos casos van a la guerra para imponer esas ideas.  
Las creencias de la Grecia antigua pasaron a convertirse en motivo de estudio histórico, muy pintoresco y fascinante. Pero hoy nadie se toma en serio sus personajes como dioses o seres superiores con agenda y directivas para la humanidad. Hay, sin embargo, una rica mitología con todo tipo de relaciones e historias que vinculan estos personajes entre sí y con los hombres. En este caso no hay un libro sagrado o escritura asociado a estos dioses y probablemente más importante, éstos no imponían o aconsejaban patrones de conducta o estilos de vida o una serie de leyes a respetar. Eran personajes bastante surtidos, cada uno con una función más o menos reconocible. Algunos aseguraban buenas cosechas, otros guiaban a los barcos en mar abierto, otros se encargaban de la lluvia, protegían ciudades específicas, estimulaban la procreación, la potencia sexual, proveían entretenimiento, etc. Si uno quería preguntarse por el sentido de la vida, el rol del hombre en la tierra y otras cosas por el estilo podía libremente recurrir a otras fuentes. Esto contribuyó a la proliferación de ilustres pensadores, academias, maestros, escritores y artistas que cimentaron toda la cultura occidental. Fue la cuna del libre pensamiento. Fue el puntapié inicial de un desarrollo sostenido en el mundo de las ideas, el arte, la política y las ciencias que duró muchos siglos. Después podemos analizar, si da el espacio y el tiempo, los motivos por los cuales gran parte de este desarrollo se perdió durante un milenio. Simplemente muestro como se puede evolucionar en el mundo de las ideas cuando no tenés un patrón estático, un libro, al que debemos adecuarnos independientemente del paso del tiempo.


Capítulo IV

La Revolución Inconclusa:

Aquí retomamos la Biblia. Vimos como al comienzo de los tiempos la pareja original cometía el pecado original. Y acordemos, tomando como prueba el propio Génesis, que este pecado consistió en alimentarse de conocimiento[2]. Dios se pasa muy enojado con el hombre durante, digamos en términos bíblicos, unos cuatro mil años. Lapso en el cual no dejó de demostrarlo, haciendo caer sobre la especie, y el pueblo judío en particular, muertes, hambrunas, sequías, inundaciones, genocidios y otros males. No vamos a entrar en detalles porque no salimos nunca.
Llegamos al año cero, pleno apogeo del Imperio Romano, y como todos sabemos, nace Jesús. Salteamos su infancia y las anécdotas y nos concentremos en el mundo de las ideas que este personaje fenomenal de la historia nos plantea, ya que en este libro mi intención es justamente eso, debatir las ideas.
Desde la perspectiva de valores e ideas, en este caso las mías, debo confesar, repasemos lo pasado hasta aquí: un Dios todopoderoso crea un mundo, pone en el al hombre, le da debilidades, libre albedrío y evidentemente curiosidad y lo inserta en un paraíso donde además de todos los frutos imaginables, en su centro hay un árbol del conocimiento y una expresa orden de no comer de él. Pasado lo previsible, Dios se enoja, los expulsa a Adán y Eva del paraíso y le impone a toda su descendencia la carga y la culpa de ese pecado original, impidiendo el acceso al cielo y cualquier otro beneficio que eso hubiera traído aparejado.
A Dios no se le pasa en cuatro mil años el malestar y básicamente lo que necesita es castigar. Hay algo flotando en el antiguo testamento constantemente y es la relación entre pecado y castigo. Solo con el castigo se expía el pecado.
Ahora vamos al año treinta. Jesús empieza a peregrinar de pueblo en pueblo con un grupo de seguidores, cuya “mesa chica” son 12 apóstoles elegidos entre pobres pescadores, campesinos y uno que otro empleado público. Evidentemente es un conocedor del “Tora”, los 5 libros del Antiguo Testamento donde están expresadas las Leyes de Moisés, entre otras cosas. Pero paralelamente a manifestarse fiel al mandamiento, va sutil pero constantemente estirando los límites en unos casos y expresamente violando leyes en otros.
Es interesante zambullirse en algunos ejemplos. Durante uno de estos peregrinajes, sus seguidores atraviesan un campo sembrado y para saciar el hambre van arrancando los granos, los limpian con sus manos y los comen. Un fariseo que los mira los acusa de violar la Ley, ya que era sábado (sabbath) y estaba expresamente prohibido realizar cualquier tarea. Jesús le responde, y de paso dice a todos los presentes: “el sábado está hecho para el hombre, no el hombre para el sábado”[3]. En términos actuales esto equivale a decir que el hombre tiene el derecho de descansar el sábado, no es una imposición o una obligación no trabajar. Puede sonar a un episodio menor, pero Jesús acaba de contradecir la interpretación de la ley válida hasta ese momento.
Otro ejemplo y uno de mis favoritos, porque exalta lo que quiero transmitir aquí, es el relato de la mujer adúltera. Dice el evangelio de Juan (el único que lo menciona) que una mujer, sorprendida en pleno adulterio, es llevada por un grupo de hombres a Jesús con la intención de matarla mediante la lapidación, algo expresamente contemplado en la ley. No faltaban entre el grupo los que querían ver a Jesús, sabiéndolo bondadoso, violar expresamente la ley, para acusarlo en consecuencia. Jesús, muy creativamente, logra no hacer cumplir la ley sin tener que explícitamente violarla. Cuenta la anécdota que Jesús escribía en la arena con su dedo y no contestaba las consultas de los hombres. Esto se repitió durante varios minutos mientras los hombres insistían con saber su opinión. Al final Jesús, sin dejar de escribir, dice su célebre frase: “…aquél que esté libre de pecado arroje la primera piedra”. Los hombres se miran entre ellos, desconcertados, y lentamente se alejan sin llevar a cabo la ejecución anhelada. Cuando Jesús queda solo con la mujer, ahí levanta la vista y le pregunta “¿dónde están los que te acusan?” A lo obvio, Jesús agrega “entonces Yo no te acuso, ve y no peques más”. Juan 7:53-8:11 [4]
En este relato se encierra un concepto absolutamente revolucionario: vincula pecado con arrepentimiento. Aquí hablamos del Hijo de Dios, que está aquí para sufrir y morir porque Dios Padre solo entiende el pecado vinculado al castigo. No hay otra manera de sacarse el cepo del pecado original que no sea a través del castigo. Aquí está Jesús, cuatro mil años después, supuestamente el mismo Dios pero hecho hombre, que camina el mundo, siente hambre, frío, convive con la miseria y el sufrimiento humano que nos trae un concepto completamente humano y contradictorio con el divino, infinitamente superador en su concepción y espiritualidad: al pecado se expía con arrepentimiento. Esto abre una puerta a la rectificación, al aprendizaje, a la redención, a la superación y al crecimiento como persona, como pueblo, como comunidad. Es alinearse con una idea que tiró Aristóteles 350 años antes “de los errores se aprende”. No puedo exagerar la profundidad e importancia que este concepto tiene, transmitido por Jesús en persona, más considerando las iniquidades que se hicieron en su nombre siglos después.


Capítulo V

La Pena de Muerte

Aquí quiero mencionar un pasaje central de la vida de Jesús que todos los evangelios reflejan, aunque con variaciones importantes. El evangelio de Marcos es el más antiguo según los eruditos y Mateo y Lucas lo usaron de guía para escribir los suyos. El de Marcos refleja un Jesús taciturno y preocupado en todo su proceso de detención, juzgamiento, tortura y muerte. En ese lapso prácticamente no pronuncia palabra, recorre el calvario con la cruz en completo silencio, no comenta nada durante su agonía y solo en el momento de morir, levanta la cabeza al cielo y grita con angustia:  “Señor, señor, ¿por qué me has abandonado?”
Ya para el evangelio de Lucas hay un cambio de actitud bastante radical. En este relato, en una aparente intención de ubicar a un Jesús en completo dominio de su destino, su actitud ante la misma situación es bastante distinta. Aquí dialoga con el sumo sacerdote, con Poncio Pilato, y en su camino hacia el Gólgota, consuela a una mujer, habla con los soldados que lo clavan a la cruz, dialoga con ambos reos crucificados junto a él, y en el momento de morir dice completamente resignado: “Padre, en tus manos encomiendo mi alma”.
Para mí lega interpretación, la versión de Marcos me parece más verosímil. Para justificar esto quiero mencionar el episodio inmediatamente previo a su detención. Luego de la última cena, Jesús camina hasta el Monte de los Olivos y se aparta de sus apóstoles para rezar. Les ordena que permanezcan despiertos, algo que sus seguidores no logran cumplir, después de una cena cargada de comida y vino. En su rezo, Jesús se llena de angustia y transpira sangre, algo que solo puede indicar un estado muy alterado frente a un destino terrible que se le avecina. En esta situación se dirige a su padre para pedirle con la famosa frase: “Padre, quítame de encima esta pesada carga”.
¿Como me suena esto a mí? Jesús, que se supone es Dios, pero hecho hombre, que ha convivido en la tierra con sus pares, ha pasado escasez, frío, hambre, cansancio, tiene una perspectiva humana que Dios padre no la tuvo nunca. Así como decidió que no había que castigar a la mujer adúltera, y perdonar el pecado de una manera más profunda y espiritual que mediante el castigo físico, le está pidiendo a su padre resolver sus cuitas de otra manera. Seguro que las había, pero solo una persona sensible, verdaderamente misericordiosa y caritativa puede entender esa situación y producir un cambio tan radical, dejar de lado los dogmas, el orgullo, la “todopodrosería” y perdonar a la humanidad evitando la tortura y muerte de su propio hijo.
Sabemos por los evangelios, que Dios padre no contesta a su hijo y deja seguir el camino de las profecías con todo el drama que eso significó para Jesús.
Aquí hay un hijo que acepta el criterio de su padre, aun sabiéndose portador de un mensaje superador, infinitamente más correcto y conceptualmente revolucionario que sentó las bases de una doctrina que se esparciría por el mundo como ninguna otra.
En mí humilde visión de los hechos, Jesús debería haber, en ese momento, roto su vínculo con el padre, consolidar su mensaje revolucionario, y dejar muy en claro que los valores expresados en sus años de enseñanza poco y nada tenían que ver con las historias de violencia, venganza, masacres y berrinches tan populares en el Antiguo Testamento.
Los años y siglos posteriores a la muerte de Jesús nos muestra un relato cada vez más en manos de conservadores y gente vinculada a los poderosos que van adaptando los hechos de manera de suavizar algunos pasajes, conciliándolos con una especie de status quo que nadie quería modificar demasiado. A tal punto que la doctrina central del Catolicismo hoy se basa en las interpretaciones de grandes teólogos antiguos y medievales más que en las propias escrituras.
Hasta aquí lo que quería mencionar respecto del cristianismo y los motivos que me llevaron a alejarme de la Iglesia Católica Apostólica y Romana, en la que fui criado. 



Capítulo VI

Otras Ideas

Como mencioné en el prólogo, uno de los objetivos de poner por escrito estas ideas era trazar un mapa de los caminos recorridos hasta llegar a lo que actualmente tengo como ideas y como ese camino me marcó y terminó forjando en la persona que soy.
De lo expuesto hasta aquí puedo resumir que tomé muchas ideas, conceptos y enseñanzas de los clásicos griegos, en particular su manera de cuestionar la realidad y tratar de entenderla mediante la contemplación, el libre pensamiento, o pensamiento crítico y el diálogo. Sentaron las bases de la filosofía, la física, la medicina, la geometría analítica y tantas disciplinas más. Pude leer varios autores, desde Aristóteles hasta Ptolomeo y es sorprendente lo vigente de muchos de sus planteos.
Cronológicamente el otro gran aporte lo hizo el cristianismo, algo que detallé ya de qué manera y como lo interpreté.
La edad media fue una etapa de la que saqué poco probablemente por ser la que menos conozco, pero objetivamente su producción intelectual fue pobre. Salvo algunos personajes nobles y destacados como el de Carlomagno, que intentó adelantar el renacimiento 700 años pero fracasó por no estar dadas las condiciones, debo confesar que no pude rescatar de este período grandes ideas.

El Renacimiento. La Ilustración.

Otro cantar es lo que ocurre en los últimos 500 años. Aquí, ya a fines del medioevo con el invento de Gütemberg (1453) comienza una lenta pero constante divulgación de ideas y conocimientos. Las universidades en Europa empiezan a darnos intelectuales e investigadores. También aficionados y talentosos independientes van abriendo el abanico de conocimientos que ya no solo no se perderán para la historia sino que permitirán un paulatino y cada vez más acelerado acopio de ideas y conceptos que nos depositan en este vertiginoso presente.
Pero no todo es tan lineal y lubricado como suena. Cada idea nueva, cada propuesta o descubrimiento, va acompañada de gran resistencia al cambio, escepticismo o directamente represión, por amenazar lo establecido hasta ese momento. Desde Copérnico, pasando por Galileo, Newton, los pensadores franceses, Marx, Darwin, Freud, Einstein e infinidad de contemporáneos, cada aporte iba acompañado de su respectiva biblioteca de detractores.
Diseccionar cada autor, propuesta, conjunto de ideas e incorporarlas como propias en la medida que conforman mi sentido común o son compatibles con el carácter de mí espíritu, es la tarea más ardua y hermosa que me he propuesto en la vida.  

 [1] Han sobrevivido muchas versiones del Génesis, pero sobre este verso en particular casi no hay discrepancia y las palabras “árbol” y “conocimiento” son literales. Interpretaciones posteriores, como la de Agustín en el siglo IV y muchos otros sobre el significado de este pasaje corren por cuenta de ellos. Irineo, obispo de Lyon en el siglo II, establece el concepto de “pecado original” bastante después de la muerte de Jesús, tomando como base un particular pasaje de Pablo en Romanos 5:12-21 que luego se incorporaría al Nuevo Testamento. No está en la tradición judía y la espera del Mesías en esa época no estaba vinculada a las travesuras de Adán y Eva.
[2] No siendo un experto en la Biblia ni mucho menos, y no conociendo el hebreo antiguo, me llevo de las interpretaciones de varios estudiosos de Princeton que son a mi entender los que más profundamente han analizado los textos originales y todos concuerdan en que el término usado en este pasaje del Génesis corresponde a “knowledge”, o “conocimiento”. En traducciones castellanas se emplea a veces el término “sabiduría” o incluso el menos feliz “ciencia”.
[3] En una versión literal de Lucas dice “el hombre es el Señor del sábado…”
[4] Los estudiosos mencionan este pasaje completo como insertado en el evangelio de Juan, ya que en el manuscrito griego más antiguo y mejor conservado no figura. Su estilo y vocabulario es muy distinto al resto del Evangelio. Pero aparentemente era una anécdota muy difundida entre los primeros cristianos y muy probablemente reflejaba un hecho real en la vida de Jesús. Fue agregada al evangelio de Juan en alguna de las transcripciones al latín en el segundo siglo. Entre las versiones que sobrevivieron hasta nuestros días, hay una muy interesante que dice que Jesús estaba escribiendo en la arena los pecados de cada uno de los hombres presentes, razón por la cual tan pacíficamente desistieron de su cometido.  

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